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“Estamos ante una situación difícil”: Juan Carlos Sikaffy

El presidente del Cohep considera que el plan del Gobierno para afrontar la recesión económica ha sido tardío Vaticina débil crecimiento en 2019.

El presidente del Cohep, Juan Carlos Sikaffy, prevé que el país cierre 2019 con un crecimiento de 3.0%, menor a las proyecciones del Banco Central de Honduras (BCH).
El presidente del Cohep, Juan Carlos Sikaffy, prevé que el país cierre 2019 con un crecimiento de 3.0%, menor a las proyecciones del Banco Central de Honduras (BCH).

Tegucigalpa, Honduras.

Juan Carlos Sikaffy, presidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), hizo un amplio análisis sobre la situación económica de Honduras y vislumbró un panorama bastante complejo al cierre de 2019 y para el próximo año si no se adoptan las medidas y correctivos pertinentes para afrontar la recesión y enrumbar la economía nacional.

¿Estamos ante una recesión económica y qué tan grave es la situación?

La situación es difícil, ya que, por ejemplo, la producción nacional creció en 3.7% en 2018 y se espera que al cierre de 2019 se desacelere a 3.0%, según pronósticos del Gobierno; no obstante, el sector privado es conservador en este sentido y espera un débil crecimiento inferior a 3.0%. Recordemos que en 2017 se alcanzó un importante crecimiento de 4.8%, incluso superior al crecimiento de 2016, 3.9%. Este débil comportamiento se evidencia con una caída del crecimiento económico de 0.2% en el segundo trimestre de 2019, comparado con el segundo trimestre de 2018.

¿Los empresarios previeron esta crisis?

El significativo incremento en la tasa de crecimiento de nuestra economía alcanzada en 2017 por el orden de 4.8% se vio diezmada a lo largo de 2018 hasta alcanzar al final del mismo un 3.7%, como producto principalmente de la crisis sociopolítica derivada de las elecciones generales del mes de noviembre de 2017, de la caída de los precios de nuestros principales productos de exportación a causa de una menor demanda de los mismos a nivel mundial producto de la sobreoferta existente, como lo fue el caso del café y del aceite de palma. Ya para 2019, la subida de los precios del petróleo en el mercado internacional, combinado con un acrecentamiento de la crisis política a partir del mes de abril, así como las consecuencias de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, han provocado una caída en el PIB trimestral a lo largo del primer semestre, aspecto que se ha visto reforzado con el comportamiento del índice de actividad económica (Imae), indicador utilizado por el BCH para medir la tendencia en el comportamiento económico del país.

Se prevé que las proyecciones de crecimiento serán menores este año, ¿ustedes cómo lo analizan?

Se espera que el crecimiento económico cierre 2019 con una débil tasa menor a 3.0%, motivado por los bajos niveles de inversión, fundamentalmente la inversión extranjera directa, que al cierre de junio de 2019 se redujo en aproximadamente US$ 160.0 millones, que equivalen al 39% con respecto a la IED de igual período de 2018, que se situó en US$ 411.0 millones, explicada por la menor ejecución de proyectos. No obstante, se espera una recuperación para 2020, especialmente por la ejecución de obras de infraestructura vial. Otro aspecto que incidirá en este comportamiento es la caída del valor de los principales productos de exportación, principalmente del sector agroalimentario, como el café, aceite de palma, azúcar de caña, camarones, entre otros, que tienen un peso significativo en las exportaciones de bienes totales. En tanto, las importaciones registrarían menor crecimiento en 2019 por la reducción en la factura petrolera, así como por la desaceleración en la adquisición de materias primas y productos intermedios para la industria.

¿Qué repercusiones y efectos tendrán para la empresa privada y la economía del país?

