El respeto y la comunicación son vitales en la pareja pero en ocasiones hay palabras o acciones por parte del género masculino que sin buscar ser ofensivas o desconsideradas pueden hacerla sentir la bruja del cuento.
¿Cómo saber lo que le molesta o lo que hago mal? es la pregunta que muchos hombres se realizan y en donde las confusiones sobran.
Ellas dicen “no me pasa nada” cuando en realidad no encuentra la forma de externar su molestia.
Pero a veces no solo basta hablar sino usar las palabras adecuadas en el momento adecuado y tener tacto para ellos pues la idea es que ella se sienta tomada en cuenta por usted.
Compréndala y consiéntala
A continuación enlistamos algunas situaciones o frases típicas que pueden ayudarlo a evaluar su relación y nivel de comunicación para tratarla como la verdadera princesa que ella es.
• “Mi ex o ella era...” En realidad a cualquier persona y en especial una mujer le desagradaría que la compare con una ex pues, incluso si la conoce, o hace mucho tiempo que ya no están juntos no hay razón para establecer comparaciones entre ambas aún y si es para halagarla.
•Sí es verdad, has cogido un poco de peso” o “no, mi amor, no me lo parece, estás tan guapa como siempre, para mí no has cambiado”, puede ser si duda causar molestias por ambas partes, pues ella se sentirá agredida o engañada y usted más que confundido.
Es claro que habrá nuevos ajustes y cambios físicos y emocionales por los que tengan que atravesar juntos por lo que hablarlos es la solución.
• “¿De verdad tenemos que ver a tus amigas/ familiares?” Piense que sus amigas forman parte de su vida: ya las conocía antes de conocerlo a usted, por algo ella las eligió y sin duda las aprecia porque se le parecen. Si las juzga o rehusa verla, es como que la criticase igualmente.
Lo mismo pasa con respecto a la familia ya que algunas veces son las circunstancias externas las que hacen tambalear una relación.
Sin embargo, conforman una parte importante de ella y debe ante todo haber respeto por ambas partes.
•“No sé cómo lavar los trastes, creo que no lo haré bien, tú sin duda lo harás mejor que yo”. Ésta es una de las quejas más comunes.
Con que uno de los dos sienta que trabaja más que el otro en la casa de forma injustificada, está servido el conflicto. Cuando estamos enamorados hace gracia la ropa sucia por el suelo o los trastos sucios, pero cuando de verdad se convive, las tareas domésticas pueden convertirse en un verdadero infierno para quien las sufre.