San Pedro Sula, Honduras.
Su abundante producción agrícola, sus variadas industrias que van desde la producción textil hasta el diseño y comercialización de aeronaves, han hecho de Brasil un país a tener en cuenta en la escena económica mundial. Los brasileños han demostrado que les gusta pensar en grande y aspirar a grandes cosas.
Quizá tenga que ver con su enorme extensión territorial, 8.5 millones de kilómetros cuadrados, quinto a escala mundial. Pero lo cierto es que aunque en los últimos tiempos parece dar algunos pasos vacilantes, Brasil supo aprovechar los tiempos de bonanza de la última década, en especial cuando las economías desarrolladas cayeron en crisis, situación que sirvió para que potencias con economías emergentes como la brasileña, ganaran nuevos espacios y crearan más riqueza.
No en vano Brasil es el representante latinoamericano en el Brics, el bloque de países emergentes como potencias económicas y que también incluye a países como Rusia, India, China y Sudáfrica. Sin embargo, lo anterior no significa que el país haya estado exento de problemas.
En las semanas y meses previos al inicio del campeonato mundial del que Brasil es sede, las protestas de numerosos sectores se han centrado en el enorme gasto gubernamental en la organización el evento. Solo en la construcción y remodelación de estadios se generó un gasto de $3,700 millones.
A ello se suman las inversiones en el sector turismo, que alcanzan hasta el momento los $63,000 millones, de los cuales $11,000 millones los desembolsó el estado brasileño. Un buen número de brasileños aseguran que semejantes cantidades de dinero habrían estado mejor invertidos en dar a la población, en especial a las clases más necesitadas, más y mejores escuelas y mejores servicios de salud pública.
Aunque el Gobierno argumenta que 42 millones de habitantes han ingresado a las filas de la clase media y 36 millones han superado la línea de pobreza, evaluaciones como las que realiza el Banco Mundial indican que casi 16% de los brasileños todavía se encuentra por debajo de esa línea, lo que en un país de 200 millones de habitantes representa casi 32 millones de personas.
En un reciente discurso previo al inicio del evento, Dilma Rouseff, presidenta de Brasil, dijo que el gasto organizativo no ha significado un menor gasto en atender las necesidades de la población.
“Hay gente que dice que los recursos de la Copa deberían haber sido aplicados a la salud y a la educación. Escucho y respeto esas opiniones, pero no estoy de acuerdo con ellas. Se trata de un falso dilema. Solo para quedar en una comparación: las inversiones en los estadios, construidos en parte con financiamiento de los bancos públicos federales y en parte con recursos de los gobiernos estatales y de las empresas privadas, sumaron 8,000 millones de reales (unos 3,000 millones de dólares).
Desde 2010, cuando comenzaron las obras de los estadios, hasta 2013, el Gobierno Federal, los estados y los municipios invirtieron cerca de 1.7 billones (más de 762,000 millones de dólares) de reales en educación y salud. Es decir: en el mismo período, el valor invertido en educación y salud en Brasil es 212 veces más grande que el valor invertido en los estadios”, dijo Rouseff.
El legado del Mundial
El otro gran argumento de las autoridades es que los ingresos que dejará la Copa en materia de turismo y las nuevas obras de infraestructura traerán beneficios a la población una vez concluya el evento, a la vez que la construcción de las obras y la industria turística han creado nuevos puestos de trabajo para miles de brasileños.
Según la consultora argentina Deloitte, el turismo en Brasil crecerá 80%, lo que permitirá un ingreso solo en el sector bienes y servicios de $50,000 millones.
Adicional a ello se crearán más de 3.5 millones puestos laborales temporales. Sin embargo, pese al gran movimiento económico, Brasil solo crecerá 1.4% este año, por lo cual parte de la población cuestiona el uso del dinero destinado para la realización de la máxima cita futbolística.
La Fifa también ganará por goleada. Sus ingresos alcanzarán los $4,000 millones de dólares, de las cuales el 60% son por derechos de transmisión y el restante por contratos publicitarios.
