La toma de posesión de Nasry Asfura como presidente de la República de Honduras no solo fue un evento político de gran relevancia, sino también un escaparate de moda y estilo. Las funcionarias e invitadas especiales se convirtieron en protagonistas de una pasarela improvisada, donde los looks elegidos marcaron tendencia y reflejaron la elegancia del momento.
Uno de los estilos más destacados fue el vestido camisero, una prenda que combina comodidad y sofisticación. Varias asistentes optaron por este corte, que se adapta a diferentes siluetas y transmite una imagen fresca y moderna. El camisero, además, se consolidó como una opción versátil para actos oficiales.
El camisero, además, se consolidó como una opción versátil para actos oficiales. Los vestidos traslapados también tuvieron un papel protagónico. Este diseño, caracterizado por su caída fluida y su capacidad de estilizar la figura, fue elegido por funcionarias que buscaban proyectar sobriedad sin perder feminidad.
La tendencia traslapada aportó dinamismo y movimiento a la ceremonia. Este tipo de traje se posicionó como símbolo de empoderamiento en la política y la sociedad.
No menos relevantes fueron los trajes de tres piezas, que marcaron un regreso triunfal en la moda femenina. Funcionarias y empresarias invitadas apostaron por este conjunto, que combina blazer, pantalón y chaleco, transmitiendo autoridad y elegancia. El traje de tres piezas se posicionó como símbolo de empoderamiento en la política y la sociedad.
En cuanto a la paleta cromática, los tonos nude dominaron la escena. El camel y el blanco fueron recurrentes, proyectando pureza y sofisticación. Estos colores neutros se convirtieron en aliados de quienes buscaban un look atemporal y refinado, ideal para un evento de trascendencia nacional.
Estos colores neutros se convirtieron en aliados de quienes buscaban un look atemporal y refinado, ideal para un evento de trascendencia nacional. En la imagen, Alia Kafati.
El café y las tonalidades pastel, como el azul claro y el rosado, también tuvieron gran presencia. Estos tonos aportaron suavidad y frescura, creando un contraste delicado frente a la solemnidad del acto. En la imagen, Juan Diego Zelaya, junto a su esposa Paola Rubí
Sin embargo, los colores disruptivos no pasaron desapercibidos. El amarillo, vibrante y lleno de energía, fue elegido por algunas invitadas que quisieron destacar entre la multitud. Este tono, asociado con optimismo y vitalidad, rompió con la sobriedad predominante y atrajo todas las miradas.
El azul marino, por su parte, fue el verdadero protagonista. Tanto damas como caballeros lo eligieron como color insignia, reflejando autoridad, confianza y sobriedad. Este tono se convirtió en el hilo conductor de la jornada, reafirmando su lugar como clásico infalible en eventos de alto nivel.
Los estampados florales también hicieron su aparición, adaptados a la paleta de moda. Diseños con flores en tonos pastel y nude se integraron con elegancia, aportando un aire romántico y contemporáneo. El floral, lejos de ser un recurso casual, se consolidó como un statement de estilo en la ceremonia.
Nasry Asfura y su esposa Lissette del Cid. La primero luce un elegante traje de dos piezas, chaqueta estilo tweed.