1) Llamar la atención de nuestro hijo con proyectos de su interés y posibilidades de conseguir metas a corto plazo. 2) Despertar su interés. No plantearle retos inalcanzables. Una cosa es fomentar su afán de superación y otra muy distinta abrumarlo con las responsabilidades.
3) Hacerle pensar para luego actuar. Es buena idea enseñarle a tener claros los conceptos y a conocer sus límites antes de que se ponga manos a la obra.
4) Primero valorar, después premiar. Debemos establecer un amplio abanico de valores que después premiaremos, siempre que se hayan cumplido las expectativas. Para determinar cuáles pueden ser esos premios, dice Pedro Martínez, podemos seguir estos consejos:
a) Hacer una lista que reúna todas las pequeñas cosas y caprichos que puedan ansiar nuestros hijos y que normalmente no les damos.
b) Escribir otra lista con las aficiones que les gustan y que no llevan a cabo por falta de tiempo o motivación.
c) Una tercera lista con sus alimentos preferidos, comidas especiales, dulces o postres favoritos que no forman parte de su alimentación habitual.
d) Una última listas con aquellos cambios que nos gustaría ver en nuestro hijo y que estimamos necesarios para él. Saber incentivar a nuestros hijos se ha convertido en todo un reto que cobra sentido cuando aprendemos a estimular sus aptitudes, a felicitarlos por lo bueno y dialogar lo malo sin acritud y sobre todo mantener con ellos relaciones familiares armoniosas.