AstraZeneca y Pfizer, ¡salven a Honduras!

Un martes 29 de octubre de 1929 inicia la Gran Depresión o el denominado Martes Negro en los Estados Unidos tras la caída sin precedentes de la bolsa de valores.

Un impacto precedido aún por las ráfagas de viento impulsados por la primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918, que seguía con su espectro aniquilador una década después que para rematar; el Mundo entraba a la previa de la segunda Guerra Mundial que iniciaría en septiembre de 1939, esto terminaba de consumar una contracción de niveles tan dramáticos que hasta ahora no se registraban caídas similares en los últimos 110 años.

Hoy, más allá de los pronósticos trazados en los últimos meses, la enfermedad Covid-19 tiene al Mundo de cabeza ponderando entre salvar vidas o salvar la economía. Al inicio de la pandemia los ultraconservadores intentaron satanizar a la mayoría de los modelos económicos en el Mundo basados en el capitalismo hasta llevarlos al enfrentamiento con la ciencia y los esfuerzos de ésta por evitar un contagio planetario sin retorno.
Este dedo acusador poco a poco ha venido contrayéndose hasta volverse conciliador, pues a estas alturas o se trabaja o nos morimos de hambre, así de real.

Hoy nuestro país ha entrado a la recta final en su primera etapa para evitar una crisis como la enfrentada por otros países allá por 1929, etapa que se concentra en los próximos seis meses, cuando la vacuna contra la Covid-19 comience a administrase a la población hondureña.

Hasta ahora se proyecta que se necesitarán 12 años para la recuperación económica si se actúa desde ya con acciones concretas en ese menester, pues según los empresarios y economistas, las micro, pequeña y mediana empresa, Mipymes, generan el 70% de los empleos en el país, es decir que este sector es la columna vertebral que sostiene la economía nacional.

Ahora bien, por ahora es comprensible que la prioridad sea alimentar a miles de damnificados, es entendible que la prioridad sea habilitar carreteras y por supuesto que es prioridad que se continúe en la búsqueda de apoyo internacional; lo que no es aceptable desde ningún punto de vista es que aún no sea prioridad, y ya conociendo la aprobación de varias vacunas en el Mundo, que autoridades en Honduras no estén replanteando el cronograma para traer la cura antes de abril y mayo.

De esa gestión depende la sobrevivencia de miles de hondureños, a esa gestión se resume la reactivación de las Mipymes y sus economías, de eso depende el freno de las caravanas de migrantes y quien a esta altura aún desestime la migración irregular por tener aparentes tintes políticos, solo estaría aceptando el fracasado en su mínimo esfuerzo por reanimar a un país económicamente moribundo.

Yo no sé sí la burocracia y parsimonia (entendible en tiempos normales) de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, pegajosa y contagiosa para estos modelos sanitarios de gestión en Honduras, estén a la par de la crisis o urgencia que atraviesa un país golpeado por tres fenómenos naturales en apenas nueve meses, un acontecimiento sin precedentes para una nación.

Hasta el viernes anterior el plan de la Secretaría de Salud era que entre abril y mayo Honduras recibiría la vacuna y hasta junio se comenzaría con una aplicación gradual, escenario que cambia drásticamente con la administración del antídoto a partir del lunes en Estados Unidos y Canadá tras su aprobación, entonces es inaceptable que en el país sigamos esperando hasta el segundo semestre de 2021, tomando en cuenta que la vacuna ya es una realidad, ya existe y ya se aplica.

De no ser diligentes y pedir a gritos, si es necesario, una vacuna para la Honduras de las tres plagas (Covid-19, Eta y Iota), pues aquí les dejo este doloroso escenario proyectado por los empresarios tras correr números que solo nos conducen a la dramática caída de al menos un 8 o 10% en la economía tras la pérdida de la capacidad productiva de un 40% luego que dos huracanes arrebataran este 2020 lo que se había cosechado en los últimos 10 años.