Había en el barrio La Plazuela de Tegucigalpa una señora llamada Isolina que se encargaba de confeccionar los vestidos de los santos de las iglesias. Tenía un hijo llamado Nery, quien se encargaba de hacerle los mandados.
-Mira hijo, esta mañana vas a ir donde el padre Salgado en la Catedral y le decís que me mande el manto de la Virgen con vos. Tengo que hacerle uno nuevo a la Virgencita, el que tiene está gastado y se ve sucio, le voy a hacer uno muy lindo con ribetes dorados.
El muchacho la vio con ternura:
-Usted es experta en eso, mamá, por eso es que la buscan de todas las iglesias, no sólo de Tegucigalpa.
-Otra cosa -dijo la doña- le preguntas al padre qué es lo que necesita para la Navidad, que lo diga con tiempo porque después se me acumula el trabajo, ¡ah! y no te vayas a quedar platicando, ese trabajo es urgente, acordate que sólo faltan tres días para la fiesta de la virgencita.
- No se preocupe -dijo Nery- me voy y regreso volando.
El mejor amigo de Nery se llamaba Gustavo, eran inseparables, así que cuando salió de su casa pensó en su amigo y pasó buscándolo.
- ¿Qué estás haciendo Tavo?
-Nada, ya terminé de ayudarle a barrer la casa a mi mamá, ¿por qué?
-Quiero que me acompañes a la Iglesia Catedral, voy a traer el manto viejo de la Virgen, pues mi mamá le va a hacer uno nuevecito.
-Qué macanudo, así vamos a poder ver las cosas nuevas que ha comprado el padre Salgado para la iglesia.
Dicen que trajeron una imagen de San José de España y que ya lo colocaron en un lugar especial.
-Ya lo vamos a conocer, es lo que te digo, en las iglesias siempre hay novedades.
Los amigos llegaron a la Santa Iglesia Catedral, no había una sola persona en las bancas y mientras caminaban hacia la sacristía miraban a los santos.
-Qué santos más feos -dijo Tavo- ¿Te fijaste, Nery? Si vos mira a ese San José parece que se está muriendo de hambre, je, je, je, je. Ese debe ser el que trajeron de España, ¿será que allá no les dan de comer?
-Callate que allá está el padre Salgado y nos va a oír...
Los muchachos saludaron al sacerdote y Nery le explicó que iba a recoger el manto de la Virgen y le preguntó si se le ofrecía algún trabajo especial para la Navidad.
-Aquí está el manto, que le tome bien la medida. Decile a tu mamá que es un trabajo urgente, después voy a platicar con ella sobre los asuntos navideños.
Días más tarde Nery y su amigo regresaron a la Catedral llevando el manto nuevo, el padre Salgado estaba satisfecho después de extender el manto y de examinarlo minuciosamente.
-Qué manos las de tu mamá, muchacho -dijo el sacerdote-. Quedó más bonito de lo que yo pensaba. Bien, aquí está el dinero de tu mamá y ese es un regalito que les da la iglesia porque siempre hacen los mandados. Que Dios los lleve con bien.
Al salir de la sacristía caminaron dentro de la iglesia comentando sobre los santos.
-Vamos a tener que traerle almuerzo a los santos, Tavo, todos están flacos, je, je, je, je.
-¡Uy hombre! Mirá esa Virgen, ja, ja, ja, ja… Parece que está boqueando. Venite, vamos a ver el nacimiento que ya pusieron en esa esquina, ijjjjj… Qué burro más feo el que le pusieron y mira el buey, sólo es costillas.
-¿Y ya te fijaste en el Niño Dios? Es más grande que el pesebre y que la mamá y el papá. No te digo, en esta iglesia están locos, mejor vamos a comprar paletas con el pisto que nos dio el padre.
Una noche Nery estaba acostado en su cuarto cuando tuvo la sensación de que unos ojos lo miraban desde la pared, instintivamente se arropó de pies a cabeza. Fue cuando escuchó unas risas diabólicas y unas voces:
-Qué muchacho más feo es éste que está acostado, ¡qué horrible es! Parece que no le dan de comer, ¿por qué no lo llevamos al cementerio y los enterramos vivo a él y a su amigo? Les gusta burlarse de los santos, a lo mejor podemos comerlos vivos, je, je, je, je…
Al siguiente día no dijo nada, la mamá le entregó unas candelas para que se las llevara al padre Salgado. Como de costumbre pasó por su amigo y le contó lo sucedido en la noche.
Tavo le confesó que a él también lo habían asustado y decidieron confesarse.
-¿Así que ustedes se burlaron de los santos? Los demonios se burlaron de ustedes -dijo el padre-. Nunca hay que burlarse de nadie, vayan a contarle a su mamá.
Que pasen una feliz Navidad.