Es considerado por muchos críticos como uno de los referentes obligados de la literatura hondureña. A sus 62 años de edad resiente no haber logrado la fama que hubiera deseado para sus libros.
La vida de Julio Escoto transcurre entre su trabajo de editor y escritor, oficio éste último que lo asalta con sus fantasmas en las altas horas de la madrugada, su tiempo preferido para escribir.
Con su jovialidad característica comparte experiencias sobre su vida y oficio.
¿Qué vivencia de su infancia ha marcado su vida?
Cada fin de año recibía un paquete de pasquines como premio por aprobar mi grado. Tuve una lectura constante de pasquines como “Santos, el enmascarado de plata” o “Los siete halcones”. Probablemente esa afición a la imagen y la palabra enriqueció mi afición a la letra. Otra vivencia es el hecho de que mi infancia feliz se rompe en 1957, cuando mi padre participa en política: hipotecó su casa y perdió sus bienes.
¿Esa experiencia de su padre influiría en su posición respecto al tema político?
Es probable que haya entendido que no era fructífero. Además, en 1956, viví una de las etapas más agitadas de la política hondureña. El partido emergente, el liberal, reprimido por la dictadura de Carías, luchaba por surgir y el Partido Nacional trataba de aplastarlo. Observé características que después entendí que son parte de nuestra idiosincrasia.
¿Qué importancia tiene la figura materna en su vida?
De mi madre tengo dos visiones: la de esposa, sometida no sería el término exacto, pero sí resignada a la palabra del varón. La otra corresponde a 1957, cuando los papeles se revierten, pues mi padre, al perder todo, se desploma sicológicamente e incluso se inclina a la bebida. Ella toma las riendas del hogar, vende tamales y montucas para educarnos hasta que mi padre se recupera.
¿Cuánto aportó la Escuela Superior del Profesorado a su carrera literaria?
Por suerte tuve como maestro, aunque no extraordinario, al dramaturgo español Andrés Morris, un hombre que nos condujo a conocer escritores hondureños. Los estudiantes de letras nos manejábamos con suficiencia, casi pedantería y creíamos que en Honduras no se había escrito algo que valiera la pena.
¿Aún se observa esa actitud?
Creo que toda generación debe ser parricida, excepto que para matar a una generación de escritores deben conocerlos y haberlos calificado y es lo que no nos ocurría. Cuando nos decían Marcos Carías Reyes, lo rechazábamos de inmediato.
Era un error. Esa actitud parricida quisiera verla en un grupo literario que se lanzara a romper esquemas. Tuve mucha ilusión con el grupo Arlequín, pero no lo logró y se aterrorizó ante la palabra impresa.
Algunos autores han cometido robo de libros, ¿recuerda alguna experiencia similar?
Lo he hecho en bibliotecas, no en librerías, pues me daba miedo. En la biblioteca de la Universidad de Florida había un libro que no se encontraba por ninguna parte, logré obtenerlo y aún lo conservo.
¿En qué momento tiene una visión clara de que su carrera es la literatura?
En el primer año de la Superior. Entro a formarme como profesor, no me atraía seguir la rutina de un maestro, pero creí que con esos instrumentos podía iniciar mi carrera de escritor. Los autores no se forman en universidades, pero es importante saber utilizar los instrumentos del oficio. Allí aprendí cómo enseñar y cómo se escribe, no cómo escribir.
¿Quiénes son sus mejores amigos de esa época?
Antonio José Rivas, Andrés Morris, Roberto Sosa, óscar Acosta, aunque lo miraba de abajo hacia arriba como don óscar, hasta que un día me obligó a quitarle el don y Roberto Castillo, que fue mi alumno y a quien le tengo admiración porque es sumamente serio en su trabajo. Como él creo que sólo Marcos Carías Zapata posee esa sistematización y disciplina para escribir.
La mayoría de ellos son poetas, pero Julio Escoto optó por la narrativa. ¿Escribió usted poesía?
En algún momento, pero gracias a Dios los poemas desaparecieron en una caja que dejé cuando me fui a estudiar a Estados Unidos. Sospecho que mi desviación, por llamarlo de alguna manera, hacia la narrativa se debió a que entendí que no tenía calidad para la poesía.
Al inicio de su trabajo literario escribe cuentos...
Sí, creo que hice bien porque son pocos los casos en que alguien acierta cuando escribe novela de un golpe.
Pasemos a uno de los temas que lo caracterizan, aún en sus textos. ¿Cómo definir la identidad nacional? Pensamos en México o Cuba y de inmediato hay referentes...
Las identidades nacionales dependen no sólo del cuajado de la colectividad a través de la historia, sino también de las raíces anteriores a esa identidad. Es decir, cómo vamos a hablar de las raíces de una identidad nacional que aparentemente no existe. A Cuba llega un español de fuerte carácter, el gallego.
Ese hecho establece una forma de ser que dará lugar a la identidad nacional cubana. El caso de México es similar, no Honduras, pues aquí vino una multiplicidad y partimos de una raíz menos estructurada.
