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Arranquemos el odio

  • Actualizado: 21 marzo 2011 /

Cada día hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia y los celos.

La Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia y los celos que se oponen a nuestro amor con Dios y con los demás.

La época de la Cuaresma, que comenzó el 9 de marzo con el Miércoles de Ceniza, manda a dar una mirada más detenida a la manera en que vivimos, para arrepentirnos y reconciliarnos.

El verdadero significado de la Cuaresma es en sí la Pascua misma, la cual consiste en llamar a la comunidad católica a reforzar su fe mediante penitencia y reflexión, por lo cual no debe entenderse como un lapso triste, sino más bien meditativo y de recogimiento en el que se deben vivir una serie de actitudes que lo acerquen más a Dios.

El párroco de la catedral de San Pedro Apóstol, Saturnino Senis, se dirige a todos los fieles y les pide recordar que “es más importante lo que Dios quiere hacer con nosotros, en vez de lo que nosotros podamos hacer por Él”, y recalca que nadie es ajeno a la violencia que se está apoderando de nuestras calles y barrios.

“Necesitamos con urgencia una postura que respete la vida y la defienda con todos los recursos disponibles”, dijo.

El significado

El tiempo de Cuaresma nos prepara directamente para la Pascua, mediante 40 días de penitencia y recogimiento que conmemoran el ayuno de Jesús en el desierto.

Este período arrancó con la imposición de la ceniza que simboliza el retiro de Jesús 40 días en el desierto previo a su ministerio y el retiro de 40 años de Moisés en el desierto.

También simboliza los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo judío por el desierto y los 400 años que se alargó la estancia de los mismos en Egipto.

La Cuaresma es un tiempo de disciplina y abnegación, para aprender a morir a nosotros mismos, de arrepentirnos y volver a Dios.
Es un recordatorio de nuestra condición mortal y afirmación de que la penitencia es necesaria.

Desde las cenizas del pecado puede resurgir la vida y la alegría del hombre que pone su confianza en el Señor, y espera más de la gracia de Dios que en sus propias fuerzas.

Cada Cuaresma es una oportunidad para renovar nuestras vidas, para desarrollar una relación más íntima con Jesús, meditando en sus sufrimientos y asociándonos a ellos para después ser partícipes de su resurrección.

Un llamado a todos

Con el ayuno se agrada al Señor. En Isaías 58: 6-10 dice que debemos ayunar de todo pensamiento, palabra y obra que nos aparte del Señor, que oprima a los demás con el peso de nuestras injusticias.

El Evangelio manda a ayunar de nuestras malas acciones, de nuestro apego con las cosas materiales, compartiendo con el hambriento, vistiendo al que está desnudo, recibiendo a los que no tienen techo y dando amor al prójimo.

En esta época se habla de la abstinencia. “Abstengámonos de cualquier acción pecaminosa que nos sujete al mal, de ‘morder’ al prójimo”.

La dieta que el Señor pide en Cuaresma no es la de perder unas libras de peso, sino la de guardar la línea interior; no es la de dejar de comer, sino la de dejar nuestras injusticias en nuestras relaciones con los demás. Es dejar todo lo que impide muestro crecimiento espiritual.

Uno de los requisitos básicos para el crecimiento espiritual es el convencimiento de que Dios nos ama de verdad. Nos ama personal e individualmente, tal y como somos: débiles, indiferentes o pecadores.

Al revivir en este tiempo la Pasión y Muerte de Jesús, no lo hacemos sólo por sentir el sufrimiento físico de Jesús, ni con el espíritu masoquista.

Al contrario, los sufrimientos de Jesús son la fuente de su Gloria y nuestra contemplación de ellos debe guiarnos a un profundo agradecimiento por el amor que nos tiene el dador de vida.

A la vez, este agradecimiento debe movernos a comprometernos más con Jesús, a servirle y seguirle más y mejor.

La Cuaresma, tiempo para reflexionar y amar al prójimo

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas” de la penitencia cristiana: la oración, el ayuno y la limosna.

Es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversión.

Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del plan de Dios y, por consiguiente, de nuestra felicidad y realización personal.

La Cuaresma es uno de los cuatro tiempos fuertes del año litúrgico y ello debe verse reflejado con intensidad en cada uno de los detalles de su celebración. Cuanto más se acentúen sus particularidades, más fructuosamente podremos vivir toda su riqueza espiritual.

Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En esta época, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Jesús es condenado a muerte

Lectura: Juan 19:4-11 y 16

Pidámosle al Señor perdón por las veces que hemos hablado sin amor e injustamente de otros. Por favor, Señor, ayúdanos a no juzgar a los demás.

Jesús encuentra a su madre

Se nos dice que Jesús encontró a María en su camino a la Cruz. El gran amor de María tuvo que haberla motivado al lugar de los hechos.

Lectura: Cantares 3:2 Este poema de amor de la Biblia nos da una idea de lo que sintió María. Pidámosle perdón al Señor por las veces que hemos herido y disgustado a nuestros seres queridos. Por favor Señor, ayúdanos a respetar a nuestra familia.

Simón de cirene ayuda a cargar la cruz

Lectura: Marcos 15:21

Pidámosle perdón al Señor por las veces que no hemos ofrecido nuestra ayuda a otros con verdadera necesidad. Señor, ayúdanos a saber dar nuestra ayuda generosamente a todo aquel que la necesite.

Las mujeres de jerusalén lloran por nuestro Señor

Lectura: Lucas 23: 27-32

Pidámosle perdón la Señor por las veces que nos hemos dejado llevar por el orgullo y no hemos querido admitir nuestros errores. Señor, ayúdanos a ser humildes y a poder pedir perdón cuando pecamos.

Jesús es despojado de sus ropas

Lectura: Juan 19:23-24

Perdónanos, Señor, por las veces que hemos sido egoístas y nos hemos puesto antes que los demás. Ayúdanos, Señor, a despojarnos de nuestro egoísmo.

Jesús es clavado en la cruz

Lectura: Lucas 23:33-34

Digámosle al Señor que nos arrepentimos por las veces que nuestras manos y nuestros pies nos han conducido al pecado. Por favor, Señor, ayúdanos a ser siempre honestos y confiables.