El pago de una millonaria suma de dinero, en el cual según las autoridades de Seguridad podrían estar involucrados policías, tiene en libertad a tres peligrosos secuestradores, quienes se fugaron ayer de la Penitenciaría Nacional, PN.
Los cuerpos de inteligencia policial tienen la tarea de esclarecer la fuga de los reclusos del módulo de máxima seguridad Escorpión para que el peso de la justicia caiga sobre los posibles cómplices y de los autores intelectuales del escape.
A las 2.30 de la madrugada, las autoridades del centro penitenciario recibieron la alerta sobre la evasión de tres peligrosos prisioneros acusados de secuestro y otros delitos.
De inmediato se movilizaron al sector y confirmaron que se trataba del salvadoreño Víctor Manuel Guardado Díaz, de 36 años, y de los hondureños Carlos Alberto Flores Manzanares, 34, y Nelson Erasmo Murillo Hernández, 34, acusados de los delitos de secuestro, parricidio y homicidio.
El ministro de Seguridad, Álvaro Romero, informó ayer a la prensa que investigan a los cuatro guardias que estaban encargados de la seguridad del recinto, “porque creemos que fueron sobornados para abrir las puertas de este centro”.
“Escorpión es la zona de más alta seguridad en la cárcel y creemos que alguien de la Policía está inmiscuido en la fuga de ellos”, añadió el alto funcionario.
Antecedentes
Guardado Díaz estaba condenado a 60 años de prisión por el delito de secuestro agravado en perjuicio de la empresaria sampedrana María del Carmen Rápalo de Gutiérrez.
Guardado fue capturado en la colonia Torocagua de Tegucigalpa junto a Jorge Alberto Pérez Pineda, también de origen salvadoreño.
Carlos Alberto Flores Manzanares enfrentaba una pena de 83 años decretada el 15 de junio de 2005 por doble homicidio en perjuicio de su hijastro y suegro, según los antecedentes policiales.
Murillo Hernández purgaba una pena de 20 años de reclusión por el secuestro de una universitaria y enfrentaba procesos por desacato y daños en perjuicio de Joselín Madrid.
Sustancia los durmió
Barrotes cortados y boquetes en las celdas son las evidencias del trabajo realizado por los plagiarios, pero las autoridades investigan si los encargados de la seguridad están detrás de la fuga.
En el módulo estaban de turno los policías Jorge Alberto González, José David Solórzano, José Francisco Lorenzo y Denis Galo Duarte, quienes afirman que no se dieron cuenta de lo que pasó, pues, al parecer, ingirieron una sustancia que los durmió.
Solórzano aseguró que un compañero que turnaba cerca de él le dio una taza de café y que después de tomársela no sabe qué pasó, porque se durmió y “hasta la vez me siento mal”.
Lo mismo pasó con los otros policías. Asevera que abrió los ojos y miró a tres hombres vestidos con trajes oscuros parecidos a los de los policías que caminaban, así que hizo un disparo en señal de alarma, por lo cual hubo una movilización policial.
El director de la PN, Jorge Alberto Regalado, dice que los prófugos son de alta peligrosidad y que por eso los tenían en las celdas Escorpión; mientras, los investigadores tratan de establecer lo que sucedió.
Con esta fuga, son siete los peligrosos reclusos que han escapado de la PN.
El pasado 6 de junio también se fugó el secuestrador del hijo del ex presidente Ricardo Maduro, Santos Neptalí Bustillo Padilla, quien llegó deportado de Estados Unidos.
Los otros fugitivos fueron el guatemalteco José Ramón Gamboa Lara, de 27 años, preso por el delito de narcotráfico; Jerlin Noé Contreras Zúñiga y Olmer Ramón Méndez Cantillano, quien era coordinador del módulo de sentenciados 2.
Informe en la ONU
En el mes de septiembre se presentará en la ONU un informe sobre la situación carcelaria de Honduras, por ello una alta misión inspeccionó las principales prisiones y se entrevistó con jueces, fiscales y autoridades policiales del país.
En casi todas las 24 cárceles se han registrado asesinatos, motines y acciones violentas entre los pandilleros y reos comunes. Las cárceles alojan a unos 12 mil reclusos, de los cuales alrededor de 7,000 no han sido sentenciados en 10 años.
La facilidad con que los presidiarios escapan de las celdas de máxima seguridad despierta sospechas de las autoridades de la PN.
La muerte de más de 180 presos en dos años ha puesto al descubierto la corrupción y la violencia en las cárceles.
Especialistas en derechos humanos y criminólogos consideran que en las prisiones reinan condiciones infrahumanas, además de hacinamiento, falta de higiene, alimentación deficiente, inseguridad y carencia de lugar donde dormir.
Cómplices deben pagar penas
El secretario de Seguridad, Álvaro Romero, es del criterio que quienes propicien una fuga deben cargar con la misma condena que purgan quienes se escapan.
Para nosotros, dijo, es un acto muy lamentable, porque los tres prisioneros estaban recluidos en las celdas de máxima seguridad de la prisión.
Romero dijo que de nada servirá tener las cárceles más seguras si quienes las vigilan se prestan para su fuga.
El ministro Álvaro Romero, al mediodía de ayer, tenía la esperanza de que los tres reos estuvieran todavía dentro del centro penitenciario, por lo que se realizaban intensos operativos, pues muchas veces hay reos que desaparecen y los encuentran en otros módulos de la PN.
No hay sistema penitenciario
Expertos de las Naciones Unidas, ONU, visitaron el país en junio para evaluar la situación de las cárceles.
“La situación, que es ilegal, nos preocupa”, dijo la presidenta de la misión sobre detención arbitraria del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, la argelina Leila Zerrougui.
“La corrupción prevalece en las cárceles, aunque ha disminuido desde 2003, cuando entró en vigor el nuevo Código Procesal Penal y tampoco se respetan los derechos humanos de los reos”.
Zerrougui reaccionó “muy sorprendida” por lo que descubrió “en las prisiones hondureñas, en las cuales operan pequeños restaurantes y una variedad de negocios irregulares, cuyas ganancias no se sabe dónde van a parar”.
Advirtió que “de continuar el problema, se podría socavar la democracia y la justicia del país”.
Asesinatos marcan a la Penitenciaría Nacional
Con la muerte del reo Walter Cárcamo Sánchez, alias “El Mexicano”, el pasado 22 de julio, las víctimas en la Penitenciaría Nacional ascienden a 24.
José David Solórzano seguía ayer con mucho sueño porque asegura que le dieron una taza de café con “a saber qué”.
A pesar del traslado de reos, de intensificar la vigilancia, de la práctica de operativos para detectar armas y de la construcción de celdas de mayor seguridad, esas medidas no han sido suficientes y las muertes continúan.
Algunas de las recomendaciones formuladas a la PN son: descongestionar el centro, traslados y habilitación de más celdas de máxima seguridad.
Realizar un estudio para aplicar un indulto a enfermos o condenados por delitos comunes y menores.