No fue un domingo cualquiera. La Gran Ciudad despertó con alegría y todos los sampedranos, más cientos, miles quizás, llegados de aquí y de allá, se dejaban seducir dócilmente por los sentimientos y la alegría de una fiesta propia y de todos.
La fiesta de fútbol ayer en San Pedro Sula difícilmente se compara con otras que deleitan y entusiasman. ¡La fiesta de la gran final! La fiesta de Marathón y España, del pobre y del rico, del pueblo y la alta alcurnia. De las colonias y los barrios, de los bordos y las residenciales. Todos los corazones y un solo amor. ¡Bendito fútbol! En toda la ciudad se respiraban aires de emoción y de contento. El ambiente amaneció cargado de adrenalina pura que contagiaba a grandes y chicos, hombres y mujeres. En el Paz Barahona, los verdes no miraban la hora para marchar al Metropolitano.
Entretanto, los 'pasajeros' de la Máquina desesperaban por hacerse de los mejores asientos para vivir en grande el primer capítulo de esta extraordinaria y emocionante excursión rumbo a la corona del Apertura 2008. Los distintivos verdes y aurinegros adornaban la ciudad y le daban un toque especial a la fiesta que nadie quería perderse.
No era para menos. Marathón y España. España y Marathón, la final por todos soñada, estaba servida y sólo faltaba el pitazo de Óscar Moncada para comenzar a reír y llorar.