Cirrosis y miedo a ser ultimado: la caótica vida del Viejo Lin en prisión
El histórico líder de la pandilla 18 ejerció un poder similar al de un jefe de Estado. Sus días en prisión se convirtieron en un calvario e incluso debió cuidarse de sus antiguos "hommies"
- Actualizado: 02 de junio de 2026 a las 11:01 -
La muerte de Carlos Ernesto Mojica Lechuga, conocido como “El Viejo Lin”, puso fin a la trayectoria de uno de los líderes pandilleros más influyentes y temidos en la historia reciente de El Salvador. Durante décadas, su nombre estuvo asociado al liderazgo de la facción Sureños del Barrio 18, una estructura criminal que llegó a consolidar una amplia capacidad de control territorial y financiero en distintas zonas del país.
En sus últimos días, Mojica Lechuga permaneció bajo custodia estatal mientras enfrentaba un delicado cuadro de salud. Imágenes difundidas en redes sociales lo mostraban en un centro hospitalario, en silla de ruedas, esposado y bajo vigilancia permanente de agentes de seguridad.
Según diversos reportes, padecía graves complicaciones médicas, entre ellas un tumor cerebral y enfermedades hepáticas como cirrosis.
La historia de “El Viejo Lin” comenzó mucho antes de convertirse en uno de los principales referentes del Barrio 18. De acuerdo con investigaciones periodísticas y judiciales, pasó parte de su juventud en Los Ángeles, Estados Unidos, donde se vinculó a la pandilla. Posteriormente fue deportado a El Salvador durante la década de 1990, en un período marcado por la expansión de estas estructuras criminales en Centroamérica.
Con el paso de los años ascendió dentro de la organización hasta convertirse en uno de sus máximos dirigentes. Autoridades e investigaciones judiciales lo señalaron como una figura clave en la toma de decisiones relacionadas con extorsiones, asesinatos, conflictos internos y otras actividades ilícitas atribuidas al grupo. Su liderazgo se mantuvo incluso desde centros penitenciarios, donde continuó ejerciendo influencia sobre la estructura.
Las investigaciones fiscales y policiales desarrolladas en distintos momentos sostuvieron que el Barrio 18 operaba bajo esquemas organizados para la recaudación de dinero proveniente de extorsiones y otras actividades ilegales.
Diversos procesos judiciales también vincularon a integrantes de la pandilla con homicidios, tráfico de armas y otros delitos que contribuyeron a los altos niveles de violencia registrados en el país durante varios años.
Durante la década de 2010, Mojica Lechuga adquirió notoriedad pública al participar en actividades relacionadas con el proceso de tregua entre pandillas impulsado en El Salvador. Su aparición en espacios públicos generó debate sobre la influencia que estas estructuras habían alcanzado dentro de la sociedad salvadoreña y sobre el papel que desempeñaban en la dinámica de seguridad nacional.
En los últimos años, el endurecimiento de las políticas de seguridad y los operativos contra las pandillas redujeron significativamente la capacidad operativa de líderes históricos como “El Viejo Lin”. Su fallecimiento ocurre en un contexto marcado por el debilitamiento de las estructuras tradicionales de las maras y representa el cierre de un capítulo relevante dentro de la historia criminal salvadoreña.
Aunque su figura perdió protagonismo con el paso del tiempo, su nombre continúa ligado a una de las etapas más violentas que ha enfrentado El Salvador.