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21/05/2022
12:52 AM

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Una 'Don Quijote' marroquí en contra del cemento

La artista está empeñada desde hace más de diez años en salvar las alcazabas marroquíes que se levantan al sur del Atlas, zona montañosa que recorre el noroeste de África

Assa, Marruecos

Se llama Salima Naji y es una arquitecta marroquí empeñada desde hace más de diez años en salvar las alcazabas marroquíes que se levantan al sur del Atlas de los estragos del tiempo y sobre todo del cemento que está invadiendo todos los rincones del país.

Es una especie de Don Quijote, pero sus molinos son el hormigón y el cemento, y esas restauraciones del patrimonio histórico marroquí en un modelo estándar que ella llama despectivamente 'la periferia de Casablanca como referencia de modernidad'.

Cuenta con un blog www.salimanaji.org, es autora de varios libros de arquitectura y tiene distintos premios en su haber, pero sobre todo es una enamorada del adobe y el barro.

Para entender a Salima Naji hay que saber que al sur de toda la cadena del Atlas, casi todos los valles marroquíes vivían recogidos en fortalezas de piedra (para los edificios importantes) o de adobe (para los humildes), material este último de gran eficiencia térmica pero que se erosionaba rápidamente, sobre todo en años de lluvia.

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Son las llamadas alcazabas, altas construcciones amuralladas con una mezquita y un granero colectivo en el centro, alrededor de los cuales, en estrechas callejuelas de arena y barro, se distribuían las casas, con huecos muy altos a modo de ventanas para dejar penetrar la luz necesaria, y con cuadras para el ganado.

La alcazaba más famosa (o 'kasba', como las llaman las guías turísticas) es la de Ait Benhadú, a las afueras de Uarzazate, levantada enteramente en adobe y en la que se han rodado numerosas películas y series, la última de ellas Juego de Tronos.

Como ella, decenas de alcazabas jalonan los valles que bajan del Atlas hacia las llanuras, pero la mayoría están siendo abandonadas por vecinos que prefieren las 'comodidades' de una casa moderna de cemento con cristal en las ventanas. A ser posible con wifi.

'Construir en tierra y adobe es una gran lucha. A mí me costó cinco años convencer a los pobladores de Assa', cuenta a Efe Salima Naji, que ha restaurado algunas de las alcazabas más emblemáticas del país, entre ellas la de Assa, una de las últimas ciudades marroquíes antes del desierto del Sáhara.

Aun siendo una joya, la alcazaba de Assa es uno de los símbolos de las limitaciones de la batalla de Salima Naji: se han preservado dos plazas, la de la mezquita y la de la atalaya, ambas en piedra, además de dos tumbas de santos en el cementerio, pero las calles de la alcazaba son solo una sucesión de ruinas de adobe.

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El polvo y el silencio se han adueñado del lugar, donde ya solo residen 'cinco o seis familias', según reconoce Said Ihchach, heredero de una rica familia propietaria de la plaza de la atalaya y los edificios circundantes restaurados por Naji.

El propio Ihchach, que muestra orgulloso sus dominios restaurados con tanto mimo, baja la cabeza cuando se le pregunta dónde vive: 'Abajo, en la ciudad nueva'. No le falta razón: en la alcazaba ya no hay escuelas para los niños, ni comercios, ni nada que dé vida a sus calles.

La plaza de la atalaya, conocida como Bourj Ihchach, es ahora el lugar de las celebraciones oficiales, donde las autoridades locales agasajan a los invitados con cenas y música, y Said tiene el proyecto de levantar todavía un hotel rural, pero la realidad es que de lunes a viernes nadie transita por sus calles.

¿Será el turismo la salvación de las alcazabas?. Salima Naji se muestra escéptica, y sobre todo se opone al 'turismo de muy ricos en las regiones muy pobres', como según ella está sucediendo en el sur de Túnez y en algunas regiones de Marruecos.

'Yo quiero construir para las gentes, y no para los 'happy few', el verdadero turismo inteligente hay que hacerlo de la mano de los habitantes, hay que tratarles como a iguales', dice.

El problema de Salima Naji es que sus proyectos son de largo alcance: debe encontrar un artesano albañil que domine todavía las técnicas del adobe y tenga las herramientas necesarias, que a su vez forme a su equipo y que convenza a los poderes locales del valor de lo auténtico.

Pero ¿cómo persuadir a los lugareños para que sigan apostando por el barro y la piedra? ¿Será posible algún día hacer que los aldeanos regresen a la alcazaba, ya no como figurantes de Juego de Tronos, sino para dar una nueva vida a su patrimonio?