Las razones más frecuentes por las cuales las parejas discuten suelen estar relacionadas con el dinero, los hijos, la sexualidad y el reparto de las tareas domésticas. En muchos conflictos subyace además, la dependencia emocional de un miembro hacia otro, o una lucha soterrada por dominar al otro y controlar la relación.
Ante una discusión de pareja las mujeres u hombres suelen adoptar dos actitudes básicas: huyen de la situación, se paralizan y esperan que pase la amenaza, o bien reaccionan atacando al otro, con la intención de reducirlo psicológica o emocionalmente.
Ambas opciones son nefastas para la buena convivencia y expansión de la relación, que se va resintiendo cada vez más, hasta que llega la ruptura o el problema se enquista, convirtiéndose en una fuente permanente de malestar y cada vez más peleas y discusiones.
Para evitar caer en el círculo vicioso de las peleas interminables, conviene adoptar una serie de hábitos que fortalecen la vida en común: auténticas “vitaminas para la felicidad” compartida.
>> Busca la solución
Los problemas no resueltos tarde o temprano salen a la luz. Es un autoengaño pensar que van a
desaparecer o resolverse por sí solos. Retornan cada vez con mayor virulencia. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, e intenta resolver tus desavenencias lo antes posible.
>> Consulta a un profesional
Si te sientes incapaz de hacer frente al conflicto y los problemas te sobrepasan, es conveniente consultar a un experto y, si es necesario, realizar una psicoterapia de pareja o individual, para obtener otras perspectivas y nuevas herramientas para solucionar el asunto.
>> Haz todo lo posible para solucionar el conflicto.
En lugar de culpar al otro del deterioro de la relación, intenta hacer todo lo que esté en tus manos para sacarla a flote. Aunque finalmente y a pesar de todos los intentos, se llega a la separación, evitarás sentirte culpable por no haber hecho lo suficiente y te verás más libre para comenzar una nueva relación.
>> Cultiva tu propio bienestar
Recuerda que la vida en común es responsabilidad de ambos, pero la felicidad de sus integrantes es responsabilidad de cada uno de ellos.
>> Soluciona tu vida, en vez de la ajena
Es un error muy habitual, pero contraproducente, intentar solucionar la vida de la otra persona, dándole consejos y pautas de comportamiento. Esta actitud paternalista suele encubrir la incapacidad o resistencia a abordar la propia vida.
>> Escucha y dialoga
Para prestar atención al otro deja de hacer otras cosas y céntrate en la conversación. Y recuerda que nadie es “dueño de la verdad”: la opinión de cada persona y su forma de entender la vida, obedece a su visión particular, pero hay muchos puntos de vista diferentes igualmente válidos.
>> Comparte su vida e ilusiones
Tiempos lúdicos, aficiones, fantasías, proyectos, buenos y malos momentos… Una de las palabras mágicas para que la relación funcione y prospere es “compartir”. Entrégate al otro, averigua como se encuentra, que desea, que le hace sentir bien y mal.
>> Aprende de tus errores.
Aprovecha los conflictos para aprender más el uno del otro. La vida puede considerarse como un continuo aprendizaje, donde cada traspié aporta su lección.
La comunicación
La única manera en que nutrimos cualquier relación es a través de la comunicación. No podemos amar lo que no conocemos. La comunicación en la pareja abarca varios aspectos, a través de los cuales podemos lograr ese acercamiento.
La Comunicación Intelectual.
Cada vez que nos sentamos a platicar y expresamos nuestras ideas, nuestros conceptos, lo que pensamos de tal o cual cosa, estamos fortaleciendo esa relación. El simple hecho de compartir lo que leímos en un libro nos acerca. El hablar de política, el conocer los puntos de vista del otro y respetarlos, y compartir experiencias que vivimos en el trabajo, etcétera. Todo lo que sea compartir ideas nos acerca.
La Comunicación Emocional.
Tiene su propio lenguaje, se refiere al tono de voz que usamos al hablarle, a la mirada que se intercambia cariñosamente, la sonrisa compartida, el contacto físico, cualquier detalle a nivel emocional que demuestra que te ocupas de tu pareja. Por ejemplo, levantarte a media noche y no hacer ruido, o abrirle la puerta del coche. En fin, la ternura y la admiración son la clave para tener una mayor fuerza emocional.