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'Yo hago el cine que me gusta ver”: Adrien Brody

  • Actualizado: 10 julio 2010 /

El actor Adrien Brody asegura que jamás aceptó una sola película únicamente por el dinero.

Todavía no habían pasado las doce del mediodía en Los Ángeles cuando desde el otro lado del teléfono apareció un particular acento americano tratando de hablar en español “¿Qué tal, Fabian?”. Era nada menos que Adrien Brody queriendo adelantar una programada entrevista exclusiva porque todavía no había llegado a Los Ángeles.

“Estuve el fin de semana en Las Vegas y ahora estoy volviendo”, comentó gracias a los efectos especiales de su teléfono celular. Y aceptando la nueva propuesta, hablamos sobre la repercusión del Oscar y aquel envidiado beso con Halle Berry, la fama en su vida personal y su propia perspectiva cuando la gente lo compara con otros grandes como Al Pacino o Robert De Niro.

¿Le gusta que lo comparen con De Niro o Al Pacino?

Obviamente es un honor. A la gente le gusta colocar etiquetas para identificar algo que tenga sentido para ellos. Y en el calibre de actuación que había en los años 70 se destacaban personas como ellos. Físicamente no nos parecemos, pero en la primera crítica que recuerdo cuando era jovencito, en un festival de Sundance, publicaron que yo tenía la misma intensidad que un joven Pacino o De Niro. No me voy a olvidar nunca y todavía me acuerdo del periodista que lo escribió porque ese comentario para mí fue un gran honor.

¿Por qué cree que la gente admira tanto a las estrellas de cine como Pacino, De Niro o usted?

Hay cierto elemento de celebridad que genera estar a la vista del ojo público, hacer algo que llega sentimentalmente a la gente. Los actores tenemos la habilidad de conectar con la gente en un nivel muy profundo, aunque seamos completos extraños. Porque en el cine se encuentran solos, en un lugar oscuro donde sus emociones se magnifican en la pantalla y se crea una íntima conexión, creen que nos conocen de verdad.

¿Personalmente se impresiona o se pone nervioso al conocer a ciertas celebridades?

Hay gente que me ha impresionado, pero los puntos de vista varían. Yo no me paralizo de entusiasmo, pero tuve el privilegio de conocer a ciertas personas que admiro mucho y es algo que también expresé.

¿Quién fue el primer famoso que conoció personalmente?

La primera vez, yo había identificado a una estrella de cine con alguien que me parecía conocido. Es algo que pasa muy a menudo. Te paran para saludarte y de pronto se dan cuenta de que realmente no te conocen. Y yo hice lo mismo, en un aeropuerto de Los ángeles, con Arnold Schwarzenegger, hace quince años. Cuando lo vi, me parecía alguien muy familiar y en el segundo que lo saludé me di cuenta de que no lo conocía para nada. Fue algo muy extraño que también experimento yo con otras personas que me saludan.

¿De verdad? ¿Lo confunden mucho?

Sí, me paran pensando que soy otro famoso (ríe). Pero por lo general no saben quién soy, me reconocen y pasan horas pensando dónde me han visto. A veces me dicen: “Te pareces al actor de la película ‘The pianist’.” Y yo les contesto que siempre me confunden así (risas).

En cine, en cierta forma, espiamos la intimidad de ciertas personas, así como en la vida real nos gusta averiguar las intimidades de los protagonistas. ¿Impone límites en ese sentido?

Todos lo hacemos. Si alguien viniera y te planteara preguntas inapropiadas, probablemente dirías lo mismo. En general entiendo que hay cierto elemento de interés, pero la mayoría de la gente es siempre muy respetuosa. Por suerte, soy mucho más conocido por mi trabajo como actor que por ser una celebridad famosa. Y eso siempre ayuda.

¿Cambia en algo el trabajo como actor cuando le toca una superproducción como “Predators” o “King Kong”, en comparación con películas más íntimas como “Manolete” o “El pianista”?

Uno sigue teniendo la responsabilidad de lograr que cada momento sea lo más verdadero posible. Cuando hice “King Kong” pensé que me iba a divertir muchísimo, pero resultó increíblemente difícil porque tuve que trabajar mucho más para conseguir el nivel de miedo o la adrenalina en medio de una situación que básicamente no existía. Y ésas son las cosas que también mejoran al actor.

¿En la película “Predators” fue igual?

“Predators” es muy especial porque volvieron a los efectos prácticos, con un estilo de cine donde usaron ciertos elementos de la clásica pantalla verde (donde después agregan efectos por computadora), pero interactué con predadores de dos metros. Y dentro de ese predador había un actor que recreaba a un personaje dentro de su disfraz. ¡Todavía tengo rasguños en el cuello! Tenían ojos y una mandíbula que se movía por control remoto. Estaba viendo algo que realmente me intimidaba. Fue mucho más fácil. Estaba en un estudio bajo fuego, el humo me entraba por los pulmones, la atmósfera era muy diferente. Pero me enfrento a todos los trabajos con la misma dignidad que impuse en otro estilo de películas como “The pianist” o “The jacket”. Trabajo mucho antes de cualquier rodaje.

¿Quiere decir que pasó por un proceso especial de investigación también para la película “Predators”?

Sí. Pasé bastante tiempo considerando la forma de pensar del militar, un hombre que pasó su vida en cierto estilo de entrenamiento militar. Y aunque se trata de una película de puro entretenimiento, hay que buscar la verdad en cada situación.

