La primera gran cafetería de la capital de Honduras fundada en los años 30: fue el Jardín de Italia. Ahí se reunían los grandes poetas, literatos, políticos, funcionarios públicos y hasta algunos presidentes de Honduras llegaron allí a tomarse su café y charlar con el pueblo. Eran aquellos días en los que no se hablaba de atentados ni amenazas al Presidente.
Quienes construyeron el edificio de la cafetería, que estaba ubicada en el centro de la capital, afirman que mientras se realizaban los trabajos sucedieron cosas extrañas. Cambiaban de posición los adobes, la madera aparecía en otro lado, los clavos estaban enterrados o sobre bultos de piedras, etc.
Alguien comentó que hacía muchos años unos españoles se habían robado joyas de varias iglesias y que las habían enterrado en esos terrenos, que a esos hombres los capturó la policía y que fueron fusilados sin que hubieran revelado el sitio exacto donde enterraron el botín.
Al principio fue una casa de habitación cercana a la casa donde nació el general Francisco Morazán, luego fue vendida y se utilizó para la famosa cafetería que fascinó durante décadas a los habitantes de la capital.
En el año de 1960, en horas de la tarde, habían únicamente dos clientes en la cafetería, y uno de los meseros vio entrar a dos hombres que se sentaron y le hicieron señas.
-Nos trae dos cafés por favor….ahh…. y nos consigue una hoja de papel.
El mesero cuyo nombre no revelamos, regresó con los cafés y la hoja de papel, pero no terminó de llegar a la mesa porque los recién llegados tenían los ojos hundidos como calaveras. Del tremendo susto dejo caer las tazas de café y se apoyó en una de las mesas para no caer mientras miraba desaparecer a los supuestos clientes.
En otra ocasión y en pleno día, el personal de la cocina salió asustado manifestando que una fuerza invisible había tirado todos los enseres de la cocina y que la estufa se apagaba y se encendía.
Una hora después todo volvió a la calma, después que un sacerdote fue a bendecir el lugar.
El tiempo pasó y aquellos extraños incidentes no volvieron a suceder.
Cabe mencionar que había personas que se quedaban trabajando hasta medianoche y a pesar de lo que se decía jamás sintieron miedo y nunca sufrieron de terror por algo inesperado.
Un abogado de la capital era asiduo cliente del Jardín de Italia. Ahí se reunía con sus clientes y especialmente con sus amigos, a quienes gastaba bromas y contaba chistes; en suma, un hombre muy alegre.
En el mes de noviembre de 1962, el abogado fue a la cafetería a las tres de la tarde, se reunió con tres amigos con los que compartió café y emparedados, media hora después sus amigos salieron y él quedó solo, no había más clientes, dos meseros se encontraban en la barra sentados mientras llegaban más personas. Les llamó la atención que el abogado estaba hablando solo y uno de ellos dijo:
-Vaya, ya jodió el abogado como que se le pelaron los alambres que está hablando solo.
Los clientes comenzaron a llegar, el abogado cambió de mesa para unirse a otras personas que conocía. Los meseros los vieron despedirse de las dos sillas vacías que tenía enfrente. Cuando uno de los meseros fue a servirle un café que pidió, le preguntó si le sucedía algo, que lo vieron hablando solo y que luego se había despedido de las sillas vacías. ¿Verdad que nos estaba tomando el pelo abogado?
El profesional no dijo nada, se levantó de su asiento y se fue rápidamente con el terror pintado en su rostro. Había visto algo sobrenatural.
Posteriormente el abogado contó que dos hombres le pidieron permiso para sentarse con él, le contaron que había un inmenso tesoro bajo la cafetería que ellos sabían donde estaba, pero que la muerte perseguiría a quienes lo buscaran, al despedirse sintió que sus manos era frías y huesudas.
No había sentido nada extraño hasta que el mesero habló con él, de inmediato se sintió mal, como que una fuerza extraña lo amenazaba.
Él mismo cuenta que dejó de ir a la cafetería desde el macabro encuentro con los desconocidos.
Un vigilante de la Pan American, ubicada hace algún tiempo en un edificio frente al Jardín de Italia, escuchó ruidos dentro de éste como a las dos de la mañana, tomó su pistola, salió del edificio y cuando intentaba investigar lo que sucedía, vio pasar a un hombre de más de dos metros de estatura, de traje negro que entró a la cafetería a través de las paredes.
Al siguiente día pidió que le cambiaran el turno y años más tarde contó lo sucedido.