A algunas personas les gusta coleccionar revistas, fotografías, billetes, monedas y estampillas, pero coleccionar automóviles clásicos es para muchos un sueño.
Obtener un clásico no es una afición barata, pues es costoso adquirir la máquina con piezas originales y la restauración es cara, aunque la pasión por este tipo de autos tienen un valor sentimental grandísimo que no tiene precio. Ése es el caso de don Antonio Giacomán, que ha logrado restaurar un Ford Roadster coupe descapotable de 1930, el cual considera su “joya más preciada”.
Se llama clásico a todo vehículo que tiene más de 25 años, aunque algunos modelos se convierten en autos de colección mucho tiempo antes por su excentricidad o difusión limitada.
Giacomán recuerda que desde hace varios años deseaba tener un carro clásico, pero su costo en el extranjero era casi imposible pagarlo.
Hace aproximadamente un año su sueño se volvió realidad cuando llevó a lavar su vehículo a un car wash. Asombrado, observó estacionado en un rincón el Ford Roadster, que por tanto sol y lluvia tenía un aspecto muy deteriorado, como si se fuera una chatarra.
Sin pensarlo dos veces, le hizo la primera propuesta de compra al dueño del vehículo, Miguel Ángel Alvarado, que en un principio no quería venderlo. “Al final lo convencí de que me lo vendiera. Su aspecto era deteriorado y tenía que restaurarlo”, recuerda.
Tarea
La aventura de la restauración comenzó buscando a un técnico de autos con experiencia en ese tipo de trabajos. Así fue como encontró a Julio Privado, que ha ayudado a otras personas a restaurar vehículos clásicos, pero ninguno como el Ford Roadster, que se ha convertido en el “más clásico” de la ciudad.
No fue una tarea fácil para Privado y sus compañeros de hazaña, Tulio Alvarenga y Carlos Morales, que le ayudarán en la parte técnica automotriz.
Después de una inspección minuciosa se estableció qué piezas debían cambiar y qué arreglos se podría hacer en otras.
Diez meses se necesitaron para devolverle la belleza al Ford.
“Fue un trabajo arduo. Tuve que enviar a buscar algunas piezas originales a Estados Unidos para que no pierda su valor de carro clásico”, recuerda Giacomán.
Trabajo
Para Julio Privado fue una gran aventura restaurar el automotor porque es uno de los carros más antiguos de la ciudad y puede considerarse un clásico, ya que es un convertible deportivo de los años veinte.
Se reconstruyó el motor, un cabeza plana de cuatro cilindros, para que pudiera andar de nuevo. Cada pieza fue desmontada para evaluar su estado, “se verificó si algunas funcionaban aún y sustituir otras por las originales de la Ford”.El trabajo fue exhausto y minucioso, pero valió la pena.
“Fue el tiempo que necesitamos para nuevamente ensamblar la piezas”. En cuanto a la carrocería, fue preciso quitarle la pintura y mejorarlo por los golpes que tenía. “Fueron necesarias 14 pasadas de pintura negra para que su color fuera muy oscuro, igual al de la época”.
“Nos tardamos un poco en pintar el carro, pues en esos días estaba lloviendo demasiado y podía estropearse la pintura”, afirma.
Privado comenta que se sintió muy satisfecho cuando vio cómo sonreía de felicidad don Antonio cuando por fin pudo llevarse el carro clásico totalmente reconstruido.
Consentido
Para don Antonio, exhibir su “joya” a todos sus clientes en la agencia Giacomán Auto Parts es un gran privilegio. Él tuvo la intención de pasearse en su hermoso clásico durante el desfile de carrozas de la Feria Juniana, pero su sueño no se cumplió. “Averigüé en Meteorología que iba a llover ese día y mejor no me arriesgué a sacarlo”, dijo.
Si desea observar ese hermoso carro puede ir a Giacomán Auto Parts, en 4 avenida, 5 calle, la Avenida Júnior, barrio Barandillas. Así que puede transportarse en pocos minutos a los años 1929, donde tuvo mucho auge los automóviles Ford en los Estados Unidos y en otros países al rededor del mundo.
Historia de los clásicos de la Ford
El Ford Modelo A de 1927-1931 fue el segundo gran éxito de la Ford Motor Company después de su predecesor, el Modelo T. Fue producido por primera vez el 20 de octubre de 1927, pero no se vendió hasta diciembre. Su sustituyó al venerable Modelo T, que se había producido durante 18 años.
Un vehículo había utilizado el nombre de Modelo A en 1903; fue designado como modelo 1927 y está disponible en cuatro colores estándares, pero no negro.
El sucesor del Modelo A fue el Modelo B, que incluyó una versión actualizada del motor de 4 cilindros, seguido por el Modelo 18, en el que Ford presentó el nuevo motor V8.
Velocidad
El precio del Modelo A varió de 385 a 1,400 dólares en Estados Unidos. El motor era un L-4-cilindros con desplazamiento de 201 pulgadas cúbicas, 3.3 L.
Este motor da al coche 40 caballos de fuerza. Típico fue el consumo de combustible: entre 8 y 12 kilómetros por litro o 12-8 l/100 km, utilizando un Zenith, con velocidad máxima de 104 kilómetros por hora. La transmisión es de 3 velocidades de deslizamiento reductor.
El Modelo A posee frenos mecánicos de tambor. En 1930 y 1931 llegaron las ediciones de acero inoxidable con cubierta del radiador. El Modelo A se produjo en una amplia variedad de estilos: cupé, standard y deluxe.
Además del cupé de negocios, el cupé deportivo, roadster cupé, convertible cabriolet, convertible sedán, Phaeton y Tudor.
El Modelo A fue el primer Ford que usó el conjunto de controles de conductor, con embrague convencional y pedales de freno, acelerador y cambio de velocidades.
El Modelo A tenía el depósito de combustible situado en el carenado, entre el compartimento del motor y el tablero.
El modelo “A” fue el sustituto del Ford “T” y tenía la difícil misión de reemplazar al que fue, bajo cierto punto de vista, el mejor coche de la historia del automóvil, si se tiene en consideración las condiciones sociales y técnicas de su época y el significado que alcanzó en la motorización, no sólo de Norteamérica, sino del mundo, ya que del “T” se fabricaron nada menos que 15 millones de unidades. Hoy por hoy, es un auto que sigue impresionando y dejando huella por donde pasa.