Pescadores artesanales hondureños que antes capturaban langostas espinosas ahora buscan incursionar en la pesca de otras especies.
Un estudio que ya inició Digepesca (Dirección General de Pesca y Acuicultura) busca determinar cuál es la población del pepino marino en aguas hondureñas y de este modo establecer una cuota comercial para esta nueva práctica.
Un pepino de mar es un animal marino comestible de forma cilíndrica, tiene una textura gelatinosa y su carne es rica en zinc, magnesio, calcio y hierro.
Roby Modesto Morales, presidente de los pescadores de La Mosquitia, señaló que buscan enfocarse en la pesca del pepino marino como una alternativa ante el cierre de la pesca de la langosta por buceo que se hará efectivo en julio del próximo año, según un decreto establecido.
Unos 1,000 buzos están listos para hacer el cambio de pesca; entre tanto, aún se encuentran seis mil pescando con tanques submarinos, detalló Morales.
Unas 20 embarcaciones estarían listas para la pesca del pepino marino, pero requieren más apoyo gubernamental con lanchas y máquinas de pesca que les evitarían sumergirse a grandes profundidades. Entre 13 y 15 pescadores mueren anualmente por los riesgos de la pesca artesanal y cientos sufren amputaciones, descompresiones y otros problemas por no contar con equipo adecuado. Isabel Gutiérrez, presidenta nacional de Digepesca nacional, dijo que la captura del pepino marino es una alternativa sobresaliente, pero aún se encuentra en etapa de estudio.
“Ya hemos notado muchos beneficios como empleos directos e indirectos para los pescadores y sus familias”, dijo. Es una práctica que no pone en riesgo la vida de los pescadores.
Además aseguró que de cada embarcación se beneficiarían al menos 35 pescadores. Diez embarcaciones participan en el nuevo estudio con que se descubrirá si es rentable la pesca del pepino marino.
Autoridades esperan que dicha investigación culmine a principios del próximo año, antes de que tenga vigencia el cierre de la langosta espinosa.