Rodeados de amistosos tiburones y curiosas tortugas astronautas de la NASA trabajan a 18 metros de profundidad en el océano para prepararse para futuras misiones a la Luna.
Vestidos con enormes cascos amarillo chillón y trajes de buceo, pero sin aletas, el astronauta José Hernández -hijo de mexicanos nacido en California- y el cirujano de vuelo Josef Schmid dan saltos como si estuviesen en la Luna, mientras ensamblan una estructura tubular en el fondo del océano.
Dentro del Laboratorio Submarino Aquarius, dos brazos robóticos teledirigidos a miles de kilómetros simulan una cirugía.
La operación submarina es parte de las 'Misiones de Operación en Ambientes Extremos 12' de la NASA, Neemo 12, para estudiar conceptos de medicina espacial, técnicas para caminar en la Luna y otros proyectos de exploración.
'En última instancia lo que estamos tratando de hacer es desarrollar conceptos operativos para misiones lunares', dice Bill Todd, gerente de proyecto de Neemo 12.
El equipo, integrado por dos astronautas, un cirujano de vuelo, un médico de la Universidad de Cincinnati y dos técnicos, permanecerá 12 días bajo el agua.
Su hogar temporal es Aquarius, un cilindro incrustado en coral que se parece al 'submarino amarillo' de los Beatles.
Ubicado a cinco kilómetros y medio de las costas de Cayo, Largo sur de Florida, Aquarius es el único laboratorio y hábitat submarino permanente del mundo.
'Nosotros consideramos esto como un ambiente extremo', dice Todd, de la Alianza Espacial Unida, que opera la flota de transbordadores espaciales de la NASA.
Virus latentes en los cuerpos de estos buzos se replican mucho más rápido en el fondo del océano que en la atmósfera terrestre, de manera similar a como ocurre en el espacio.
'No hay otro lugar que conozcamos en donde tengamos este tipo de respuesta', explica Todd, vestido de una camiseta que reza: 'Un pequeño aletazo para un hombre, un gran paso para la humanidad'.
La NASA espera que estas y otras misiones de Neemo en Aquarius eventualmente ayuden a los investigadores a entender por qué los virus se multiplican más rápidamente en el espacio que en la Tierra.
La otra meta de la misión es evaluar el uso de la tele-robótica en operaciones a distancia durante vuelos espaciales, simulando las intervenciones quirúrgicas con los dos brazos robóticos.
Los buzos también intentan resolver varios asuntos que la NASA tiene pendientes antes de reanudar nuevos vuelos con seres humanos a la Luna y eventualmente a Marte.
Durante sus 'caminatas lunares' en el océano los buzos llevan pesas de manera que se pueda simular la gravedad de la Luna, que es una sexta parte la de la Tierra.
Hernández y Schmid parecen dos astronautas en la Luna mientras dan saltos por el fondo del océano y, apurados, halan, empujan y mueven estructuras tubulares como parte de un ejercicio de construcción.
También recogen pequeños pedazos de coral muerto como lo harían si tomaran muestras en la Luna.
Pasan varias horas en lo que, en jerga de astronautas, se conoce como 'actividades extra-vehiculares', y regresan a casa, Aquarius, un módulo más apretado que la Estación Espacial Internacional, según quienes han visitado ambos lugares.
El cilindro de 81 toneladas tiene seis camas, ducha, retrete, horno microondas, refrigerador y computadoras conectadas a la base en Cayo Largo.
El oxígeno lo reciben mediante un 'cordón umbilical' proveniente de una boya de apoyo colocada sobre el cilindro.
Abandonar el barco no es una opción, tal y como ocurre en el espacio.
Como los astronautas pasan tanto tiempo bajo el agua sus cuerpos están saturados de nitrógeno.
Antes de subir a la superficie, la presión interna del Aquarius se reduce gradualmente durante 17 horas hasta niveles similares a los de la superficie. Luego pueden ascender rápidamente sin problemas.
Una salida rápida sin descompresión sería letal para los miembros del equipo.
A mitad de su ejercicio, del 7 al 18 de mayo, los astronautas recibieron, sin embargo, una sorpresa que los sacó de su rutina espacial y del aburrimiento de la comida seca. La tripulación en la superficie les envió una pizza recién horneada en un envase sellado al vacío.