Amigos imaginarios, ¿es malo?

Contrario a lo que creemos, los niños sí son conscientes de que estos amigos son producto de su imaginación y que en realidad no existen

Los primeros años de vida de un ser humano suelen estar acompañados de una imaginación muy amplia que, en ocasiones, conlleva a inmiscuirse en un mundo ficticio.

Los amigos imaginarios forman parte del desarrollo intelectual y emocional de una persona durante la infancia; sin embargo, es muy común y erróneo pensar que se trata de un trastorno psicológico u otra patología.

La psicóloga y terapeuta infantil, Montserrat Trundle indica que “la fantasía es un componente clave que permite a los niños desarrollar habilidades tanto mentales como emocionales para enfrentar los retos que se presentarán en su adolescencia y edad adulta”.

Asimismo, señala que los amigos imaginarios suelen aparecer en la vida de un niño o niña entre los 3 y 6 años de edad y desaparecer con la llegada de los cambios hormonales y físicos en la preadolescencia (entre los 10 y 12 años).

La experta comenta que no hay condiciones que predisponen a un infante a la creación de estos personajes, eso dependerá mucho en la formación y necesidades que cada pequeño tenga.

A su vez, Trundle explica que ser hijo único o estar rodeado mayormente por adultos no son factores meramente influyentes; por ejemplo, algunos niños tienen amigos imaginarios por la necesidad de ejercer control sobre algo o alguien, otros para huir de sus responsabilidades y también con el fin de refugiarse en casos de abuso o negligencia por parte de los padres.

Los amigos imaginarios pueden ser creados a partir de algún personaje de televisión por el cual el niño se siente atraído, en otros casos se construye esta figura en un peluche u otro juguete; pero también puede ser alguien que nace exclusivamente de su imaginación.

No obstante, hay muchos niños que no expresan que tienen amigos imaginarios, ya sea por vergüenza o por miedo a ser reprimidos, en este sentido es importante que los padres estén atentos a las acciones de sus hijos y observen muy bien sus juegos y conversaciones.

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Aunque se trata de una conducta supernormal, es importante identificar cuándo la situación se está saliendo de control.



Recomendaciones
1. Si tu pequeño sostiene conversaciones consigo mismo y actúa como si obtuviera una respuesta, no te alarmes, es normal.

2. Pídele a tu hijo que dibuje a su familia, si hay alguien nuevo, pregúntale respetuosamente quién es para averiguar el tipo de personaje.

3. Conoce todo lo que tu niño hace y dice en compañía de su amigo imaginario, pregúntale su nombre, de qué hablan, a qué juegan, etc.


Señales de alerta

1. Su hijo se rehúsa a realizar ciertas actividades o a convivir con niños reales porque prefiere quedarse con su amigo imaginario.

2. El niño demuestra conducta de irritabilidad, ansiedad o agresividad en función de alejarse de su amigo ficticio.

3. Considera que tu niño está muy inmerso en la fantasía y le cuesta entender cómo funciona el mundo real. Si has detectado estas conductas, no dudes en acudir a un especialista.

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Hay estudios que apuntan a que los niños que tienen amigos imaginarios suelen ser más creativos.