El actor Richard Gere bebe té verde, se inclina al dar la mano y mira fijamente a los ojos de su interlocutor.
Una pulsera de cuentas de madera recuerda su fe budista, esa espiritualidad combativa que le lleva a pedir el boicot de los Juegos Olímpicos en China. Hasta en San Sebastián ha recibido la visita y el consejo de un par de lamas. Claro que también hay otro Richard Gere: el que rompe una rueda de prensa para abrazar a una periodista sin habla. Es el carismático canalla de 'La gran estafa', la película que promociona al recibir el premio Donostia. El filme recrea la historia real de Clifford Irving, que en los 70 se aupó a la cima del periodismo americano al conseguir las memorias del inaccesible Howard Hugues; obtuvo fama y dinero, hasta que el propio Hugues lo desenmascaró. Ni siquiera se habían visto nunca.
Clifford Irving no es precisamente un buen ejemplo para periodistas.
No, ja, ja. En realidad no era periodista. Irónicamente, el libro que le metió en tantos líos fue su mejor trabajo.
¿Por qué le atrajo el papel de un embustero encantador?
Es un tipo fascinante. La mayoría de los buenos dramas tienen que ver con los fallos humanos, no hay dramas sobre personas perfectas. Irving no entendía por qué no le veían como un Mailer, un Hemingway. Hay muchos 'Irvings' en este mundo, personas con problemas en su relación con la autoridad que necesitan ser aprobadas constantemente. Inventan una mentira y están obligados después a decir otra más grande para ocultar la anterior.
¿Encuentra con facilidad en Hollywood historias adultas como 'La gran estafa'?
'La gran estafa' no es un filme de pequeño presupuesto ni una superproducción de puro escapismo, está en el medio.
¿Por qué nos es tan fácil creernos los rumores y las mentiras?
El lente de LA PRENSA captó a Richard Gere durante su paseo por las ruinas de Copán.
Nos encanta escuchar lo peor de la gente. Por instinto, no queremos que los otros tengan éxito. Nos guiamos por las apariencias, que son una mentira.
¿Cómo conjuga su faceta espiritual con la frívola que se le supone a una estrella de Hollywood?
Yo soy un trabajador y soy muy afortunado por ganarme la vida así. Mis hijos no tiene ningún problema y, de verdad, no lo digo como algo sin importancia. Usted me ve como una estrella de cine, pero, créame, es una faceta muy pequeña de mi vida. Sufro a un quinceañero que me vuelve loco, tengo problemas domésticos como el resto de la gente, anoche discutí con mi mujer... Me levanto cada día y doy las gracias por ser tan afortunado.
¿Qué piensa al recibir el premio Donostia?
No he terminado mi carrera todavía, no espere que me vaya a retirar mañana, ja, ja.
He leído la lista de personalidades que han recibido este premio, y muchas de ellas me hacían soñar cuando era niño y las veía desde mi butaca comiendo palomitas.
Crecí en un pueblo de Nueva York de 5,000 habitantes y el único cine que había se llamaba Hollywood. Si he llegado a un nivel en que me puede comparar con ellos, llevo 40 años actuando.
¿Cree que la imagen que tiene el público de usted ha evolucionado?
Igual suena ingenuo, pero no veo mi carrera en esos términos.
No evalúo, miro hacia dentro y entiendo que ahora soy más consciente de todo lo que gira y afecta al mundo del cine.
En el festival de Venecia aseguró que usted sabía ser una estrella.
¿Eso dije? No sé qué es ser una estrella. Mire, todavía no he decidido qué hacer cuando crezca. Estoy en un período de mi vida muy extraño. Tengo muchísimo trabajo, me dan este premio por mi carrera, no me veo como alguien especial.
Miro a los ojos de las personas y veo su amor. Yo he elegido ver el mundo así y también a mí mismo. En cuando a lo de ser una estrella, ¿sabe? Dejé de leer lo que publican sobre mí hace 20 años, porque todo es mentira.