HOUSTON. La necesidad y la falta de oportunidades condujeron a Iveth Velásquez Moya al tren de la muerte o mejor conocido por algunos como “La Bestia”. Como consecuencia de su mala fortuna perdió una pierna en su camino hacia Estados unidos, aunque el desenlace pudo haber sido mortal.

Su hijo Bryan Moya recorrió el mismo camino y sus piernas se han convertido en la esperanza para el sustento de su familia, una vez que normalice su situación migratoria y pueda unirse a la legión hondureña del Houston Dynamo de la MLS.

“Mi madre siempre ha querido lo mejor para nosotros, lastimosamente en Honduras las cosas estaban muy mal, por lo que ella decidió emigrar y al abordar “la Bestia” se cayó y perdió la pierna, dos años después tomé la decisión de venirme y ayudarles, su atrevimiento se convirtió en mi motivación, desafortunadamente al llegar aquí me agarró Migración, pero gracias a Dios por ser menor de edad ingresé en un proceso en el cual un pariente que es ciudadano logró sacarme”, relató el joven de 22 años.

Pese a que todos sus sueños desde niño estaban ligados al fútbol, los primeros años en Estados Unidos le mostraron la dureza de la vida de muchos emigrantes: largas jornadas de trabajo, pocas horas de descanso, malos salarios, el desgastante proceso migratorio. “La idea de llegar a jugar fútbol profesionalmente se esfumó de mi cabeza, sabía que debía enfocarme en trabajar y nada más; pero de repente surgió la oportunidad de asistir a un torneo en Chicago, allí un amigo me invitó a entrenar con la U-23 del Houston Dynamo en donde me vio el director general del club, James Clarkson, él me recomendó con el primer equipo y tuve la oportunidad de entrenar con ellos”, aseguró Moya.

Pese a que aún se mantiene a la espera de la resolución de su situación, el Houston Dynamo ve con buenos ojos y disfruta de la participación del hondureño en sus categorías menores; aunque su mirada esta puesta en el primer equipo. “Tener la oportunidad de entrenar con el primer equipo del Houston Dynamo es la experiencia más bonita que he tenido. A diferencia de Honduras, aquí los jugadores son muy amables, no son agrandados, nadie te mira de menos, aquí te ayudan y hasta zapatos te regalan”, contó.