Bogotá.
La paz de Colombia sufrió su más duro golpe el jueves con el anuncio del que fuera jefe negociador de la guerrilla de las Farc, Luciano Marín, alias “Iván Márquez”, de que vuelve a las armas como cabeza de un grupo de disidentes en respuesta a la “traición del Estado” al acuerdo de La Habana.
Lo hizo en un manifiesto grabado en un video de 32 minutos de duración que en la práctica da al traste con 1,008 días de esperanza transcurridos desde la firma de la paz, el 24 de noviembre de 2016 hasta el 29 de agosto.
Son mil días, como los de la última guerra civil del siglo XIX, que arrasó el país y marcó de forma tan dramática su entrada en el siglo XX que se convirtió en un referencia en la obra del Nobel Gabriel García Márquez.
| 500
líderes y lideresas del movimiento social han sido asesinados, y suman 150 los guerrilleros muertos en medio de la indiferencia y la indolencia del Estado, denunció Márquez.
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Los nuevos vientos de guerra sorprendieron a los colombianos de madrugada porque aunque en la cabeza de la mayoría rondaba el temor a una ruptura, dado el paradero desconocido de Márquez y sus críticas al “error” que en su opinión fue la dejación de armas, definida hoy como un paso “ingenuo” de las Farc, la confirmación fue un balde de agua fría.
La aprensión se justifica si se tiene en cuenta que entre los disidentes están también Seuxis Paucias Hernández, alias “Jesús Santrich”, Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa”, y Henry Castellanos, alias “Romaña”, nombres ampliamente conocidos en la guerrilla que pueden atraer de nuevo a las armas a antiguos rebeldes descontentos con la implementación del acuerdo de paz.
| 64%
es el nivel de rechazo a la gestión del presidente Duque, según un estudio de opinión realizado entre el 16 y 25 de agosto y para el cual fueron consultadas 1,200 personas.
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Hasta ahora las disidencias estaban conformadas por unos 1,800 miembros repartidos en pequeños grupos en distintas regiones del país, bajo las órdenes de mandos medios pero sin una estructura monolítica como la que tuvieron las Farc y sin un jefe de peso, situación que puede empezar a cambiar con el anuncio de Márquez y compañía.
Cuando se firmó la paz, algo más de 7,000 guerrilleros dejaron las armas, a los que se suma un número similar de milicianos (colaboradores en las zonas urbanas) y combatientes que estaban presos, de manera que si la disconformidad con la paz crece la cifra de disidentes también puede aumentar. “Esta insurgencia no se levanta de las cenizas como el ave fénix para seguir operando en las profundidades de la selva remota”, afirmó Márquez en su manifiesto en el que subraya que no tiene como objetivo soldados ni policías “respetuosos de los intereses populares”, sino “esa oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta que cree que puede seguir atrancando la puerta del futuro de un país”.
| Venezuela y Chile actuaron como facilitadores de los acuerdos de paz suscritos con las Farc en 2016; Cuba y Noruega fueron garantes.
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¿Es seria la amenaza? León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación, cree que con Márquez se da paso a la unificación de los disidentes “bajo una nueva guerrilla” que, en coordinación con la del ELN, configuraría un “nuevo fenómeno de violencia”. El ELN saludó el regreso a las armas y ofreció “una trinchera de combate”.
Y aunque el Estado es muy superior en recursos y fuerza militar (265,050 efectivos), nunca ha podido ejercer un control efectivo del territorio ni acabar con el narcotráfico, la inagotable fuente de recursos de la violencia. Aun así este es un problema naciente “que aún se puede controlar” con una respuesta contundente y operativa de la fuerza armada, dice el también experto Ariel Ávila.
| “Proclamar la lucha armada en la Colombia de hoy es una equivocación delirante”: Rodrigo Londoño,
presidente del partido Farc |
El gobierno de Iván Duque ya anunció una “unidad especial” para perseguir a los jefes exguerrilleros y recompensas equivalentes a unos 882,000 dólares por cada uno.
Uno de los primeros resultados es la muerte de nueve guerrilleros que se marginaron del pacto de paz, suceso anunciado el viernes por el presidente Duque.
Según el ministro de Defensa, Guillermo Botero, el ataque se produjo en una zona rural de San Vicente del Caguán.
“Los delincuentes están advertidos: se entregan o serán vencidos”, tuiteó el funcionario.
Entre los muertos está ‘Gildardo Cucho’, cabecilla de la estructura atacada, precisó por su parte Duque en una declaración desde Sincelejo. “Autoricé... adelantar una operación ofensiva contra esta cuadrilla de delincuentes narcoterroristas que son residuales de lo que se conocía como las Farc, y que hacen parte de las estructuras criminales que pretenden desafiar a Colombia”, agregó Duque.
| “Condenamos que abandonen el acuerdo de paz para volver al terrorismo
y la violencia”: Mike Pompeo, secretario de Estado EEUU |
¿Y el acuerdo? Desde el gobierno, la Farc -el partido surgido del acuerdo de 2016- y Naciones Unidas- que supervisa la frágil paz en Colombia- han recalcado que la gran mayoría de los que depusieron las armas están cumpliendo con lo pactado, pese al asesinato de al menos 143 desmovilizados.
Son poco más de 13,000 los exguerrilleros - entre combatientes, presos y colaboradores - en proceso de reincorporación social y económica, y de ellos unos 3,348 - incluidos familiares - permanecen en espacios delimitados. “Seguiremos sin desmayo esa ruta”, anunció la Farc, aun cuando viene de denunciar retrasos e incumplimientos de los acuerdos. Duque también les envió un mensaje a los excombatientes: “Quienes han optado por el camino de la legalidad bajo los principios de verdad, justicia, reparación y no repetición, seguirán contando con el compromiso del Estado”.
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| Impunidad en la desaparición de colombianos en el conflicto Bogotá. Las personas desaparecidas forzosamente en Colombia a causa del conflicto armado pueden superar las 120,000 en medio de un panorama de impunidad que asciende al 99,5 % y sin acciones efectivas del Estado para frenar ese delito, según un informe presentado el jueves.
Así lo denunciaron los autores del libro Cartografía de la desaparición forzada en Colombia, Fidel Mingorance y Erik Arellana Bautista, quienes en 171 páginas desgranan el horror de este delito empleado durante el conflicto armado en más de medio siglo. Arellana afirmó que las 120,000 personas desaparecidas forzosamente que calculan se han dado entre 1958 y 2018 superan en una gran cantidad “a los regímenes totalitarios del Cono Sur”. De acuerdo con el mapa Víctimas de desaparición forzada en América, en Guatemala se han registrado 40,000 desaparecidos, seguido por México (37,435), Argentina (30,002), Nicaragua (10,444) y El Salvador (9,000). A diferencia de estos, los países que menos han sufrido este flagelo en la región son EEUU (39), Ecuador (59), Honduras (184) y Bolivia (190). En Colombia, los autores señalan como los principales victimarios a grupos paramilitares, fuerzas del Estado y la antigua guerrillas de las Farc.
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