El Ranchito es una zona plana a la salida de Tenosique por la que pasa el tren que va al norte de México. También es el hogar de los ilegales que descansan luego de atravesar la zona montañosa entre Guatemala y México.
En la ciudad se comenta que en la explanada, dominada por una casa de bahareque, la mayoría es de hondureños. Nos dirigimos hacia allá.
Es mediodía y dos jovencitas nos dan la bienvenida a la entrada de la finca. Su mirada trata de identificar si somos policías, migración o miembros de alguna iglesia u organización de ayuda al inmigrante. Sus ojos se abren aún más al ver los carnés con el nombre de LA PRENSA.
¿Ustedes son hondureños, verdad? Su inmediata pregunta es una buena señal. Nuestra respuesta afirmativa disipa sus temores o dudas y eso da pie a una conversación.
Ellas acaban de llegar a El Ranchito y vienen de Tegucigalpa. Son tía, sobrina y una pequeña de pocos años de vida. No permiten fotografías y prefieren no explicar porqué.
Tampoco quieren compartir su historia. Simplemente nos dicen que su travesía no ha sido fácil y nos dan una bienvenida llena de humanismo.
A pesar que su cara demuestra alegría por saber que un medio de comunicación de su país está frente a ellas, sus ojos revelan cansancio y desolación.
“Pero sigan que adentro hay mucha gente que les pueda contar lo que han pasado”, expresa la mayor de las tres mujeres.
La bienvenida
La entrada a El Ranchito puede dejar boquiabierto al más duro. Entre 250 y 300 personas tiradas sobre el pasto descansan en grupos que se esparcen por todo el terreno.
La mayoría, catrachos; se sabe porque de inmediato se acercan hablando sobre LA PRENSA.
El Ranchito es una pequeña Honduras y muchos más viajeros llegarán a medida que se acerque la hora en que pasa el tren. Hay gente de los 18 departamentos. Unos pocos, los que están cerca de la entrada, se mantienen con nosotros.
Otros dejan de prestar atención y siguen descansando bajo un árbol esperando la hora en que el tren rompa la calma de la zona. Otros, apenas con la ropa interior puesta, aprovechan para bañarse o lavar sus prendas en una pila que hay en el lugar.
Quienes nos prestan atención, nos piden una ayuda para comer. ¿Nos pueden regalar para comprar un kilo de tortillas? - Compren tres kilos y queso para que coman-, respondemos.
En El Ranchito, los vendedores de comidas abundan, generando una economía en base a los indocumentados. Refrescos, tortillas, queso y hasta aguardiente de mala calidad ofrecen a quienes tratan de reponer fuerzas para seguir adelante. Es mediodía y del lugar ya se han ido algunos indocumentados.
“Aquí hay momentos en los que hay hasta 1,500 personas. Hoy, por ejemplo, habían unas 500, pero muchas se fueron aprovechando el tren que salió en la mañana. Nosotros nos quedamos porque es mejor viajar en los trenes que salen después, ya que los primeros suelen ser detenidos por los operativos de migración”, aduce uno de los jóvenes.
En el campo hay muchos hombres, pero también hay mujeres y hasta niños. También hay mareros y polleros, y su presencia es evidente. Ellos son los que controlan lo que pasa en el campo.
El tren no tiene horario, pero todos aguardan que pase. Sólo los que están repitiendo la travesía lo conocen, los demás apenas han oído las historias que el llamado monstruo de tres cabezas deja.
Mutilados, muertos y peligro caracterizan los comentarios sobre el tren.
En las oficinas de Grupo Beta, una dependencia del INM encargada del apoyo humanitario a los ilegales, se ven los resultados del más mínimo error al tomar el tren.
Las fotos de los periódicos son más que reveladoras. Cuerpos a la mitad en una gráfica, partes de un torso o un brazo en otra toma, un cadáver sin cabeza en otra fotografía.
La muerte ataca en los trenes de forma rápida, y quienes mueren lo hacen con la angustia de intentar salvarse pero sin dolor. De las ruedas sólo salen los pedazos de carne, pero no gritos.
Al gato y al ratón
En El Ranchito, todos creen que el tren pasará a eso de las seis, nadie se alista a la una de la tarde. De vez en cuando, algunos revisan el área para saber si viene alguna máquina que no estaba programada y que los pueda llevar con anticipación hacia el norte o si habrá algún operativo.
A unos 300 metros de El Ranchito se ubica la primera caseta, que el Instituto Nacional de Migración, INM, tiene en la zona.
Los oficiales prefieren no hacer operativos donde los centroamericanos descansan, sino que esperan hasta el paso del tren. Es el juego del cazador y su presa.
Hora de abordar
Para quienes han descansado bien luego de cruzar la selva entre Guatemala y México, lo más complicado será subirse al tren en movimiento.
El bamboleo de los vagones y la velocidad hacen difícil asirse de las barras que permiten la subida. Para los que no descansaron, están heridos, han consumido alcohol o no han recuperado la energía, el esfuerzo será doble y sus posibilidades se reducen porque el recorrido hasta la frontera norte puede tomar entre una semana y media y tres semanas.
Generalmente, ellos, los más débiles, son los primeros que quedan fuera de la ruta del golfo.
Como sea, el tren en Tenosique finalmente pasa. Algunos lo abordan y otros deciden esperar el siguiente.
La ruta los llevará por Palenque, Teapa y Chontalpa hasta llegar a Veracruz: el principal filtro migratorio en el centro del país. En el desplazamiento seguirá el peligro y el sufrimiento.
Evidencia
En El Ranchito, los grupos de indocumentados, entre los que se cuentan menores de edad, como lo demuestra esta fotografía captada por el lente de LA PRENSA, llegan a esperar la hora de abordar el tren.
En la gráfica también se observa a un joven tatuado con distintivos de las maras, grupo que junto a los polleros, controlan la ruta que los viajeros siguen.
Claves en la ruta
1. Narcomenudeo
Por la frontera sur de México, las autoridades han reconocido la existencia del tráfico de drogas. En ocasiones, los indocumentados terminan siendo parte de las organizaciones que se encargan del ilícito.
2. Trata de menores
Es otro de los delitos que se produce en la frontera, a pesar del esfuerzo que realizan las autoridades en la zona. Muchos menores pasan con supuestos familiares, ya que sus padres pagan su viaje desde Estados Unidos.
3. Prostitución
Hombres, mujeres y niños inmigrantes que son asaltados por los ladrones buscan agenciarse fondos mediante la venta de sus cuerpos. Muchos de ellos caen en las redes de explotadores en Guatemala y en la parte sur de México.
4. Falsificación de documentos
En ciudades como Tecún Umán y Ciudad de México se han detectado grupos que se dedican a la falsificación de documentos mexicanos como visas, partidas de nacimiento, credenciales de elector, libretas militares o cédulas.