02/04/2026
12:23 AM

2014: CFK

Los gobiernos autoritarios del momento, y en especial su versión continental neoprogresista y populista, han tomado al pie de la letra el modelo que George Orwell definió en su libro “1984”: un régimen totalitario siempre en guerra con un enemigo externo, con simultánea y paralela represión interna ante a la amenaza de conspiraciones varias. (Ver, Hugo Chávez, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega y los fracasados Zelaya y Lugo, más los Kirchner, Néstor y Cristina).

Y parecería que en este vigente “2014” el “modelito” le encanta en demasía, salvo que sea su último manotón de ahogado, a la presidente Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (CFK). A su guerra diaria con el “Grupo Clarín”, que aparentemente es causante o coausante de todos los males argentinos, suma el siempre vigente reclamo contra los “colonizadores” británicos por las Malvinas, a lo que ha añadido la resurrección del conflicto con su pequeño vecino Uruguay, por el tema de las “pasteras” (procesadoras de celulosa) y la contaminación del ambiente.

Por si le faltara algo para distraer a los argentinos está el Mundial de Fútbol (tanto Cristina como Dilma, están jugadas a los pies de Messi y Neymar. Pero CFK, según algunos analistas, agregaría un “golpe de suerte” extra a raíz del dictamen del Juez Thomas Griesa, del distrito de NY, que obliga a la Argentina a pagar a los tenedores de bonos que se negaron a la reestructuración de la deuda, los llamados “holdouts” o “fondos buitres”, según quien los califique, una suma de U$S 1,330 millones. Esto transforma a CFK en la “víctima perfecta”: una especie de Juana de Arco que lucha contra un “juez gringo”, Wall Street y el poder financiero, los tentáculos de la banca, los especuladores voraces, el imperialismo yanqui, el capitalismo salvaje y el neoliberalismo sin lágrimas. Ella solita, contra todos.

Puede que le dé resultado, aunque los argentinos, a los que sin duda les duele su bandera, están un poco desconfiados frente a este tipo de “patriadas”, sobre todo después de la guerra de Las Malvinas a los que los convoco el dictador y borracho, General Leopoldo Galtieri.

El dictamen de Griesa es bastante discutible por cuanto conspira con ciertos presupuestos y fórmulas de coexistencia para situaciones económico-financieras extremas de empresas o países. En realidad, la de CFK es una suerte algo complicada. Y no solo por todos ese enredo de pagos, acreedores diversos y vencimientos. El juez Griesa, además de calificar de no confiable a la presidente CFK, fue enfático al señalar que Argentina en los últimos doce años se ha reído de las sentencias judiciales, por lo que, afirmó: “no quiero que se vuelva a reír de una sentencia judicial”.

Quizás esta especie de “mojada de oreja” haya incidido en la decisión de Griesa, la que, discutible o no, no deja de ser una buena lección para CFK, acostumbrada a reírse a gusto y gana de la justicia: no cumple con sus dictámenes, -caso de la publicidad oficial con la que premia o castiga a la prensa y periodistas- y ataca y hostiliza a jueces y fiscales independientes -directamente o a través de sus grupos de choque, testaferros y voceros-, cuando investigan a los enriquecidos empresarios “amigos“ de su fallecido marido y de la familia Kirchner o a su propio vicepresidente Amado Boudou, denunciado por corrupción, quien adopta pose de Messi cuando va a declarar a los tribunales.