24/02/2024
05:49 PM

El Aguán recuperó la paz tras cinco años de terror

123 muertos y seis desaparecidos dejó conflicto en el Aguán.

Trujillo, Honduras

Se respira paz, el temor se aleja de las márgenes izquierda y derecha de Trujillo, Colón. La zona por cinco años estuvo dominada por grupos armados que imponían su ley y provocaban una guerrra sin cuartel bajo el escudo de la lucha por tierras.

Decenas de vidas de hombres y mujeres se perdieron, son 123 muertes y seis desaparecidos que registra el Observatorio Permanente de Derechos Humanos del Aguán (Opdha), la mayoría campesinos, otros son guardias de seguridad, policías y militares.

En esta zona, los atentados, secuestros y desalojos violentos eran el pan de cada día. Tras cinco años de guerra, la paz parece asomar en este sector. Desde 2014 no se reportan muertos, son dos años en que los líderes jóvenes retoman el control de las organizaciones campesinas, el mismo período en el que las fuerzas militares y policiales tomaron otras estrategias para evitar la confrontación.

“Erradicamos los conflictos porque llegamos a dirigir la organización con una mentalidad diferente. Ahora tenemos dos ejes de lucha: hechos y derechos. Nuestra lucha se basa ahora en acercamientos y denuncia. Hemos cambiado la casa, la gente lo ha entendido y ahora tenemos calma en los asentamientos campesinos. Buscamos dialogar y con la bandera de la paz librar las luchas”, explicó Ángel Flores, presidente del Movimiento Unificado Campesino del Aguán (Muca).

Los cambios

Desde el 9 de diciembre de 2009, tanto el Muca como el Movimiento Auténtico Renovador Campesino del Aguán (Marca), el Movimiento Campesino del Aguán (MCA) y el Movimiento Campesino de Rigores (MCR), iniciaron una lucha por el acceso a la tierra.

Se propusieron recuperar 26 fincas de palma africana cuya pertenencia alegaban y pese a que las mismas eran propiedad de las grandes empresas agroexportadoras de palma, por recuperar esos predios fue que empezó el mayor conflicto agrario del país de las últimas tres décadas.

“Cambiamos las estrategias, ahora vigilamos lejos de las fincas en conflicto. Las unidades se mantienen listas para atender el llamado ante cualquier eventualidad; pero admitimos que la intensidad en esa área es menor. Ahora se hacen patrullajes de rutina, los intentos de tomas en las fincas bajaron”, explicó José Irraid Perdomo Licona, subcomandante de la Fuerza de Tarea Xatruch.

Ahora es posible penetrar en los asentamientos campesinos sin el riesgo de ser atacados. El equipo de LA PRENSA recorrió sin problemas las fincas La Confianza, Despertar y La Aurora. Lejos de encontrar un ambiente hostil percibimos tranquilidad. Los líderes nos permitieron ingresar a las fincas para que constatáramos que la paz regresó a la zona.

Foto: La Prensa

En marzo de 2009 hacen planteamientos Elaboraron y presentaron un documento al Gobierno proponiendo una negociación tripartita para obtener tierras.
Huellas del conflicto

La guerra sin cuartel que se libró en el Bajo Aguán marcó la vida de los pobladores, las persecuciones, violaciones, amenazas y secuestros, eran la constante.

Muchas familias se fueron huyendo ante el temor de ser asesinadas. No tienen claridad de quién iniciaba las muertes, pero sí reconocen que hasta ellos se asustaban por la cantidad de compañeros, guardias, autoridades y otras personas que son parte de las estadísticas de muertos que dejó el conflicto. “Ni nosotros sabíamos de dónde llegaba tanto muerto. Había denuncias de mucha gente, fueron años difíciles, pero cuando se identificaron los verdaderos problemas que había en esta zona se hicieron las denuncias, porque aquí se mezclaban intereses personales”, dijo Raúl Ramírez, secretario del Muca.

Detectar el origen de las divisiones que llevaron a la violencia en la zona no fue fácil. Parte de retomar el control incluyó el cambio de directivos, que es lo que aseguran los nuevos dirigentes le dio otro enfoque a la lucha campesina.

“Es un nuevo comienzo, hubo situaciones que nos llevaron como pueblo a tomar acciones, y parte de ellas fue la reestructuración de movimientos. Hay paz ahora, pero estamos atentos a lo que transcurre en las comunidades.

Tenemos a 123 líderes con medidas cautelares y hay 120 con solicitud de medidas ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Cidh)”, dijo Ramírez.

Los pobladores buscan empezar de nuevo. La marca de la guerra sigue, las viudas buscan salir adelante, los huérfanos preguntan por sus padres muertos y las familias esperan saber de los desaparecidos que dejó el conflicto.

Foto: La Prensa

Las amenazas de ataques desde las fincas se han reducido. Los grupos campesinos ahora buscan el diálogo para resolver sus problemas.
fotos: franklyn muñoz

Cambió el enfoque en El Aguán

En esa zona había algo más que el conflicto de tierras. Había una fuerte presencia de grupos armados por gente del narcotráfico, guardias privados de los terratenientes, la dirigencia de movimientos y la Fuerza Xatruch que entraba y confrontaba a las comunidades. Con la extracción de la presencia del narcotráfico en la zona, además del trabajo que hicieron las organizaciones de derechos humanos tanto nacionales como internacionales, así como las instituciones del Estado, sobre todo las que tienen que ver con lo de tierras, ha habido un impacto de esos esfuerzos. No hay un estudio que mida el último año de conflicto, y esa es una tarea de investigación técnica que debe hacerse.

El conflicto tomaba un rumbo complicado porque había llegado a un punto donde incluso se mencionaba la preocupación si en la zona podían surgir fuerzas de autodefensa. El enfoque ha cambiado, pero es producto del rechazo que va surgiendo en la población y la ciudadanía por la corrupción, criminalidad, negociaciones tradicionales que se dan entre el liderazgo de cúpulas y eso en cualquier sector impulsa un cambio desde la perspectiva ciudadana y quienes conforman estos sectores.

Quizá hay que considerar cómo es que la presencia de las fuerzas del orden del Estado terminaron la agresión. De año a año las muertes se redujeron. El año más crítico fue 2011, de ese año a la fecha las muertes en la zona se han reducido, pero se siguen viendo raptos y desapariciones de líderes campesinos. No sé cómo redefinieron la lucha por tierras, pero la violencia que se generó marcó la historia de estas comunidades, dejó luto y dolor y un panorama desolador que ahora parece cambiar.