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“Que me dialicen, no me quiero morir... siento que me ahogo”

Por una deuda de L220 millones, Diálisis de Honduras no da tratamiento

Los afectados acompañados por sus familiares protestaron ayer en todo el país. En SPS fue frente a la Catedral.

San Pedro Sula, Honduras

Un pañuelo negro cubre el catéter que Elizabeth Caballero lleva en el cuello desde hace tres años.

Tiene 37 años, 4 hijos y sus riñones ya no responden. Viaja desde la López Arellano, en Choloma, tres veces por semana para que eliminen de su cuerpo las sustancias tóxicas de la sangre, especialmente las que quedan retenidas a causa de la insuficiencia renal que sufre.

Deuda
El Gobierno no ha honrado la deuda de 250 millones de lempiras que mantiene con la compañía.

Con el rostro sudoroso y su voz temblorosa confiesa que comienza a debilitarse físicamente. Pero la preocupación es mayor desde que fueron notificados por la empresa Diálisis de Honduras que las sesiones se suspendían por falta de pago del Gobierno.

Se quejaron desde el día de la notificación, pero no hubo respuesta, por lo que con mucho sacrificio y riesgo de recaer decidieron protestar junto a decenas de enfermos renales que están en iguales y quiza peores condiciones.

Caballero fue diagnosticada hace tres años cuando llegó al hospital Mario Rivas porque no podía dormir, vomitaba todo lo que comía y sentía mareos y náuseas.

A partir de ahí comenzó su calvario, pero las diálisis representan para ella una oportunidad de vida.

Junto a Elizabeth llegó a la tercera avenida un grupo de pacientes portando carteles, también había familiares y amigos conscientes de la problemática.

Pero no había nadie de la empresa Diálisis de Honduras acompañándolos, lo que para algunos peatones del centro demuestra que en Honduras la salud es un negocio y no hay solidaridad en estas luchas.

Ellos pedían y hasta clamaban al Gobierno porque les restablecieran su tratamiento.

Relatos desgarradores

Cada paciente tiene su historia y el común denominador es la falta de recursos, pero sobre todo las ganas de vivir, oportunidad que solo Dios y las diálisis les dan.

“Llevo dos noches sin dormir, no como ni bebo porque si lo hago siento que me voy a morir, me voy a asfixiar. Yo tengo que vivir, no me voy a morir. Tengo una niña chiquita y soy viuda y no tengo dinero para hacerme diálisis en una clínica privada”, dice Cristina Pérez.

Números
Unos tres mil pacientes renales son los que están atravesando por esa situación, quienes asisten a tratamiento a 12 centros a nivel nacional.

“Yo necesito que me dialicen, por favor, las recibo tres veces por semana, me pongo mal y el jueves recibí mi última diálisis”, repetía Pérez.

Igual, María Victoria Díaz clamaba: “Ya no aguanto, yo no me quiero morir, por favor, paguen esa deuda, ya no aguantamos. Desde el jueves que me dialicé no tengo tratamiento, tengo dos noches de no poder dormir y mi cuerpo está intoxicado. Ya no aguantó un día más, hay compañeros que se están desmayando”.

Los relatos conmueven hasta al más insensible porque se trata de vidas, y el mayor problema es que cada vez que el Gobierno incumple en sus pagos la historia se repite.

Enrique Flores, representante de la Asociación Latina de Pacientes Renales, dice que esta es la realidad que se vive.

“No solo es en San Pedro Sula, sino a nivel nacional. Desde el año pasado estamos en este problema. La empresa quiere atender, pero no cuenta con los insumos y eso complica la problemática”, dice.

En su desesperación, algunos de los afectados, como Héctor Molina, dicen que no es posible que la empresa diga que no hay insumos de un día para otro porque los compran por cantidades, y como el Gobierno tiene una deuda con ellos dejan de dar el tratamiento como una manera de presionar para que les paguen los millones que deben.

El presidente de la Asociación de Enfermos Renales, Jorge Cervantes, dice que desde el jueves anterior no reciben diálisis, y de no reanudarlas los pacientes colapsarán.

“Pedimos al Gobierno que nos ayude porque ya tenemos compañeros que están graves por el problema”, dijo. Ayer el Gobierno y la empresa buscaban una solución a la deuda de L220 millones.