Hondureño llamó al 911 tras, supuestamente, matar a cuatro inmigrantes en Texas
Christian Joel Maldonado enfrenta cargos de asesinato capital. A una de las víctimas le decía "mamá" por haberlo alojado en su casa
- Actualizado: 06 de octubre de 2026 a las 12:05 -
Un hondureño de 25 años permanece detenido en Texas, acusado de haber matado a cuatro integrantes de la familia con la que residía en las cercanías de San Benito. Después del presunto ataque, el hombre salió de la vivienda acompañado por tres menores, entre ellos un bebé de apenas dos meses, y llamó al 911 para informar lo ocurrido.
El sospechoso fue identificado como Christian Joel Maldonado Pacheco, quien enfrenta cuatro cargos de asesinato capital y tres acusaciones relacionadas con abandono y puesta en peligro de menores.
Las víctimas fueron Donaciano Guzmán Vargas, de 50 años; Gustavo Guzmán Grajales, de 29; María Ester Amayrany Moreno Sánchez, de 28; y Leticia Vargas Fernández, de 67 años, esta última llamada "mamá" por Pacheco, según informó el sheriff del condado de Cameron, Manuel Treviño.
El crimen ocurrió durante la madrugada del 13 de septiembre. Cerca de las 3:18 a. m., Pacheco se comunicó con los servicios de emergencia y afirmó que acababa de disparar contra varios miembros de su familia utilizando una pistola Glock.
Cuando llegaron los agentes, encontraron al hondureño en el exterior de la residencia, junto a los tres menores: dos niños de 9 y 4 años y un bebé de dos meses. De acuerdo con los documentos judiciales, Pacheco llevaba además un cargador con munición real. Posteriormente fue trasladado a las instalaciones de la Oficina del Sheriff del Condado de Cameron.
Durante una entrevista realizada aproximadamente a las 6:20 a. m., Pacheco relató a los investigadores que horas antes había participado junto a las víctimas en una celebración de cumpleaños. Después de que terminó la reunión, recibió una llamada de Grajales, quien le pidió que llevara carne sobrante hasta una vivienda situada en County Road 819, en San Benito.
Según su versión, posteriormente salió de la casa junto a Vargas y ambos fueron a un bar, donde consumieron bebidas alcohólicas antes de trasladarse a otro establecimiento para jugar al billar. Antes de salir, Pacheco aseguró que tomó su pistola y la colocó en la cintura. Más tarde, los dos hombres abordaron un automóvil Acura de color azul. Pacheco declaró que Vargas se desorientó mientras conducían y que la situación terminó en una discusión. Según la declaración jurada, el sospechoso afirmó que Vargas lo insultó y lo hizo sentir menospreciado, mientras él sostenía el arma en la mano.
La discusión terminó con Pacheco disparándole a Vargas dentro del vehículo. El acusado dijo no recordar cuántas veces accionó el arma y aseguró que posteriormente sacó a la víctima del automóvil y dejó su cuerpo en medio de una carretera antes de regresar a la vivienda. Una vez en la residencia, Pacheco aseguró que tomó munición de su dormitorio y se dirigió a la habitación de Grajales. Según la declaración jurada, le disparó mientras se encontraba dormido. Luego escuchó gritar a Sánchez y, al percatarse de que también había resultado herida, volvió a dispararle hasta causarle la muerte.
Después del ataque, Pacheco utilizó la luz de su teléfono para localizar al bebé de dos meses, que se encontraba en una cuna próxima a la puerta del dormitorio. Los investigadores posteriormente localizaron varios casquillos de bala dentro de la cuna. El hondureño tomó al bebé y lo llevó hasta donde estaban los otros dos menores. Según los documentos judiciales, les aseguró que todo estaba bien y les indicó que salieran de la vivienda. Cuando se disponían a abandonar el inmueble, Vargas Fernández salió de su habitación y se enfrentó a Pacheco. El acusado le disparó mientras sostenía al bebé y los otros dos niños se encontraban frente a él.
Ya en el exterior, Pacheco entregó el bebé a la niña de 9 años y realizó la llamada a los servicios de emergencia que permitió alertar a las autoridades sobre la masacre. El hondureño permanece recluido sin derecho a fianza en el Centro de Detención Carrizales-Rucker, en el condado de Cameron, mientras enfrenta los cargos por los cuatro homicidios y las acusaciones relacionadas con los menores.