La Iglesia Católica es la voz más profunda que le habla a la conciencia nacional.
Así lo ha sido siempre. El Obispo Pedraza es el primer disidente de la historia que llama la atención a los conquistadores sobre los derechos de los indígenas. Después, muchos otros, entre ellos el más destacado Subirana que, aún ahora, desde su santidad, nos llama la atención para defender a los más preteridos de entre nosotros, los Xicaques de Yoro y Francisco Morazán.
Ahora, más preocupados que nunca, los Obispos de Honduras, comparten sus reflexiones. No disimulan en su último pronunciamiento la pena por la gravedad de la situación. Sus declaraciones son las más coherentes y firmes de los últimos tiempos.
La puntualidad de los temas y las urgencias para evitar la comisión de errores que comprometen la unidad nacional, la paz y la concordia, son indicación de la grave situación que atravesamos. En sus palabras, directas sin ambigüedades y citas innecesarias, nos llaman la atención para que rectifiquemos.
Al gobierno y a todos los hondureños. Porque la situación que atravesamos es muy grave. Estamos al borde de la guerra civil, --aunque ellos no lo dicen en forma expresa--, uno siente las palpitaciones de sus preocupaciones, porque saben que igual que en 1924, las pasiones y el individualismo mas irreductible, amenazan la paz de Honduras.
En primer lugar, nos hablan a todos sobre nuestras responsabilidades en el mantenimiento de la unidad y el respeto en el proceso electoral, en el que no nos enfrentamos enemigos, sino que hermanos que escogemos lo mejor para la construcción del bien común.
Este espíritu, esperamos que lo asuman los miembros de los órganos electorales, porque en sus manos esta que dentro las naturales diferencias, mantengamos el respeto que nos debemos como hijos de Dios.
Al gobierno, le pide que trabaje por la unidad, que sea gerente del bienestar colectivo, no representante de una facción. Y puntualmente le llama la atención a la denuncia del Tratado de Extradición, al que le reconocen méritos, en vista de las debilidades de la justicia hondureña para frenar este terrible mal que corroe nuestra sociedad. Los Obispos, interpretan en este párrafo, el sentimiento nacional y se lo trasladan a la gobernante para que, como católica, lo asuma valientemente.
Además, lamentan los Obispos que no hayamos completado las acciones para instalar la Comisión de Lucha en Contra de la Corrupción, porque además de necesaria, su incumplimiento es una prueba que el gobierno hondureño no funciona y que el sistema público no satisface las aspiraciones populares.
Y les preocupa la obstinación por construir una prisión en las Islas del Cisne, en un lugar que, dicen los líderes del catolicismo hondureño, tienen otra vocación.
Finalmente, los Obispos de la Iglesia de Honduras, lamentan la muerte de Antonio López, profesor, celebrador de la palabra y defensor de la “Casa Común” - el medio ambiente- cuya muerte, dicen, “debe llamarnos a todos a trabajar por la paz, en la certeza de que la ultima palabra nunca la tendrán los que han perdido el sentido de Dios y al respeto de sus hermanos por llenarse los bolsillos con una riqueza que está maldita, regada con sangre inocente”.
Ahora, nos toca responder. Todos tenemos que reflexionar. El odio que ha invadido la vida social, no presagia nada bueno.
Predicar la confrontación, no ha sido nunca útil. Y menospreciar la vida de los demás, creyendo que los que tienen poder, pueden hacer cualquiera cosa con Honduras, constituye un pecado y una arrogancia que algún día Dios castigara. El gobierno por su parte, debe reaccionar y responder humildemente a los Obispos de Honduras.