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Júbilo mundial por el mensajero del amor

  • Actualizado: 29 abril 2011 /

Por lo menos un millón de personas asistirán este domingo 1 de mayo en el Vaticano a la beatificación del papa Juan Pablo II.

Por lo menos un millón de personas asistirán este domingo 1 de mayo en el Vaticano a la beatificación del papa Juan Pablo II.

“Alguno llegará antes del Primero de Mayo y otros marcharán en los días posteriores, pero en esa jornada serán un millón de personas, cifra que puede aumentar considerablemente con la participación de los romanos”, manifestó el prefecto (gobernador civil) de Roma, Giuseppe Pecoraro.

Están previsto 165 vuelos chárter a los dos aeropuertos de Roma y según fuentes aeroportuarias, el mayor número de viajeros serán polacos y españoles.

Está prevista la llegada de varios barcos fletados para la ocasión al puerto de Civitavecchia así como numerosos trenes especiales.

El jefe de la Policía italiana, Antonio Manganelli, señaló que la beatificación traerá a Roma numerosas delegaciones oficiales de varios países (ya han confirmado su asistencia 51 países), así como cientos de miles de personas, por lo que se han aumentados las medidas de seguridad en la ciudad ante el riesgo terrorista.

Roma será una ciudad vigilada, pero no militarizada y la seguridad está garantizada, precisó Manganelli. Varios miles de policías vigilarán la ciudad y especialmente el Vaticano y las zonas adyacentes.

El continente de la esperanza

América Latina fue el continente preferido de Juan Pablo II, que vio en él, donde viven la mitad de los casi 1.200 millones de católicos del mundo, el territorio de la esperanza, pero también donde la Iglesia se juega parte de su futuro.

Y es que como se subrayó durante la visita de Benedicto XVI a Aparecida, Brasil, para la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, las sectas avanzan y hay una pérdida de la fe católica, en sociedades donde la brecha entre ricos y pobres se ensancha y no cesa la violencia y el narcotráfico. Si hay una región en la que la palabra del papa Wojtyla tuvo fuerte eco, incluso en las instituciones, esa es Latinoamérica. Su primer viaje, de los 104 que realizó por el mundo, fue a Santo Domingo y a México, con motivo de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

La preferencia por ese continente la demostró al visitar la práctica totalidad de los países americanos, que le acogieron de manera calurosa. En algunos casos repitió, y a México viajó en cinco ocasiones, a Brasil en cuatro y a la República Dominicana y Guatemala en tres.

Denunció que en ese continente joven, al que los españoles llevaron el Evangelio hace 500 años, habían “estridentes contrastes” y que las clases más desfavorecidas pagaban esos “intolerables” costes sociales.

Reiteró el “amor preferencial” de la Iglesia por los pobres, denunció las injusticias sociales, tanto en los documentos que escribió como en los discursos dirigidos a los obispos latinoamericanos y mandatarios, y prestó atención a la cuestión indígena y al problema de la tierra.

Juan Pablo II no tuvo reparos en presentarse ante figuras tan dispares como Fidel Castro y Augusto Pinochet, pese a las críticas levantadas, tanto en un sentido como en otro, pero para él, lo importante era el pueblo y llevarle personalmente su cercanía.