02/04/2026
03:58 PM

El viacrucis: fe y amor

  • Actualizado: 21 abril 2011 /

En esta pasión se busca reavivar, en la mente y en el corazón, la contemplación de los momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra redención.

    “Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad. Dame convertir en ofrenda amorosa, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día...”

    A lo largo del camino que Jesucristo recorre hacia el calvario, desde el momento en que es condenado y hasta su muerte en la cruz y su resurrección, se vive su expresión de amor en nombre de la humanidad.

    Por ello, la Semana Santa es el periodo litúrgico más intenso de todo el año, tiempo que debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la pasión y muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.

    La pasión que año tras año es representada por los creyentes en San Pedro Sula y las principales ciudades del país es una memoria visual que nos ayuda a recordar el misterio pascual de Cristo y, que en definitiva, es una catequesis viviente, desde los interrogatorios de Herodes y Pilato, la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. El sacerdote Fernando Ibáñez comenta que “el viacrucis es una devoción popular, una manera de recordar el relato de la pasión, la entrega de Cristo”.

    Un acto de fe

    Aunque éste es un camino que se celebra desde los primeros años del cristianismo, su significado tiene que ver con un acto de amor que permite meditar y conocer la vida de Cristo y que facilita la identificación con él, misma a la que está llamado todo hombre.

    En esta pasión se busca reavivar, en la mente y en el corazón, la contemplación de los momentos supremos de la entrega de Cristo por nuestra redención.

    La atención de esta oración se centra en la contemplación de la actitud amorosa entrega, y en la petición de fe, confianza, fortaleza y amor, para abrazar la cruz de cada día y ser auténticos seguidores suyos.

    El sacerdote de la iglesia San Antonio de Padua, Neri Méndez, comenta que hoy no sólo se vive el amor de Jesucristo por el ser humano, sino “el amor de Dios por su hijo y por nosotros”.

    Por ello, la devoción de la pasión es de gran importancia para la vida cristiana, pues hace siglos, al igual que ahora, el motivo que acompaña a Nuestro Señor a la cruz es el pecado, pero en la resurrección se abre una oportunidad para el arrepentimiento y el perdón.

    Si meditamos con más devoción la pasión de Nuestro Señor, sabremos sobrellevar mejor las pruebas de la vida y, en vez de rebelarnos, encontraremos paz, incluso en la soledad, el dolor y la ingratitud.

    Por ello, estas fechas, además de significar un momento de aprendizaje, deben vivirse en medio de la reflexión y la alegría. No debe ser nunca un acto de piedad precipitado y vacío de contenido.

    Es una oración en la que seguimos a Cristo como lo quisiéramos seguir en la vida de todos los días, en la que buscamos experimentar los mismos sentimientos de Cristo: el dolor, el abandono, el quebranto, la pena, valorando que todo eso lo hizo por amor a los hombres.

    El camino de la luz

    La muerte de Jesucristo nos llama a la fe, pues resurrección es en sí un camino hacia la luz.

    Tras su entierro, la vigilia pascual del sábado se define como “el momento más importante porque es el paso de Cristo de la muerte a la vida, a la resurrección”, comenta Méndez.

    “Durante la vigila, el rito de la luz, en el que se bendice el fuego; la celebración de la palabra desde la creación hasta la resurrección y la liturgia bautismal en el que se retoman los votos del bautismo, Cristo nos invita a resucitar”, dice Méndez.

    “Con la vigilia hacemos presente a Jesús renovando la fe de Cristo muerto y resucitado”, agrega.

    Así, la Iglesia Católica nos invita una vez más a la conversión, a renovar nuestra fe, reconocer nuestros actos y seguir a ese camino de la luz.

    Primera estación
    Jesús es condenado a muerte

    Los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el todo el Sanedrín, después de haber atado a Jesús, lo entregaron a Pilato y lo acusaron de muchas cosas. Pilato propone liberarlo por la costumbre de liberar a un preso en las fiestas de Pascua, pero el pueblo decide liberar a Barrabás en su lugar.

    Después de haber flagelado a Jesús, Pilato lo presenta al pueblo que pide su crucifixión, Pilato les dice: “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo porque yo no encuentro en él ningún delito. (Jn. 19,5-6) Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Segunda estación
    Jesús acepta la pesada Cruz

    Tomaron los hombres a Jesús y le cargaron el leño de la cruz, en la cual iba a ser crucificado, para que lo llevara hasta el Calvario. (Jn. 19, 16-17) Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Tercera estación

    Jesús cae por primera vez

    Los soldados se lo llevaron para ir a crucificarlo (Mt. 27,31). “El grave peso que siento me tiene en estado de abatimiento y me oprime hasta no poder” (Sal. 37,7). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Cuarta estación
    Jesús se encuentra con su santísima madre

    “Junto a la cruz estaba su madre”... (Jn. 19,25). Jesús había sido abandonado por todos, pero no estaba solo, su madre lo acompañaba en sus sufrimientos como lo acompañó durante toda su vida.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Quinta estación
    El Cirineo ayuda a Jesús a llevarla cruz

    “Y a uno que pasaba por allí, cierto Simón Cirineo, que regresaba del campo, lo obligaron a que cargase la cruz en pos de Jesús”. (Mc. 15,21; Lc. 23,26) Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo.

    Sexta estación
    La Verónica enjuaga el rostro de Jesús

    Verónica desafía la muchedumbre y le va a enjuagar la cara, recibiendo por su gesto el premio de la impresión del rostro de Cristo. “Lo vimos despreciado y repudiado como el más vil de los hombres, cercado por todas partes de dolores.

    ( Is. 53,3). Palabra de Dios. Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Séptima estación
    Jesús cae por segunda vez

    “Los soldados llevaron a Jesús hasta el Calvario” (Mc. 15, 22).“Tomó en verdad sobre sí las penas de nuestros pecados. Le reputamos como leproso y herido de Dios y humillado” (Is. 53,3). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Octava estación
    Jesús encuentra a las mujeres que lloran por él

    Seguían unas mujeres que lloraban de tristeza por él. “Mas Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos” (Lc. 23,28). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Novena estación
    Jesús cae por tercera vez

    “Estoy afligido y abatido hasta lo máximo. Mi corazón está conturbado. Me faltan las fuerzas y la claridad de mis ojos se ha oscurecido” (Sal. 37, 9,11). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Décima estación

    Jesús es despojado de sus vestiduras

    “Los soldados le quitaron sus vestiduras y se las repartieron” ( Jn. 19,23; Mc. 15,24). “En mis carnes no hay parte sana. Me dieron hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre” (Sal. 37,8, 69,22). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Undécima estación
    Jesús es clavado en la cruz

    “Llegó al lugar del Gólgota (Calvario) donde le crucificaron y con él, otros dos ladrones a sus lados; y en medio Jesús”. Jesús decía: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,33). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Duodécima estación

    Jesús muere en la cruz

    “Era la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad en toda la tierra hasta la hora non. El velo del santuario se rasgó en medio y Jesús, exclamando con voz potente, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y en aquel instante murió”. ( Lc. 23,46). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Decimotercera estación

    Jesús es bajado de la cruz y colocado en brazos de su santísima madre

    “Siendo ya tarde vino un hombre rico de Arimatea, que se llamaba José y que también se había hecho discípulo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran” (Mt. 27, 57-58). Palabra de Dios

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

    Decimocuarta estación
    Jesús es sepultado y al tercer día resucita

    “José y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas y perfumes, según la costumbre que siguen los judíos para enterrar a los muertos”. “Y en el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí pues colocaron a Jesús” (Jn. 19,41-42). Palabra de Dios.

    Guía: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.