¿Funcionan, de verdad, Los amores de verano?

Según una aplicación de citas, el 83% de los solteros reconoce estar abierto a un romance de verano.

SAN PEDRO SULA.

La historia de los romances de verano, tal y como nos la han contado, empieza cuando una chica llega a un hotel y se cruza con un chico que pasan allí sus vacaciones.

El resto de vacaciones las pasan juntos. Desayunos en la terraza, días en la playa y atardeceres frente al mar. Así nos lo han contado en películas y novelas. Pero, ¿sabemos de verdad qué pasa cuando terminan las vacaciones? ¿Es posible mantener el sueño de una relación estival?

“Los idilios veraniegos terminan con frecuencia en decepción”, explica la psicóloga María Esclapez, especialista en Sexología y Terapia de Pareja.

“Primero, porque tenemos la idea del ligue de verano unida a esas historias tan bonitas que hemos visto en las películas y creemos que de ahí va a salir algo serio. Segundo, porque la experiencia vivida en un contexto idílico tiene muchas posibilidades de venirse abajo al chocar con la realidad. Y tercero, porque mucha gente aprovecha las vacaciones y el estar en otro lugar para maquillar su vida, lo que conlleva mayor riesgo de engaño. Si unimos estos factores es lógico que muchas veces no cumplan las expectativas”.

Pero, seguimos creyendo en ellos. Así lo certifican las encuestas. Según un estudio realizado por Groopify, una aplicación de citas, el 83% de los solteros reconoce estar abierto a un amor de verano y el 70% afirma haber mantenido un affaire durante sus vacaciones.

Hormonas. Todo esto tiene una explicación científica, más allá del calorcito y la fiesta. En verano se produce una revolución en nuestras hormonas. Existe una menor producción de melatonina, la hormona que actúa sobre el sueño.

Y, además, aumenta la segregación de feromonas, las hormonas encargadas de atraer a los otros y despertar su impulso sexual.

Esa combinación de noches más largas y mayor atractivo facilita el aumento de relaciones durante esta época del año. Pero también existen condicionantes psicológicos que actúan sobre nuestra conducta.

“Con la subida de temperaturas, gozamos de más luz, nos sobra la ropa y sentimos una mejora general del estado de ánimo”, dice Elena Jorquera, psicóloga y terapeuta sexual.

“Cuando vamos de vacaciones, nuestra predisposición es pasarla bien y el vivir el momento.

La intensidad de los amores de verano puede ser un facilitador para que se den más esas situaciones durante esa época. Pero hay que entender que los motivos que nos llevan a iniciar una relación estival no garantizan que la llama se mantenga cuando volvemos a la normalidad. Es por eso que los amores de verano se van como vienen”.