Vuelven las lluvias de mayo a reverter la campiña hondureña y comienza la temporada de cosas ricas y delicias del monte, como mangos, paternas y flor de izote.
Las lluvias también traen problemas, dificultades a las que los antiguos ya se habían adaptado consumiendo lo que había y que la madre tierra sabiamente les proveía (aunque para muchas personas, algunas de nuestras hierbas y mejunjes del Occidente son raras o amargas). En realidad es un reflejo del ingenio en los tiempos difíciles. Por ejemplo, me contaba mi mamá que en Copán hubo alguna vez grandes hambrunas, épocas donde había poco maíz y tenían que mezclarlo con guineo verde para hacer tortillas, las cuales salían de color oscuro.
Ese mismo ingenio nos llevó a comer flores como la flor de izote (Yucca elephantipes) de la zona mesoamericana y desde 1939, la flor nacional de El Salvador. Esta flor nos brinda mucho; sirve como cerco en las casas rurales, previene deslizamientos de tierra y erosión de los suelos, la raíz tiene propiedades medicinales y he escuchado que es un elemento activo para producir anticonceptivos. (¡Haberlo sabido antes!) También se exporta a los vecinos del norte donde no se la comen, pero la usan de “landscaping” o sea para adorno de parques. Cuando viví en Tegus nadie las cortaba y sólo miraba cómo se podrían... Así que hoy les traigo esta “recetía” para los amigos y nuevos gourmet de la cocina tradicional hondureña; veámosla.
Compre un racimo de flor de izote, lávelo bien y póngalo a hervir con agua y un poco de sal. Espere a que esté blandito, luego escurra el agua hirviendo y déjelo reposar un rato. Mientras tanto, ponga a sofreír “tomatío” picado con cebolla, haga que el agua del tomate se evapore bien, luego añada la flor de izote picada y échele unos “huevos de amor”; mezcle todo y sírvalo caliente. Listo para disfrutar…
La flor de izote se prepara asada o hervida en sopas, guisos, en caldo, en tacos, con chile y limón o en encurtidos, como los que hace mi amiga Diana Lorena, más conocida como Lorendiana, embajadora plenipotenciaria de Gracias, Lempira, y todos sus alrededores (por cierto, cuando visite Gracias no deje de probar el postre perfecto de Diana Lorena: “Pilones de mango verde”.