Miles de africanos desean que el triunfo del candidato negro a la presidencia de Estados Unidos les traiga un soplo de esperanza. Una de ellas es su abuela.
Sarah Obama, de 86 años, la abuela negra del candidato demócrata a la presidencia de EUA, Barack Obama es cristiana, devota y pobre. La anciana no tiene dinero ni estudios, pero sí mucha confianza en la victoria electoral de su nieto, la celebridad de Kenia, el nuevo estandarte africano. 'Musawa -¿cómo está?-. Pase, pase'. Sarah vive en una casita de ladrillo y uralita de Kogelo, a 500 kilómetros al noroeste de Nairobi, cerca del lago Victoria.
El mediodía es tórrido y luminoso en la aldea agrícola de la región de Kisumo, a tono con los rojos, verdes y azules del vestido de la abuela más famosa del mundo. Un joven muele maíz en una solana cercana a los sacos de la despensa doméstica. 'En esa foto, Barack me ayuda a cargar un saco de grano. Es muy despierto y educado. Sabe escuchar. Si gana, iré a verle, aunque estaré poco tiempo'.
Fotos de la estirpe Obama cuelgan de las paredes de una habitación humilde y limpia, amueblada con asientos y mesas de madera forrados de amarillo limón. Varios pasquines recuerdan la campaña electoral norteamericana, y la convención demócrata Denver, que esta semana proclamó candidato presidencial a Obama, de 47 años, la gran esperanza negra.
Sarah es la abuela de verdad, la de la crianza, porque la de sangre, Akumu, la madre de Barack Hussein Obama, el padre del senador de Illinois, abandonó el hogar y los malos tratos de su marido cuando la prole era de teta. Poco después matrimonió con un tanzano que la había comprado a sus padres por seis vacas y la promesa de otras seis. '¿Habla usted con su nieto por teléfono?'. 'No, porque él no habla luo -el dialecto de la etnia luo, a la que pertenece la familia- y yo no hablo inglés'. La octogenaria vive al día, como la mayoría de sus 35 millones de compatriotas, que se alzan en aleluyas cuando se les pregunta por Obama. Que los blancos americanos, los descendientes de los esclavistas, votasen a un negro activó una revolución mental en África, todavía hundida en el atraso, las enfermedades y el machetazo tribal.
El encuentro
Los ancestros de Barack no fueron esclavos, pero debieron rendir vasallaje a la racista Administración británica en Kenia (1888-1963), que el candidato demócrata visitó por primera vez a los 26 años para confrontar África y acercarse a la figura del padre y al flanco negro de su identidad. Después de ver lo que vio, cabe pensar que el nuevo ídolo africano también celebró haber nacido en Estados Unidos.
Durante sus tres viajes a África, en 1987, 1994 y 2006, el senador conoció a su abuela Sarah, a sus parientes africanos, y se asomó a la realidad de los países atrapados por la inestabilidad y el hambre.
Los universitarios que pudieron emigraron al extranjero como Barack Hussein Obama, el padre del aspirante demócrata, que vivió en EUA pero regresó a Kenia, donde murió en accidente de tráfico a los 46 años, triste y fracasado, casi alcohólico.
'África necesita que Obama gane, necesita recuperar su orgullo y autoestima', dice Boniface Gakuo, profesor, guía durante el recorrido por el asentamiento chabolista de Kibera, en Nairobi. Obama, su esposa, Michelle, descendiente de esclavos, y sus dos hijas lo visitaron el 27 de agosto de 2006.
'Todo el mundo necesita una oportunidad para prosperar, para comer, para vestir, para montar un negocio', animó Barack a los habitantes de la cochiquera. Pero los míseros apenas encuentran oportunidades en África.
La sensibilidad racial del ídolo le llegó de niño, mientras leía en la revista Life el anuncio de una crema blanqueadora de la piel. Su encuentro con la etnia luo fue temprano e impactante. El revolcón ocurrió en la biblioteca pública de Honolulú. 'Los luo criaban cabras y vivían en chozas de barro y se alimentaban con maíz, batatas y algo que se llamaba mijo', escribió Obama en 'Sueños de mi padre', publicado en 1995. 'Su traje tradicional era un pareo de cuero que cruzaba la entrepierna. Dejé el libro abierto encima de la mesa y salí sin despedirme siquiera del bibliotecario'.
Una beca de su padre en EUA determinó la epidermis café con leche del político, muy lejos de un continente entusiasmado con la posibilidad de que uno de los suyos gobierne la nación más poderosa del planeta y regrese al rescate de África. La emergencia del fenómeno Obama en el firmamento político de EUA ha causado en África una catarsis íntima, existencial, liberadora.
El azar y la pobreza, no el esclavismo, estableció la hoja de ruta del político mulato. El padre, nacido en Kogelo, recibió una de las primeras ayudas para completar estudios en universidades norteamericanas. Mientras asistía a clases en Hawai, a los 23 años, conoció a Ann Dunham, blanca como la leche, de 18 años, nacida en Kansas, con la que se casó en 1960. Poco después nació Barack, pero cuando él tenía dos años, su padre viajó a Harvard para cursar un máster en Economía. A continuación regresó, siempre solo, a Kenia, donde le esperaban su primera mujer, Kezia, embarazada, y otro hijo. Pocos lo sabían. El niño de Honolulú no volvería a ver a su padre hasta 8 años después, durante la fugaz vuelta a EUA del progenitor para ver a su hijo y a la chica de Kansas, y también encandilar con sus historias sobre el Mau-Mau, los ancianos luo y las grandezas del África profunda.
