Tengo 23 años. Nací en El Mezquital, un suburbio del municipio de Villa Nueva, al sur de la capital de Guatemala, quizá de los más peligrosos del país y de Centroamérica. Crecí en La Esperanza, el segundo asentamiento más viejo de la zona. Es pobre, marginal, con pandillas, drogas y otras cosas que si uno trata de explicar, creerían que son mentiras.
Allí las personas crecen con una especie de patrón. Las opciones aparentes son las pandillas y las drogas. Caso contrario, decidís convertirte en cristiano, estudiás, te casás, trabajás, vas a la iglesia, tenés esposa e hijos y se acabó tu vida. Son ciclos que se repiten.
Algo a lo que me rehúso.
Durante dos años planifiqué este viaje. El proyecto consiste en llegar a Santiago de Chile, estudiar en la Escuela del Circo del Mundo y retornar a mi país para poner en práctica lo aprendido y ser agente de cambio social.
Al principio viajaría solo. Pasé dos años conociendo a gente de Latinoamérica en Caja Lúdica y compartía con ellos mi proyecto con el fin de crear una lista de contactos para amortiguar los gastos del viaje.
Durante ese tiempo conocí a Gustavo, quien tenía ideas similares, pero no facilidad de planificación. Después a José Luis y le gustó el proyecto. Luego aparece Ramsés y se afianza a la idea. Por último se une Ricardo, quien ya tenía pensado viajar de alguna forma.
En enero de este año salimos de Guatemala. El día 25, Gustavo, José Luis y Ramsés. A la madrugada siguiente, el 26, Ricardo y yo, pues nos atrasamos por el pasaporte. Luego nos reunimos aquí en San Pedro Sula. Estábamos dispuestos y de acuerdo en trabajar en la calle para cubrir los gastos.
Formación de un ideal
La historia personal del grupo es diferente. Yo tengo seis hermanos. Mi padre es camionero y mi madre ama de casa. Uno de mis hermanos emigró a Estados Unidos.
Creo que uno nace con ciertas ideas, pero se hace necesaria la influencia externa para impulsarlas, pues a veces parecen imposibles para quien crece en El Mezquital.
Por eso Fundesco [Fundación para el Desarrollo Comunitario] es importante en la vida social de muchos jóvenes de mi generación. A principio de la década del noventa llegaron a trabajar con grupos de niños y jóvenes; fue como la piedra angular de nuestra forma de pensar.
En 2000, cuando se acabaron los fondos de Fundesco, quedamos sin un espacio para actividades sanas y estalló el problema de las maras. Somos una generación con mucha suerte. Yo tenía 14 años cuando terminó ese proyecto. Otros jóvenes ya no lo vieron y su realidad es otra. Nosotros podíamos vivir en diferentes zonas de El Mezquital y ser amigos. Pero ahora incluso los hermanos pueden pertenecer a pandillas diferentes.
Luego tuve contacto con Caja Lúdica en la capital, donde recibí importante formación artística. También me ha ayudado la lectura. Por ejemplo, leí un libro sobre la realidad alemana que presenta al arte como método para la sensibilización humana. Ese libro explica que después de la guerra, Alemania apoyó la gestión cultural.
El primer intento
Al anunciar mi viaje, para que mi madre no se preocupara, le dije que tenía el apoyo económico de Caja Lúdica, pero la verdad es que salí de Guatemala con veinte quetzales.
Estuvimos un mes en San Pedro Sula. Y proseguimos el viaje: Tegucigalpa, Managua y San José. En este último lugar también actuamos en los semáforos.
Al tratar de entrar en Panamá nos encontramos con la sorpresa de que debíamos pagar 500 dólares. Me quedé asustado. ¿Quién tiene 500 dólares para cruzar a Panamá? Pero de eso se trata el viaje, y allí está el mérito: no darse por vencido y regresar a Guatemala con el sueño roto. Tampoco podía quedarme en Costa Rica porque la vida es cara; la mejor opción era San Pedro Sula.
Ricardo y José Luis cruzaron Panamá y están en Colombia. Gustavo regresó a Guate.
Junto con Ramsés actuamos en el semáforo de la Circunvalación para recaudar dinero y reanudar el viaje. Por ahora vivo en el circo Hernández. A excepción de mi casa, en ningún otro lugar me he sentido mejor. Me compré un celular y grabo las entrevistas que le hago a un excelente payaso que trabaja allí. Me explica todo sobre su arte. Suelo comprar un menú de 39 lempiras en el KFC, me pongo mis orejeras [audífonos)] y escucho las grabaciones para aprender lo que él me explica. Trabajo en el semáforo y al caer la tarde regreso al circo para colaborar.
No me arrepiento. Sabía que iba a ser difícil. Como los momentos de nostalgia por la familia y por el país que, por muy mal que esté, uno tiene su nacionalidad, su patriotismo, a veces es malo, pero no deja de estar. También hay actos de discriminación, pero de personas que no han desarrollado sensibilidad humana. En la calle uno aprende a sentir esas energías negativas. Se sufre discriminación como artista callejero.
El sueño sigue intacto
Por ahora actúo, a veces solo y otras junto con Ramsés, en el semáforo de la Circunvalación. La idea es juntar cierta cantidad y viajar directamente a Panamá, pagar los 500 dólares y cruzar a Colombia. El plan es permanecer en San Pedro Sula hasta el 31 de agosto.
La meta es clara: llegar a Santiago de Chile y en el camino conocer la cultura de los sitios por donde pasamos. En esta ciudad visitamos el Centro Cultural Sampedrano y el Museo de Antropología. En la tienda del museo me compré el libro “Soy extranjero y ando de paso”, de José Castro. Éste es un viaje de sensibilización, de aprendizaje. No un viaje sin sentido.
Ramsés, zanquero y payaso soñador
Ramsés Girón y Neri son originarios de El Mezquital, aunque hace sólo dos años que se conocieron gracias a la ong Caja Lúdica.
Actuaron juntos por vez primera vez en un centro comercial de la capital guatemalteca como parte de las actividades de dicha asociación artística.
Ramsés entabló amistad con Neri y luego estuvieron de acuerdo en ese loco viaje por tierra a Santiago de Chile, con la visión de profesionalizarse en el arte de la actuación en la Escuela del Circo del Mundo.
Ramsés aprendió a ser independiente a corta edad. Desde los siete años comenzó a trabajar en buses. En ese medio conoció a José Luis, otros joven que se sumó al proyecto ideado por Neri.
En enero, cuando sus cuatro amigos reanudaron la travesía desde San Pedro Sula, él les deseó suerte, pues deseaba quedarse a trabajar en el circo donde le han dado cabida, y les seguiría los pasos en seis meses.
Ahora de nuevo actúa con Neri. Se encuentran por la tarde en el semáforo de la séptima calle de la Circunvalación sur. Se ata los zancos y salta al pavimento para actuar y recibir el dinero que los conductores les obsequian. En este momento también quiere comprar una trompeta porque siempre ha soñado ser un payaso musical; tiene escritas cinco canciones.
Está decidido a partir el 31 de agosto, fecha establecida para encaminarse y alcanzar a sus amigos Ricardo y José Luis. Lo único que le preocupa cuando está sobre el pavimento es la gente abusiva que los ven como callejeros.