Su abundante producción agrícola, sus variadas industrias que van desde la producción textil hasta el diseño y comercialización de aeronaves, han hecho de Brasil un país a tener en cuenta en la escena económica mundial. Los brasileños han demostrado que les gusta pensar en grande y aspirar a grandes cosas.
Quizá tenga que ver con su enorme extensión territorial, 8.5 millones de kilómetros cuadrados, quinto a escala mundial. Pero lo cierto es que aunque en los últimos tiempos parece dar algunos pasos vacilantes, Brasil supo aprovechar los tiempos de bonanza de la última década, en especial cuando las economías desarrolladas cayeron en crisis, situación que sirvió para que potencias con economías emergentes como la brasileña, ganaran nuevos espacios y crearan más riqueza.
No en vano Brasil es el representante latinoamericano en el Brics, el bloque de países emergentes como potencias económicas y que también incluye a países como Rusia, India, China y Sudáfrica. Sin embargo, lo anterior no significa que el país haya estado exento de problemas.
En las semanas y meses previos al inicio del campeonato mundial del que Brasil es sede, las protestas de numerosos sectores se han centrado en el enorme gasto gubernamental en la organización el evento. Solo en la construcción y remodelación de estadios se generó un gasto de $3,700 millones.
A ello se suman las inversiones en el sector turismo, que alcanzan hasta el momento los $63,000 millones, de los cuales $11,000 millones los desembolsó el estado brasileño. Un buen número de brasileños aseguran que semejantes cantidades de dinero habrían estado mejor invertidos en dar a la población, en especial a las clases más necesitadas, más y mejores escuelas y mejores servicios de salud pública.
Aunque el Gobierno argumenta que 42 millones de habitantes han ingresado a las filas de la clase media y 36 millones han superado la línea de pobreza, evaluaciones como las que realiza el Banco Mundial indican que casi 16% de los brasileños todavía se encuentra por debajo de esa línea, lo que en un país de 200 millones de habitantes representa casi 32 millones de personas.
En un reciente discurso previo al inicio del evento, Dilma Rouseff, presidenta de Brasil, dijo que el gasto organizativo no ha significado un menor gasto en atender las necesidades de la población.
“Hay gente que dice que los recursos de la Copa deberían haber sido aplicados a la salud y a la educación. Escucho y respeto esas opiniones, pero no estoy de acuerdo con ellas. Se trata de un falso dilema. Solo para quedar en una comparación: las inversiones en los estadios, construidos en parte con financiamiento de los bancos públicos federales y en parte con recursos de los gobiernos estatales y de las empresas privadas, sumaron 8,000 millones de reales (unos 3,000 millones de dólares).
Desde 2010, cuando comenzaron las obras de los estadios, hasta 2013, el Gobierno Federal, los estados y los municipios invirtieron cerca de 1.7 billones (más de 762,000 millones de dólares) de reales en educación y salud. Es decir: en el mismo período, el valor invertido en educación y salud en Brasil es 212 veces más grande que el valor invertido en los estadios”, dijo Rouseff.
El legado del Mundial
El otro gran argumento de las autoridades es que los ingresos que dejará la Copa en materia de turismo y las nuevas obras de infraestructura traerán beneficios a la población una vez concluya el evento, a la vez que la construcción de las obras y la industria turística han creado nuevos puestos de trabajo para miles de brasileños.
Según la consultora argentina Deloitte, el turismo en Brasil crecerá 80%, lo que permitirá un ingreso solo en el sector bienes y servicios de $50,000 millones.
Adicional a ello se crearán más de 3.5 millones puestos laborales temporales. Sin embargo, pese al gran movimiento económico, Brasil solo crecerá 1.4% este año, por lo cual parte de la población cuestiona el uso del dinero destinado para la realización de la máxima cita futbolística.
La Fifa también ganará por goleada. Sus ingresos alcanzarán los $4,000 millones de dólares, de las cuales el 60% son por derechos de transmisión y el restante por contratos publicitarios.