Gobierno digital

Muchos pensamos que aquello de que algún día íbamos a realizar actividades sin tener que salir de casa era una opción que tendríamos en el futuro, pero esto se ha hecho realidad en el peor momento, pues en la actual pandemia todos hemos dependido del internet como un bien esencial.

De hecho, antes de la llegada del covid 19 el internet ya se había vuelto un bien esencial para los hondureños, parte de la canasta básica de consumo. Empero, aunque el Gobierno ha anunciado el inicio de un gobierno digital, los tropiezos de esa idea saltan a la vista.

Podríamos solo considerar el problema de los centros educativos públicos, que no han podido comunicarse con sus estudiantes en tiempo de pandemia y, aunque en los parques de las ciudades hay acceso a internet, este está pensado más por recreación que por un interés educativo o cultural. No pasó lo mismo con las escuelas ni con las universidades.

Y esos solo son los retos a nivel educativo, ya que existen factores que no permiten que el Gobierno pueda comunicarse efectivamente a través del internet con la población, menos hablar de un gobierno digital, pues aunque el internet se ha vuelto un bien de consumo esencial, la integración de la mayor parte de la población y el nivel de acceso que se tiene a este lo convierte en sumamente prohibitivo para la gran masa poblacional.

Tan excluyente parece este acceso a la tecnología que, como sucede en lo económico y social, el acceso a internet también ha creado una brecha digital que, lamentablemente, como toda segregación en la sociedad, crea espacios de privilegio para unos pocos y niega sus beneficios a las mayorías, pues aunque se está tratando de integrar a los estudiantes del sistema público a las clases virtuales, en la realidad la mayoría de los estudiantes a lo que más tiene acceso es a un mensaje para informar de una tarea.

El acceso gratis a internet desde los parques de las ciudades sería más productivo si se concentrara en una biblioteca pública o en un centro comunitario, donde se podría aprovechar para la educación y la cultura, no solo para el ocio o el entretenimiento; claro, sabemos que este acceso no responde ni a una planificación adecuada ni a proyectos ambiciosos de acceso donde el Estado arbitre una responsabilidad social compartida con las empresas de tecnología.

La población se está cansando de tener que hacer una fila para pagar al banco, otra fila para tomarse la fotografía y otra fila para hacer el trámite de una licencia. A la pérdida de tiempo, la de combustible y el fastidio general a estos trámites se unen hoy los riesgos por el covid 19, por lo que después de la pandemia quien más presionará por un gobierno digital será el mismo ciudadano. Sin embargo, hablar de un gobierno digital mientras persisten estos desafíos equivale a decir que vamos a viajar a la Luna y no tenemos cohete, así de colosales son los retos que se tienen delante para poder realizar una efectiva comunicación entre el Gobierno y los ciudadanos