Sí hay una identidad hondureña, pero aún es débil. Cuando analizo este problema me remito a pruebas históricas y situacionales y me pregunto: si no existiera una congruencia de identidad nacional hondureña, aunque fuera suave, ¿por qué el país sigue existiendo? Los criollos que son nuestra base, ya concebían una nacionalidad hondureña y los próceres pensaban en la defensa de un territorio hondureño. Nuestra debilidad está en la identidad cultural.
¿Cómo nace su interés por la figura de Morazán?
Es un proceso largo en mi historia personal. Mi adolescencia fue sufrida, a pesar de mi infancia feliz, quería definir qué era con respecto a los demás, pero lo intelectualicé. Por eso mi primera novela se ambienta en Ilama, como una búsqueda de entender la identidad de mi familia. Al volver la mirada a los próceres me atrajeron Francisco Morazán y José Cecilio de Valle porque Dionisio de Herrera, Lempira, José Trinidad Reyes y José Trinidad Cabañas eran constructores de su presente inmediato. Morazán y Valle escriben sobre la Honduras que quieren para el futuro.
¿A su edad y trayectoria literaria, hay algo que aún no ha alcanzado?
Tengo dos problemas; uno es coyuntural y el otro mucho más serio. El primero es que no he podido salir del hoyo centroamericano. Tengo una obra no maravillosa, pero con algún nivel de calidad y podría salir a espacios más amplios, pero no tengo los contactos ni la suerte de caer en manos de un agente literario que venda los libros fuera. El otro es el de la ansiedad de escribir una novela con la suficiente fuerza que pueda quedar para el futuro.
¿Tienen alguna preocupación metafísica o espiritual?
La tuve hasta 1995 cuando entré en una etapa de explicación de lo que había pasado con la muerte de mi segunda esposa y estudié muchos libros basura y pocos buenos sobre gnosticismo. La preocupación normal de todo ser humano es la muerte y no puedo decir que soy la excepción, pero la he superado bastante porque creo que sí hay una trascendencia posterior y eso me da tranquilidad. Preocupaciones metafísicas las tengo, pero no son angustiosas.
¿Cómo le gustaría ser recordado?
Como un buen amigo.
Su perfil
Nombre: Julio Escoto.
Fecha de nacimiento: 28 de febrero de 1944
Padres: Pedro Escoto y Concepción Borjas Cabrera
Esposa: Flor Alvergue
Hijos: Julio Guillermo, Carlos Adolfo y Jorge Enrique
Nietos: Kevin, Diego y Guillermo Enrique, por nacer
Ocupación: Escritor y editor
Al vuelo
Hijos: El mejor logro en mi vida
Literatura: Angustia constante
Honduras: Esperanza
Virtud: La lealtad
Defecto: Lo contrario a la lealtad
Un sueño: Dejar una obra para ser recordado en el futuro
Esposa: Satisfacción en los planos espiritual y artístico
Extractos
Visión
“Creo que mi novela ‘Madrugada’ se leerá unos diez o veinte años luego de que muera, quedará en la historia de la literatura hondureña, pero no creo que se vaya a publicar en Francia, China u otro país”.
Curiosidad
“En mi infancia leí libros no apropiados para mi edad, pero que descubrí escondidos por la casa”.
Enseñanza
“Me retiré de la docencia porque me di cuenta de que comenzaba a repetirme. Ponía los ejemplos o contaba los mismos chistes de los años anteriores”.
Sentencia
“Nuestro pueblo tiene lo que los médicos llaman un largo umbral del dolor, soporta el dolor a muy largo plazo. A pesar de los gobernantes el país ha cambiado, no por los políticos, sino por el pueblo”.
Realidad
“Uno sigue sometido a las reglas del mercado, pero a ¿qué grado se somete? Afortunadamente he podido resistirme a no baratear el trabajo”.
Elección
“En la adolescencia uno desarrolla ambiciones y escoge profesiones acordes a las mismas. Elegí la literatura. Escribo pensando en cómo cambiarle el pensamiento al lector”.
1. “Acepté ya que no alcancé la fama mundial, soy conocido en muchos ámbitos, pero no en ese movimiento del libro que tanto hubiera deseado”.
2. “Nadie puede escribir novela si no ha vivido. En ella se acumulan experiencias, aunque van con el nombre de los personajes”.
3. “Mi padre me alentaba para que escribiera. Es más, mi primer libro de cuento lo hice a partir de sus relatos sobre la revolución”.
4. “Mis enemigos han sido pocos; mis dificultades, mayores. El hecho de haber construido una base para escribir me satisface”.
5. “No puede haber un cambio profundo en la colectividad si no ocurre primero a nivel personal. Por medio de la literatura busco eso.”
6. “Me encanta la docencia por el nerviosismo intelectual que provoca, uno es obligado a estudiar para las clases que impartirá”.