¿En cierto sentido el tamaño del trabajo no varía con el tamaño de los millones que le pagan por una película?

Es irrelevante. Yo jamás acepté una sola película por lo que me pagaban. Sólo trabajo en algo que me llega o pasa por un viaje que quiero recorrer, con ciertas personas que admiro, en algo que tenga un impacto positivo para mi vida, mi carrera y el público. Hago el cine que me gusta ver.

¿Pero al menos coincide en que no es tan fácil encontrar hoy en Hollywood roles como el de “Manolete” o “El pianista”?

Todo depende. Creo que hay roles magníficos, pero no sólo hay que estar bien físicamente y disponible cuando te llaman; también hay mucha competencia como en cualquier profesión. Los más grandes roles van a los actores “top” y no siempre se basan en quién se merece el trabajo. Hay otros factores en juego. Por eso hay algunas joyitas, pero precisamos trabajar para encontrarlas.

Y desafortunadamente no hay tantas como uno piensa; por eso tampoco hay tantas películas brillantes en el cine. Pero hay buenos roles. Acabo de trabajar con un director que debuta en cine con una película que se va a llamar “Wrecked”, para el año próximo; es uno de los guiones más fantásticos y originales que he leído. El rol es increíble, la historia es muy rara. Pero “Manolete”, claro, fue muy original.

¿Sentado como un espectador ve el mismo parecido que nota el público entre usted y el torero Manolete?

No creo que haya otro actor que pueda interpretarlo como lo hice. Eso, seguro.

¿Y cómo estuvo Penélope Cruz en esa misma película?

Penélope tiene una devoción por su trabajo. Me parece que tuvo un trabajo maravilloso en ese rol y creo que es fantástica.

¿Ya había conocido España antes del rodaje de “Manolete”?

Sí, creo que ya había estado en España un par de veces.

¿Lo que más le gusta del público hispano, en general?

La cualidad que más me impresiona es la libertad que tienen, cómo disfrutan la vida. Admiro cómo se preocupan mucho menos que en Estados Unidos.

¿Aprendió bien el español?

Mi español no es tan bueno como mi francés, que es bastante malo, por no exagerar. No puedo decir demasiado, pero puedo entenderlo, en especial cuando la gente habla de mí (ríe).

¿Reconoce los insultos? ¿Alguna “mala” palabra preferida en español?

Probablemente “joder” (le cuesta parar de reír). Pero nada más.

¿Cuál cree que sea el concepto más equivocado que tiene la gente sobre usted?

Me gusta experimentar y trabajar en géneros diferentes, pero a veces me parece que cuestionan mi sentido del humor para hacer comedias por el trabajo que ya hice o por ser tan serio en ciertas entrevistas sobre películas muy serias y la gente no cree que tenga la habilidad de interpretar a un personaje de comedia.

Y por eso agradezco que directores como Wes Anderson hayan creído que yo podía entrar en ese mundo, pudiendo trabajar con actores como Owen Wilson, que es increíblemente gracioso. Pero ya lo ves, ahí existe un concepto ciertamente equivocado.

Por lo que a mí respecta, no podía parar de reír aquella vez que recibió el Oscar y le dio un apasionado beso en la boca a Halle Berry...
Ya ves que puedo ser muy gracioso.

¿Aquel beso de Halle Barry fue una broma, una expresión natural? ¿Cómo lo recuerda?

No fue una broma, pero llevaba cierto sentido del humor adentro. Es lo que quise mostrar. Obviamente no fue un chiste, pero en esa sala siempre hay una extrema cantidad de amor y estaba en un lugar perfecto. Era una oportunidad que no podía dejar pasar, no fue mucho más allá de querer disfrutar el momento, tal cual como hacen los hispanos (ríe). Es algo que admiro mucho y pude hacerlo con la increíble intensidad del momento, fue muy emocionante.

¿Volvió a encontrarse después con ella? ¿Volvieron a hablar del tema?

Ah, sí, no resultó ningún problema para nadie.

Más allá del famoso beso... ¿El Oscar cambió su vida realmente?

Ese preciso momento cambió mi vida mucho más que 17 años de actuación que había tenido antes. Es algo muy difícil describirlo en un par de oraciones. Significó mucho tanto para mi carrera como para mi vida personal; aprendí muchísimo.

Mi padre lo describió mucho mejor cuando gané y me dijo ‘Se necesitan 15 años para tener éxito de la noche a la mañana’. A mí me tomó 17, pero realmente cambié de la noche a la mañana. La vida se volvió diferente, la percepción de la gente cambió y ajustarme a las circunstancias resultó bastante complicado, pero increíblemente positivo.

Tampoco significa que se terminaron mis sueños, mis esperanzas o mis aspiraciones por hacer un buen trabajo. Simplemente, significa que soy lo suficientemente afortunado de haber sido bendecido por un sentido de reconocimiento, por algo en que invertí mi energía creativa. Y es muy extraño para un artista, porque todos buscamos cierta clase de aprobación. Y el Oscar me liberó de esa necesidad, me permitió jugar más libremente con mi trabajo. Ya no tengo que comprobar nada y eso es algo notable.

¿Dónde lo guarda? ¿Tiene lugar para uno más?

No lo tengo. Se lo di a alguien muy especial que no conoces. Pero sí, siempre hay lugar para otro Oscar, siempre.

Adrien Brody