Figura paterna
Durante el viaje iniciático de Obama de 1987, Sarah le habló mucho de su padre y de su abuelo Onyango. 'Mire, el hombre de las gafas en la foto es su padre', señala la abuela. ¿Y su marido, el abuelo? Su abuelo fue un hombre autoritario, cumplidor de las tradiciones tribales, entre ellas la poligamia y las palizas.
'Pagó la dote de varias jóvenes, pero cuando se mostraban perezosas o rompían algo, las apaleaba sin miramiento'. El patriarca se opuso al emparejamiento de su hijo con una mujer blanca, con Ann, aunque en algunos aspectos fuera un admirador de los blancos.
'El africano es un asno', le decía a Sarah. 'Para hacer cualquier cosa necesita que lo apaleen'. El abuelo fue cocinero, soldado del Ejército británico e islamista. 'No podemos borrar esa conexión de la vida del candidato. Su padre también fue musulmán hasta convertirse al ateísmo', explica el analista Otuma Ongalo.
La anciana dice que su nieto es cristiano, pero consagra la libertad de culto. La mujer atiende a los viajeros de buena fe interesados en sus emociones y las raíces del abanderado demócrata.
Desde su adolescencia, Obama ya sabía que era muy tarde para reclamar África como hogar, y como confesión, dijera lo que dijera su padre.
Barack Hussein estudió por correspondencia, animado por dos monjas americanas. Aprobó los exámenes, tramitados por la embajada norteamericana, y fue aceptado en la Universidad de Hawai.
'Nadie sabía dónde estaba Hawai, pero no le importó. Dejó conmigo a su esposa [Kezia], de nuevo embarazada [de una niña, Auma], y a su hijo, y en menos de un mes se había marchado', relató Sarah en la biografía del senador.
Auma es su hermana más cercana, a la que conoció en Chicago hace más de 20 años, poco después de la muerte del padre. 'Fue como si nos conociéramos de toda la vida'. Auma, temperamental y directa, trabajadora social en Kenia, no quiere hablar mucho. Es consciente de que sus palabras pueden ser utilizadas para dañarlo políticamente.
La figura del padre, pastor de cabras en sus años juveniles, obsesionó a Barack, que quería saber todo sobre el africano que le dio la vida, sobre un hombre intelectualmente brillante, generoso, mujeriego, caótico en su mundo personal y familiar.
Tuvo muchas parejas, algunas a salto de mata y otras sacramentadas, como Ann y Ruth, norteamericanas. En total, seis hijos y una hija, Auma, llamada a desempeñar funciones en las relaciones de EUA con África si su hermano gana la presidencia.
Inicialmente, Barack Hussein padre prosperó en la plantilla de la petrolera Shell. Impresionaba al volante de automóviles de lujo, impecable en sus trajes de sastre. Durante ese periodo se casó con Ruth, dejó la petrolera y entró en el Ministerio de Turismo. Sus aspiraciones políticas le mataron porque las hizo saber y chocó en la liza con los funcionarios más incompetentes y peligrosos de la etnia gobernante, los kikuyo, rivales de los luo. Luego cayó en la ruina.
Barack volvió a África hace 20 años, a Kogelo, a la casita de acacias y mangos donde le esperaba su abuela. Lloró hasta la sequedad lacrimal junto a la tumba del padre, y percibió que el círculo se cerraba.
Comprendió, según propia confesión, que su vida en América, la sensación de abandono sentida de joven, las frustraciones y esperanzas estaban ligadas a la parcela africana con los restos de sus mayores.
Dos decenios después, junto a la casa de la abuela, tres jóvenes que se dicen primos suyos comunican que todo el pueblo, toda Kenia, toda África, y la gente de progreso, los 350 mil kenianos afincados en EUA esperan su triunfo como agua de mayo.
Todos esperan algo del compatriota de raza en Chicago; todos sueñan con transformaciones profundas en sus vidas si la Casa Blanca aloja, por fin, a un presidente negro.
Soñaba con recuperar a su hijo
Las reflexiones de Barack Obama sobre su padre son tolerantes y amargas, irónicas a veces, siempre respetuosas. '¡No trabajas lo bastante duro! Tienes que ayudar a los demás en su lucha. ¡Despierta, hombre negro!', le decía el viejo. Tras escuchar a Auma y a su abuela, ¿qué podía pensar? ¿Fue una víctima del destino? ¿Un borracho amargado? ¿Un marido maltratador? ¿Un burócrata derrotado y solitario? Fuera lo que fuera, era su padre.
En una época a Barack Hussein Obama nadie le dio trabajo. La ruina no impidió que continuara haciendo regalos que no podía permitirse. Vendió lo que pudo, se dio a la bebida y acabó deprimido, susceptible y violento. 'Sólo a mí me confesó lo infeliz que era', contó la abuela a su nieto. '¿Ya le he dicho que rezo por él?'.
La decepción del padre era profunda. 'Yo solía decirle que era testarudo cuando trataba con la gente del Gobierno. Me hablaba de principios, y yo le respondía que sus principios eran una pesada carga para sus hijos'. El padre los perdía, pero poco podía hacer. En el encuentro de Chicago, Auma compartió con su hermano detalles sobre el progresivo deterioro del padre. Soñaba con recuperar a Barack y a su madre, la chica de Kansas, abandonada en Honolulú.