“No eran socios, solo trabajadores”: el desgarrador clamor de familiares de víctimas en Colón
Asciende a 21 el número de víctimas de la masacre en la comunidad de Rigores, en Trujillo, Colón
- Actualizado: 22 de mayo de 2026 a las 13:44 -
Entre llantos, entierros colectivos y reclamos de justicia, los habitantes de una comunidad campesina del Caribe de Honduras despidieron este viernes a la mayoría de las 21 personas asesinadas en una masacre en la región del Aguán, una de las zonas más violentas del país por un histórico conflicto de tierras agravado por el narcotráfico y la presencia de grupos armados.
La mayoría de las víctimas fueron enterradas de forma simultánea entre las 07:00 y las 08:00 de la mañana en el cementerio de Rigores, entre escenas de dolor de familiares y vecinos de esta comunidad de gente campesina que se dedica a trabajar en el corte de fruta de palma africana y al cultivo de granos básicos como maíz, frijoles y tubérculos como la yuca, entre otros.
"Yo quiero a mi abuelo", gritaba desconsolada una niña al ver que lo sepultaban en el cementerio de esta comunidad, donde también se vivieron momentos trágicos como el entierro de tres hermanas en una misma fosa, o el de los hermanos Elmer y Wilmer Suchite, de 25 y 22 años.
El llanto desgarrador se escuchaba en todo el camposanto, al que asistieron hombres, mujeres y niños de todas las edades a despedir a sus familiares, víctimas de una de las masacres más horrendas cometidas en el país en una región que ha sido de muchos conflictos y que le ha costado la vida a más de 200 personas en las últimas décadas.
Armando Suchite, padre de dos de las 21 personas asesinadas, dijo que sus hijos "solo se dedicaban a trabajar" y no se explica qué pudo suceder para que se produjera esta matanza, perpetrada por hombres armados vestidos con uniformes de la Policía en una zona golpeada por los conflictos de tierras.
La Policía Nacional, que comenzó a desplegarse en la zona el jueves por la noche, "está investigando el hecho", dijo a EFE un oficial recién llegado a la localidad.
"No le puedo decir qué es lo que pasó. Solamente ellos saben", dijo Armando, padre de Elmer y Wilmer Suchite, de 25 y 22 años, asesinados en la madrugada cuando, como el resto de las víctimas, se preparaban para trabajar en una plantación de palma africana.
Eran jóvenes “humildes" y "bien tranquilos”, dedicados únicamente al trabajo agrícola, dice el padre, de 55 años. El mayor de sus hijos, Elmer, deja dos niñas pequeñas, y Wilmer tenía otra hija.
“Mis hijos trabajaban allí en esa finca por un salario que les pagaban; no eran socios, solo eran trabajadores", insiste, tras explicar que eran originarios del departamento de Yoro, en el norte del país.
Entre los familiares de las víctimas el consenso generalizado es que no saben qué pasó, solo que ahora sus familiares están muertos y que la justicia debe actuar de inmediato.
En la colonia Nueva Vida el luto es colectivo, donde varias familias lloran a las víctimas de una masacre ocurrida en una región en la que las disputas de tierras han dejado cerca de 200 muertos en las últimas décadas.
El conflicto en Colón se originó tras la venta de tierras —otorgadas originalmente a labradores mediante una reforma agraria hace medio siglo— a grandes empresarios agrícolas, unas propiedades que en la actualidad reclaman las nuevas generaciones de campesinos.