Los enormes pedruscos que resplandecen en noches de luna llena en el sector de Armenta fueron lanzados por un volcán que hizo erupción hace años durante un combate entre dos poderosas tribus indígenas, según una leyenda.
La batalla se originó porque el cacique Payaca entregó la mano de su hija Timalpay, al hijo de otro poderoso soberano, sin tomar en cuenta que la muchacha estaba enamorada de un guerrero de su tribu.
Payaca recibió en sus dominios una comitiva enviada por el vecino del norte, Ulbacán, a pedir la mano de Timalpay para su hijo Amencal.
Payaca le contestó que después de dos lunaciones recibiría dignamente a su futuro yerno. Más no había contado con la voluntad de Timalpay quien mostró profundo desaliento y pareció resignada a su destino. Sin embargo, apenas se vio libre de la presencia del padre, se apresuró a contar la infausta nueva a Guaycana, su prometido, quien después de reflexionar dijo a Timalpay que no tuviera cuidado, que él se encargaría de arreglar todo.
La princesa Timalpay pidió a sus dioses para que su novio Guaycana no perdiera la guerra, que de repente estalló un volcán lanzandopiedras y lava.
El día llegó. Llevado en andas de oro venía Amencal ostentando en su robusto pecho las insignias de su elevado rango. Timalpay se miraba pálida cuando se presentó ante su próximo esposo, quien después de una doble inclinación, se dirigió a darle el beso de la consagración. En ese momento ella cayó desmayada y una saeta
se clavó en el corazón de Amencal.
Sólo pudo verse a un robusto guerrero que arrebató a la princesa y desapareció con presteza. Las consecuencias de aquel suceso, fue la guerra desatada por el poderoso Ulbacán contra la tribu de Payaca a quien consideraba el artífice del crimen. Muerto el cacique en uno de los primeros combates, continuó la guerra Guaycana. Ya parecía que el aniquilamiento de Guaycana era seguro cuando retumbó de pronto la cordillera.
Se coronó de llamas la cima y la súbita erupción de un volcán arrojó al espacio millares de pedruscos incendiados y cubrió el valle de espantosas corrientes de lava, que rodearon el campamento de Ubalcán, acabando con su poderoso ejército.
Desde entonces quedó cubierto Armenta con inmensos pedruscos y brota el agua termal que formaron las lágrimas que derramara Timalpay sobre la tumba de su padre. En el lugar sobresalen dos enormes peñas que parecen una sola. Aseguran que es allí donde reposan los restos de Guaycana y Timalpay.
Quienes conocen la leyenda se entretienen buscando las rocas donde reposan los restos de Guaycana y Timalpay.