Es lo que contestamos y nos contestan en el clásico saludo; ¿cómo estás? Y decimos saludo porque es que ya ni lo formulamos tanto como una pregunta, ya que no nos detenemos mucho a esperar una respuesta, sino que seguimos con lo que queremos decir, ¿cierto?
A menos que se trate de un mensaje de texto, entonces sí se da el espacio de contestar el ya tan acostumbrado “bien, gracias”. El cual por cierto tiene menos de cierto que decir que Shakira ya ha superado a Piqué.
Y bueno, de todas maneras, ya sabemos gracias a los reportes del Daily News de Inglaterra, que solo en un saludo la gente puede mentir hasta veinte veces, que casi siempre el propósito de estas mentiras es el de no hacer sentir mal al otro y que nadie tiene la intención de exponer su vida y sentimientos en un simple saludo sobre todo si es con alguien con quien no se tiene una pizca de confianza. Eso nos queda claro.
Y sin embargo, pruebe usted interesarse un poquito más en ese saludo, si la plática se lleva un tiempo más de lo que se esperaba, verá como su interlocutor no tardará en manifestar lo que de verdad está viviendo y lo que está sintiendo, porque la gente se está reprimiendo mucho, por las razones que sea y necesita hablar, y porque una buena mayoría no se la está pasando bien, y eso es algo muy difícil de disimular, sobre todo cuando se está de manera presencial.
En las redes sociales todo el mundo es quien quisiera ser (y por eso son tan populares y asediadas) en la vida real, las cosas cambian.
En la vida real andamos ansiosos, estresados, mal dormidos, mal alimentados, con el tiempo limitado, sedentarios, aislados emocionalmente, intoxicados de pantalla, abrumados de pensamientos derrotistas, girando entorno a las mismas cosas, tratando de ser fuertes y todo esto en medio de un ambiente que no contribuye para nada a nuestro bienestar.
En su precioso libro “Por qué dormimos”, Mathew Walker, neurocientífico y experto en sueño, nos hace ver con escrupulosa evidencia, que muy probablemente aquello de “mal dormidos” pueda ser la raíz de todos los otros males.
A medida que se avanza en la lectura uno no puede sino sorprenderse de como algo tan sencillo a simple vista como lo son ocho horas de sueño ininterrumpidos todas las noches, pueden ayudarnos a aprender de una forma más eficaz, a mantener la memoria en niveles óptimos, a recalibrar las emociones, tomar decisiones más lógicas, a cuidar el sistema inmune, regular el apetito, el metabolismo, los niveles de energía, el estado de ánimo, los niveles hormonales.
El Dr. Walker nos asegura (con abrumadoras pruebas) que la costumbre de un buen sueño nocturno nos hace más inteligentes, saludables, más atractivos y felices. Todo esto mientras reduce los efectos del envejecimiento, previene el Alzheimer, la diabetes, el cáncer y aumenta por lo tanto, nuestros tan preciados años de vida.