“Como mariachi también tengo mi corazoncito y me pongo melancólico cuando me toca cantar en un sepelio. Una vez se me fue la voz y les pedí a mis compañeros que siguieran tocando porque se me hizo un nudo en la garganta”.
German Leonel Hernández estaba cantando “Nadie es eterno en el mundo” en un cementerio de la ciudad cuando de repente ya no pudo seguir al ver llorar a los dolientes, según relató.
“Así como a uno lo contratan para llevar una serenata o animar una fiesta, también lo llevan a un cementerio para despedir a alguien que ha partido al más allá. Por lo general, las canciones que más piden en un sepelio son “Un puño de tierra”, “Cruz de madera”, “Amor eterno” o
“Las golondrinas”, dice el vocalista y representante del mariachi Los Halcones.
Subrayó que no todos los momentos que viven los mariachis son de alegría, también hay de tristeza y hasta de peligro, como cuando llevan una serenata que no es del agrado del dueño de la casa.
“A nosotros no nos han echado agua o algún líquido que manche nuestro honor, como dice Pedro Infante, pero sí nos han corrido a tiros”, comentó.
Relató que en cierta ocasión, mientras tocaban al pie de una ventana, salió el jefe de familia y preguntó quién los había mandado. Cuando los músicos dieron el santo y seña del enamorado de la hija del señor, éste sacó un revólver y comenzó a hacer tiros al aire.
“¡Se me van a la chingada ahorita mismo, porque los próximos van a ser para ustedes!”, gritó el enfurecido hombre, mientras el galán observaba la escena a una prudente distancia, parapetado en su carro.
En otra serenata ocurrió casi lo mismo, pero esta vez el joven que era rechazado fue persistente y logró, no sólo suavizar al suegro, sino casarse con la muchacha en una ceremonia que irónicamente fue amenizada por los mismos mariachis.
Cómo han pasado los años
Hernández dice que una de las mayores satisfacciones en su vida de músico es haber reconciliado, mediante una serenata, a parejas que tenían desavenencias o estaban punto de divorciarse.
“Es asombroso lo que puede hacer la música en el corazón de las personas. Una vez fuimos contratados por un empresario sampedrano para que fuéramos a su residencia a cantar tres canciones a su esposa que estaba de cumpleaños. Le tocamos las tradicionales canciones de cumpleaños, pero ella nos pidió que le cantáramos ‘Cómo han pasado los años’”.
Dice que cuando la festejada escuchó aquella melodía se emocionó tanto que ya no los dejó ir. “íbamos sólo por tres canciones y nos fuimos hasta el amanecer con una buena gratificación en los bolsillos”.
Pero en eso de la cantada no siempre se baila con la más bonita. “A veces nos engañan dándonos direcciones falsas o nos han hecho tocar y después en vez de pagarnos nos ofrecen balas”.
A Hernández, un cliente saturado de licor le puso una pistola en la frente en un salón del barrio Medina porque el mariachi se resistía a seguir tocando mientas no le pagara.
“Si no vas a tocar, te voy a reventar aquí mismo”, amenazó el fanfarrón, pero el cantante no se le rajó y lo retó a que lo hiciera. Sin embargo, en eso intervinieron los compañeros del parrandero y lo detuvieron. “Mejor váyanse muchachos”, les aconsejaron a los músicos, pero no les pagaron.
Mariachi rondinero
Hernández recordó los tiempos en que trabajaba como “mariachi rondinero”, es decir, tocando de salón en salón desde la avenida Juan Pablo Segundo hasta la Zona Viva y luego de regreso a pie con los instrumentos al hombro.
“A pesar de que trabajábamos hasta altas horas de la noche, nunca nos pasó nada, porque en aquellos tiempos se podía caminar sin peligro”.
Se había estrenado como músico a los 22 años en un grupito de El Progreso luego de haber quedado desempleado como obrero.
Enseguida vino a San Pedro Sula, donde se enroló en el mariachi Los Halcones en 1984 después de “rondinear” cuatro años.
“De los viejos integrantes de este grupo sólo yo he quedado”, dice Hernández, un cincuentón descendiente de indios xicaques, nacido en Yoro. Gracias a su sangre indígena conserva tan abundante y negra su cabellera, que muchos creen que se la tiñe. “Qué tinte usás”, le preguntó hace unos días un antiguo cliente de cabello cano, a quien no veía desde que lo contrataba para que le llevara serenatas a su novia en sus años de juventud.
Aquel hombre le contó a Hernández que se había casado con la muchacha, ayudado por sus serenatas, pero no salía de su asombro al ver tan rejuvenecido al mariachi, mientras a él se le notaban en su cabello las cenizas del tiempo.
Debido a la demanda que ahora tiene la música del norte de México, Los Halcones tienen, aparte de la modalidad de mariachis, la de conjunto grupero como Los Tigres del Norte.
“Como gruperos nos contratan en festivales del interior del país, en rodeos o en eventos que hacen las municipalidades al aire libre con luces, amplificador, humo y todo lo que se usa en un show”.
Pero en festividades como cumpleaños o bodas lo que más pega son los mariachis, agrega. “Las que más piden son las canciones de Vicente Fernández. “Cuando arrancamos, por ejemplo, con ‘El chofer’, hasta los cipotes se ponen a gritar”.
También damas llevan mariachis
Una serenata al pie de la ventana de la despechada ha bastado muchas veces para que las aguas del amor vuelvan a su cauce, según lo que refiere el representante del mariachi San Pedro, Findo Arita.
No sólo caballeros buscan los servicios de uno de estos grupos de música ranchera, sino damas que quieren mostrarle su amor al hombre de sus sueños en noches de bohemia.
“La mayoría de gente que nos busca es para una serenata que empieza afuera de la casa y termina adentro cuando ella abre las puertas”, dijo Otoniel Murillo, cantante del mariachi Campero.
Los principales mariachis de la ciudad se apuestan todas las noches en la siete calle, entre la quinta y la sexta avenida del barrio Lempira, en espera de que alguien los busque para animar una fiesta o llevar una serenata.
Se han organizado en roles para que el cliente se lleve al grupo que en ese momento encabeza la lista, a menos que tenga predilección por alguno de ellos, explicó Murillo.También pueden ser contactados con anticipación llamándolos a sus teléfonos. Algunos como el mariachi Los Halcones cuentan hasta con amplificadores de sonido. Por eso son contratados por lo general para animar eventos de mayor magnitud como ferias y fiestas empresariales. Para llevar una serenata, el cliente no gastará más de tres mil lempiras. Esto es lo que por lo general cuesta un repertorio de canciones con duración de una hora. Sin embargo, todo dependerá del grupo y del lugar donde sea la serenata.