Las repercusiones para la empresa privada y la economía en su conjunto, derivadas de este proceso de desaceleración en el crecimiento de nuestra economía, se denotan en el presente año tanto a nivel de la inversión privada, nacional y extranjera, como por parte del sector público, que a su vez se ha traducido en menores montos de producción bruta y el mantenimiento de los puestos de trabajo, y qué decir de la oportunidad de crear nuevos puestos de trabajo, tan necesarios para hacer frente al alto porcentaje de pobreza que reporta nuestra población. Asimismo, provoca un debilitamiento de la institucionalidad y pérdidas económicas, inseguridad jurídica y ciudadana, altos costos de transacción, de la energía, entre otros factores, con el consecuente resultado de pérdida de competitividad. Entre los efectos e impactos negativos de la situación para el país está la generación de desconfianza, que incide en la reducción de los niveles de inversión del sector privado y del consumo, que es una variable clave en el crecimiento del país.

¿Hay fuga de capitales?

Estimamos que no hemos llegado a ese delicado extremo, lo que sí ha habido, como reitero, es una reducción de la inversión por la caída de las ventas, crisis política-social, que no hay que desconocer; pero no fuga de capitales.

¿Cuántos empleos se han perdido a raíz del cierre de empresas?

Si bien es cierto se han presentado a lo largo de la crisis sociopolítica y económica cierre de empresas y por consiguiente pérdida de empleos, resulta difícil contar siquiera aproximada sin recurrir a la elaboración de una investigación que a nivel empresarial permita tener conciencia del impacto de dichas crisis sobre el empleo.

¿Sería oportuna la reformulación del presupuesto del próximo año ante este panorama?

Dado el nivel de desaceleración económica observado en el país, mismo que ha implicado una merma en la captación tributaria, el Gobierno debería en el mejor de los casos aprobar para el año 2020 el mismo monto de recursos manejados a lo largo del año 2019, eso sí, realizando una reformulación al interno del mismo, de tal manera que realmente actúe como un instrumento de redistribución de beneficios, para con ello impactar de manera significativa a través de su ejecución en la reducción gradual del nivel de pobreza de nuestra población, mismo que lejos de registrar caídas a lo largo de los últimos años, como producto de la sistemática inyección de recursos públicos, se ha mantenido en niveles superiores al 60%, que ubica al país entre los más pobres a nivel mundial.

El Gobierno anunció un plan para afrontar la recesión, ¿ha sido oportuno o muy tardío este plan?

Si consideramos que la desaceleración manifiesta en nuestra economía se viene observando de inicios del año 2018, se pueden considerar un tanto tardías las acciones gubernamentales a ser puestas en práctica con fines de afrontar dicha desaceleración; sin embargo, el resto de los sectores de la sociedad, incluido el sector privado, está en la mejor disposición de poner su grano de arena para sacar al país de esta crisis. Desde luego, la parte política deberá jugar un papel muy importante, dotando al país de niveles de seguridad jurídica que estimulen la inversión tanto nacional como extranjera.

¿Qué salida ve el empresariado hondureño frente a la crisis política, social y económica de Honduras?

Como sector privado hacemos un llamado a la paz y tranquilidad, prudencia a los políticos, un diálogo sincero y transparente como una posible solución para alcanzar la reconciliación nacional, crear las condiciones para la inversión y el empleo, que incluya a los sectores sociales para solventar la crisis política-económica del país, que afecta a la población que vive en condiciones de pobreza.

¿La crisis económica podría agravar la crispación social y política?

Toda crisis económica causa inestabilidad social. Si no tenemos las condiciones necesarias para crear empleo y generar riqueza, la población se sentirá más desesperanzada. Debemos por ello buscar las medidas anticíclicas que nos aseguren poder mejorar las condiciones socioeconómicas de nuestra población.

¿Qué llamado le hace al Gobierno?

Trabajar de forma conjunta para combatir la recesión mediante simplificación administrativa, armonización arancelaria y fiscal, facilitación de comercio, certeza jurídica, sistema aduanero moderno, reformas electorales profundas, despolitización de los sistemas, fortalecimiento de la institucionalidad y del sistema de justicia, transparencia y eliminación de la discrecionalidad de los funcionarios. El Gobierno debe crear las condiciones y permitir que el sector privado trabaje, cree más puestos de trabajo y se desarrolle. Debemos ir por la misma vía buscando la competitividad, innovación y desarrollo.