La tarde comenzaba a caer cuando Jesús desde la cruz pronunció las siete palabras, mismas que nacieron de su corazón que herido, pero compasivo, no quiso irse sin dejar su último testamento.
Los católicos en la capital industrial recordaron el Viernes Santo esas siete palabras ante Cristo crucificado: 'Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?', 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen', 'Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso', 'Padre, en tus manos pongo mi espíritu', 'Mujer, ahí tienes a tu hijo... ahí tienes a tu Madre', 'Tengo sed', 'Todo está cumplido'.
El sermón de las siete palabras fue escuchado y luego presenciaron el descendimiento de la cruz del cuerpo de Jesús al tiempo que silenciosamente rezaban y contestaban responsos propios del Viernes Santo.
Los caballeros colocaron el cuerpo de Jesús en la urna y procedieron junto a decenas de personas a revivir el Santo Entierro en una procesión silenciosa que recorrió decenas de cuadras en la ciudad. Los fieles partieron de la catedral de San Pedro, recorrieron la primera calle, tomaron la octava avenida, luego la siete calle, posteriormente la avenida Júnior y retornaron por la primera calle hasta la catedral.
Los feligreses que no podían acompañar la procesión salieron de sus casas para hacer reverencia y observar aunque sea de lejos el cuerpo de Jesús.
Los colonos del barrio Barandillas prepararon coloridas alfombras con mensajes propios de la semana mayor para que las imágenes y el cuerpo de Jesucristo pasaran sobre ellas en la procesión del Santo Entierro.
Las alfombras en esta parroquia son ya una tradición. Cuando la noche cayó los devotos ingresaron a la catedral donde realizaron un homenaje a la virgen de la Dolorosa. Fue un ejercicio del santo rosario dedicado a los siete dolores de la santísima virgen María.
Ayer Sábado de Gloria se realizó una vigilia pascual que termina con la procesión del encuentro.