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3,000 mil niñas de 12 a 17 años se prostituyen en las calles sampedranas

Un estudio reciente del Ihnfa revela la alarmante situación de la niñez desprotegida.

Los menores adoptan como su hogar las aceras y vías públicas.
Los menores adoptan como su hogar las aceras y vías públicas.

San Pedro Sula, Honduras

En las calles de San Pedro Sula deambulan niños y niñas desprotegidos a su incierta suerte, entre el vicio y la mugre. Unos tienen una casa, a la cual solo llegan por las noches, y, para otros, su “cama” es una fría acera.

Las autoridades han detectado que niños que vagan en las vías son forzados a trabajar e incluso son víctimas de la prostitución infantil. Tres de cada 10 menores en situación de calle son reclutados por las maras para sus actividades ilícitas. Estos datos forman parte de los hallazgos del diagnóstico de la población infantil en situación de calle que maneja el Instituto Hondureño de la Niñez y la Familia (Ihnfa).

Las cifras son alarmantes. En años anteriores no existía una estadística exacta de cuántos menores vagan o viven en las calles de la capital industrial.

Los protectores de la niñez revelaron a LA PRENSA los principales resultados del estudio que hicieron en los últimos cuatro meses para informar de que, en San Pedro Sula, alrededor de 5,000 menores de edad están desprotegidos en las calles. De esta cifra, unas 3,000 niñas de entre 12 y 17 años se prostituyen.

Algunos datos fundamentales del perfil del menor en situación de calle son que el 20% es analfabeta y el 79% presenta deserción escolar, a diferencia del 0.5%, que tiene primaria completa. De acuerdo con el diagnóstico, los niños de la calle provienen de zonas marginadas.

Del sector Rivera Hernández proceden cinco de 10 niños; de Lomas del Carmen, uno de cada tres. Seguido por Chamelecón, Cofradía y áreas de la zona noroccidental, que aportan el 30%. Otros provienen de los bordos.

El 10% de los menores dedicados a deambular y mendigar tienen un hogar para vivir. La mayoría ha sido víctima de abuso sexual. También son obligados a mendigar o limpiar vidrios.

Las cifras indican que no todos están conscientes de sus derechos y cómo están siendo violentados. Un 20% de esa población está en riesgo de integrar las maras. Se determinó que cinco de cada 10 menores están en riesgo de entrar a esos grupos, a un paso de distribuir droga.

El informe revela que el 60% acepta que presta servicios sexuales. René Arita, del Ihnfa, reportó que la explotación económica y sexual infantil también ha crecido a escala nacional, no solo local. Lamenta la poca ayuda que reciben estos menores.

Las niñas que se prostituyen no solo lo hacen en las calles del centro, también en zonas marginales. Este tema se les ha ido de las manos a las autoridades.

Preocupación

Según este perfil, los menores deciden huir de sus casas por maltrato familiar, desinterés de sus padres o al quedar huérfanos.

Uno de los cientos de niños que viven en la calles es Carlos, un huérfano que desde los ocho años de edad huyó de su hogar de una aldea de Olancho por los constantes maltratos de su padre. Un año después de vagar lo ingresaron al Ihnfa. Vivió unos meses allí y escapó.

Ahora de 14 años, habla de los sufrimientos que vive a diario. Carlos es delgado y viste harapos sucios. Su rostro es pálido, con cicatrices, y sus dientes están destruidos. Cuenta que a veces llora porque no tiene a nadie.

Este niño se concentra en las avenidas públicas para ganar un poco de dinero, mientras limpia los parabrisas de los autos en los semáforos. “Ya no recuerdo lo que se siente dormir en un colchón”. No conoce su apellido. Su padre alcohólico lo castigaba con un alambre de púas porque decía que era desobediente. Su madre trabajaba de mesera en un estanco. No le gustaba vivir así y por eso se fue. No tiene ningún interés en cambiar su situación. “Ya me acostumbré aquí”.

En el centro de adicciones Catrachos al Cambio, un profesional de la sicología ayuda a los menores a superar sus crisis.

Dice que la mayoría de los niños de la calle que llegan al centro y reciben terapia no quieren hablar sobre su vida por los traumas que han sufrido. Concuerda en que el denominador común de la mayoría es que provienen de hogares desintegrados o donde hay violencia.

En San Pedro Sula hay 415 menores en centros de rehabilitación, distribuidos en los del Ihnfa, hogares cristianos y de organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, no son suficientes para rescatarlos de las garras de las calles.