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Yamaranguila, un destino en Honduras enclavado en las montañas

El occidente de Honduras ofrece destinos encantadores en donde la tradición y su gente son verdaderos tesoros.

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Se ubica a 201 kilómetros de San Pedro Sula y para llegar se debe conducir durante dos horas con 17 minutos por la carretera CA-5 hasta llegar a Siguatepeque y luego tomar la CA-11 que va a La Esperanza y en unos 15 minutos se llega al destino.

Yamaranguila, Honduras

Yamaranguila, en Intibucá, es un poblado lenca enclavado entre verdes montañas de pino. Se ubica a 201 kilómetros de San Pedro Sula y para llegar se debe conducir durante dos horas con 17 minutos por la carretera CA-5 hasta llegar a Siguatepeque y luego tomar la CA-11 que va a La Esperanza y en unos 15 minutos se llega al destino.

El municipio está a 1,773 metros sobre el nivel del mar, por lo que sus temperaturas máximas son de 22 grados centígrados, en temporada de invierno descienden hasta los seis grados. Es atravesado por cinco ríos y en la parte más alta se encuentra El Cedal, la cuenca hidrográfica que abastece a nueve comunidades de la región.

Uno de los sitios que los turistas nacionales o extranjeros no pueden dejar de visitar es la iglesia San Francisco de Asís, ubicada en el centro de Yamaranguila, que fue construida en 1971. El altar mayor fue tallado en madera y bañado en oro y como dato curioso tiene un vertedero de agua que no cesa. La campana es de bronce y los santos son coloniales tallados en madera.

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La Cascada es uno de los lugares más concurridos en la zona. Es una caída de agua de unos 150 metros en la que se forma un arcoíris cuando es iluminada por el astro rey. Está a unos cinco minutos de ciudad de La Esperanza, si se va en carro.

En la comunidad de Los Olivos se encuentra el Cerro de Los Hoyos en medio del bosque nublado. Los huecos tienen una profundidad aproximada de 25 metros.

Los visitantes pueden llegar al sitio caminando desde La Esperanza en una hora y media; el camino es empinado. La Asociación Intibucana de Guías Turísticos es la encargada de organizar los recorridos por el cerro, lugar que encanta por su belleza natural y misterio. Por ser un bosque nublado, la vegetación es abundante y ese es otro aspecto que hace atractivo el sitio.

Los habitantes del lugar se dedican al cultivo de maíz, frijoles, hortalizas, café, duraznos y fresas, productos que son vendidos en el mercado de La Esperanza.

Las festividades religiosas atraen a un sinnúmero de turistas. El 4 de octubre es en honor a San Francisco de Asís, y el 13 de diciembre se celebra el día de Santa Lucía. El 80% de los pobladores son católicos. La danza del guancasco es un baile típico, en el cual los bailarines se colocan máscaras.

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