“El COVID-19 no es un juego, quédense en sus casas”: Bairon Paz, médico hondureño

El galeno trabaja en un hospital de España y advierte que la pandemia causará una tragedia de mayores proporciones en Honduras si las personas continúan en las calles.

El patólogo Bairon Alfonso Paz Fernández en el hospital Rey Juan Carlos de Madrid.
El patólogo Bairon Alfonso Paz Fernández en el hospital Rey Juan Carlos de Madrid.

San Pedro Sula, Honduras.

Por estos días, hace más de una década, Bairon Alonso Paz Fernández cargaba, y a veces arrastraba, una cruz de madera por las calles de su natal Trinidad, Santa Bárbara, cuando encarnaba a Jesucristo azotado camino al Gólgota. Hoy, este hondureño es uno de los tantos médicos que luchan todos los días para salvar la vida de cientos de pacientes contagiados de Covid-19 que llegan al hospital Rey Juan Carlos, de Madrid, España.

Contra el tiempo y frente a una ola fatal, Paz (43 años), con todos sus compañeros de trabajo del hospital Rey Juan Carlos, está centrado en la misión de salvar a niños, jóvenes y mayores que buscan sobrevivir a esta pandemia, que en España ha causado más de 5,800 muertes.

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Durante una entrevista telefónica con Diario LA PRENSA dijo que el COVID-19 “no es un juego, está matando a miles de personas en países desarrollados, que tienen los mejores sistemas sanitarios”, y advirtió que de “propagarse en Honduras será una tragedia mucho más grande que la de Italia y ahora de España”.

Los jóvenes que sobreviven, si han contagiado a sus padres y abuelos, cargarán para siempre en la conciencia con la culpabilidad de haber causado la muerte de ellos

Bairon Alonso Paz Fernández, patólogo del hospital Rey Juan Carlos de Madrid

“Esta es una enfermedad muy seria, está poniendo de rodillas a los países del primer mundo.

Esto no es un juego, no es una broma. Nosotros en el hospital Rey Juan Carlos estamos comprometidos para salvar vidas.jt-honduESPA2-250320(800x600)

Vida o muerte.

Debido a la situación que enfrenta España, este hospital tiene cerrada la consulta externa, suspendió las cirugías programadas (solo realizan las cirugías extremas) y suspendió los servicios domiciliarios para atender a pacientes con coronavirus; pero es imposible que un sistema de salud atienda a miles de personas contagiadas”.

Mientras observa pacientes sufriendo por las neumonías letales, Paz le recomienda “a todos los hondureños que se mantengan en sus casas porque es la única forma de contener la propagación del COVID-19, que es muy virulento, altamente infectante”.

“Las medidas que está tomando el Gobierno de Honduras pueden ser exageradas, pero pueden salvar a los hondureños. Este es un momento para que la sociedad hondureña esté unida, los partidos políticos deben unirse. Esto no es para hacer política, es un tema de vida o muerte. En este momento debe haber un respaldo unánime. El coronavirus no solo es un problema de salud, es un problema de toda la sociedad”, manifestó.

En el hospital Rey Juan Carlos de Madrid había unos 400 pacientes, más de 50 personas en unidad de cuidados intensivos al momento de la entrevista. La mayoría son mayores. En las camas también hay pacientes jóvenes que, por ser escépticos, se contagiaron en las últimas semanas.

Bairon Paz
  • Edad: 43 años
  • Profesión: Médico con especialidad en Anatomía Patológica
  • Ciudad: Trinidad, Santa Bárbara

Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y en el Hospital Universitario de Móstoles, Madrid, España. Trabaja en el hospital Rey Juan Carlos de esa ciudad.

Los médicos de ese hospital, por la alta ocupación de camas, a quienes no presentan complicaciones los envían a sus casas en condiciones de aislamiento, les proveen antibióticos y les dan seguimiento por teléfono.

En España, como ocurrió en Italia, no creyeron en el poder devastador de la pandemia, como piensan muchas personas también en Honduras, y continuaron llevando una vida normal e hicieron oídos sordos a las recomendaciones de los Gobiernos.

“En España, al principio, las personas no lo vieron con suficiente importancia. Decían que eran casos importados, gente que venía de China y del norte de Italia.

Las personas jóvenes eran quienes más desestimaban la gravedad. Llegaron los primeros casos y aquí no cerraron bares, discotecas, hasta hubo una marcha feminista y una del partido ultraderechista VOX. No creyeron, ahora hay más muertos aquí que en China”, lamentó.jt-drSB-260320(800x600)

Paz, egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), con especialidad en Anatomía Patológica del Hospital Universitario de Móstoles, Madrid, observa todos los días el sufrimiento de muchas familias que no logran decir adiós a sus padres o abuelos.

“Lo más terrible es la separación que se da en la familia. El padre deja de estar en contacto con sus seres queridos cuando es entubado. Los familiares no pueden estar al cuidado de él y en esa situación ni hablar por celular puede. El coronavirus no solo afecta a los mayores, pone en riesgo a los jóvenes también, y los jóvenes que sobreviven, si han contagiado a sus padres y abuelos, cargarán para siempre en la conciencia con la culpabilidad de haber causado la muerte de ellos”, manifestó.

El patólogo insiste en que en Honduras, donde el sistema sanitario público es precario, “las personas deben estar en sus casas y no salir.

Deben tener paciencia.

En los pacientes que están contagiados el virus desaparece de 2 a 3 semanas porque el sistema inmunológico toma el control, pero si la gente sigue en las calles, tendrán que estar más tiempo encerrados, habrá más contagiados y la enfermedad se llevará a la gente más débil”.

A los médicos hondureños les recomienda “tomar medidas de bioseguridad, deben usar gafas, mascarillas N95 o las FFP2.

Las gafas son como las usadas para el buceo. Batas impermeables y calzas. La ropa deben manejarla como residuos altamente peligrosos. Al médico o la enfermera que resulte contagiada debe darse de baja para evitar que se convierta en un vector de la infección”.

Hasta esta semana, Bairon Paz no ha visto morir a sus amigos por COVID-19, pero sí a pacientes que llegan al hospital.

La Prensa