10/01/2026
11:34 AM

Su último deseo fue tomar café amargo

Cuando Migdalia ya empezaba a comer sólido y tenía la firme idea de regresar al hospital Mario Catarino Rivas, la muerte la sorprendió.
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Cuando Migdalia ya empezaba a comer sólido y tenía la firme idea de regresar al hospital Mario Catarino Rivas, la muerte la sorprendió.

A las seis de la mañana de ayer inició su agonía y tres horas más tarde expiró debido a una extraña enfermedad.

De su lado nunca se apartó su madre, Sara Leiva. Ella con sus ojos cubiertos de lágrimas relató que los últimos suspiros de su hija fueron los más dolorosos, por ello preferirá recordar aquéllos días hermosos que logró disfrutar gracias a la bondad de miles de hondureños mientras estuvo en el hospital. Doña Sara señala que Migdalia comenzó a sentirse mal tres días antes de su deceso.

Como era una mujer decidida, le pidió a un amigo de la familia que la llevará hasta Colinas a un chequeo con un médico particular.

'La llevamos pero el doctor Arias le recetó vitaminas y unas cremas para las llagas que tenía en la espalda. A ella ya se le hacía dificil tragar y no soportaba estar en la cama. Durante tres días no comió ni bebió líquidos aunque su último deseo fue tomar café amargo'.

Agonía
Tres horas antes de morir, Migdalia se cayó de su cama. 'Bendito Dios que no me quebré', le alcanzó a oír doña Sara cuando se levantó y vio que se había caído. El sol comenzaba a salir. 'Hay mamá, me estoy muriendo, siento un gran hormigueo en los pies y parece que me los halan. Haga café y me da un poquito amargo', le dijo.

Doña Sara dijo que en ese momento fue en busca de azúcar para darle el café a cucharadas, vio a su regreso que la vida de su hija se desvanecía.

'Ella era muy buena conmigo y se murió con el mamá en la boca. Para todo decía mamá ayúdeme y me recordaba que yo era todo para ella', relata envuelta en llanto.

Doña Sara explica que los últimos tres días fueron muy dolorosos. 'Ella tenía gran desatino y no permitía nada en la cama, botaba todo. Yo le decía pero qué es ese desatino, muchacha. ‘No mamá yo no sé. Esto no es cosa mía. Yo siento una pasión en el estómago que me sube para arriba. No puedo explicarle lo que siento’', reproduce doña Sara quien asegura que Migdal

Con sus ojos llenos de tristeza, el pequeño Erlyn Josué Ríos, vio por última vez a su mamá.

ia estaba dispuesta a regresar al hospital.

Sus hijos
'Jessica, mi mamá se acaba de morir', escribió a LA PRENSA el pequeño Luisito ayer a las 10 de la mañana al apenas enterarse de la muerte de su madre. Sólo salió del colegio y pidió que lo llevaron hasta Loma Larga para ver a su mamá por última vez. Él llegó a las 5.30 de la tarde hasta Colinas para estar presente en el velatorio acompañado de Julissa Sabillón su tutora y madre de crianza.

Más cerca, en la aldea San Miguel de las Lajas estaba el otro hijo de Migdalia, el pequeño Erlin.

Él fue a ver a su mamá pero minutos antes de saber la noticia de su fallecimiento lloró al recordar la felicidad que ella vivió el Día de las Madres cuando él le entregó un ramo de rosas rojas.

¿Estás triste? fue la pregunta. Sólo contestó sí y los ojos se le llenaron de lágrimas. Al filo de las cuatro de tarde fue a ver a su mamá quien ya reposaba en el féretro.

Largo sufrimiento

El 27 de mayo estaba previsto que Migdalia regresara al hospital. El director del Mario Rivas, Juan Carlos Zúniga, lamentó su fallecimiento y dijo que irían por ella como se había previsto.

'No sabemos cómo fueron sus últimos días, creemos que su desnutrición fue el causal de la muerte', sostuvo el galeno.

La vida de Migdalia no fue fácil.

El mal que la aquejó, vivió con ella 14 años, pero los últimos 10 meses de su vida fueron los más difíciles hasta que llegó al Mario Rivas.

Nació el 15 de abril de 1972 y tuvo tres hijos, uno de ellos murió. Su estadía en el hospital le cambió la vida por completo.

LA PRENSA dio a conocer su historia el pasado 28 de marzo cuando ella dejó claro que tenía ganas de vivir y que quería curarse. Ese mismo día de la publicación las muestras de solidaridad no se hicieron esperar. Llegó al hospital el día siguiente, su director y un grupo de galenos fueron por ella personalmente.

Miles de hondureño

Doña Sara lloró desconsolada al acostar a Migdalia en su ataúd.

Doña Sara lloró desconsolada al acostar a Migdalia en su ataúd.

s en el país y en todas partes del mundo se conmovieron con su caso y le ayudaron económicamente, con víveres y con artículos que ella solicitaba. Gracias a múltiples gestiones realizadas por LA PRENSA, a Migdalia se le abrió una cuenta en banco de Occidente donde hasta la fecha siguen llegando depósitos de personas generosas.

Los días más felices de su vida también fueron en el centro asistencial. Por primera vez tuvo una fiesta de cumpleaños. Ya Migdalia descansa en paz. Su cuerpo será enterrado a 100 metros de su casa, hoy a las 9 de la mañana.

'Mi mayor deseo era verla curada. Si hubiera seguido en el hospital tal vez estaría viva. Todo su mal vino de estar acostada en esa cama'.

Sara Leiva
Madre de Rosa Migdalia