19/04/2024
06:40 AM

“Mi esposa le daba de comer al que la mató”: viudo de pastora

  • 02 abril 2024 /

Ante una multitud muy dolida y apesarada, que todavía no daba crédito a lo sucedido, la pastora Elsy Jackeline Sarmiento fue sepultada ayer en el cementerio de Tocoa

Tocoa, Colón.

“Ella era capaz de entregar su vida y su alma por los demás, se ganó el amor de todos”, susurraba uno de los asistentes al velorio de Elsy Jackeline Sarmiento, la pastora asesinada a machetazos en la aldea de Chacalapa, Trujillo, Colón.

Sarmiento perdió la vida el lunes tras ser atacada por dos drogadictos en su casa, la cual estaba contiguo a la iglesia que pastoreaba. Su victimario también murió, la Policía le disparó al oponer resistencia al momento de su captura. En su huida, los delincuentes tomaron de rehenes a dos niños y uno de ellos resultó herido.

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La sala velatoria de la funeraria Memorial’s Amor Eterno de Tocoa estuvo abarrotada de personas acompañando el cuerpo sin vida de Sarmiento y mostrando solidaridad a sus familiares.

Hubo llanto, dolor y tristeza por la pérdida irreparable de la pastora, que era muy querida y respetada por dadivosa, empática y porque siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás.

Su esposo Wilmer Ávila relató que desde la mañana de ese día del suceso tenían planeado salir temprano para Tocoa, pero la pastora lo envió a traer guineos para llevarle a la familia, echándolos al saco estaba cuando recibió la llamada de la terrible noticia: Moncho, el drogadicto, había matado a Elsy Jackeline.

“No es fácil este momento, quizá si nos hubiéramos ido para Tocoa esto no hubiera pasado, pero ya era el plan de Dios”, se lamenta.

Ávila aclaró que a su esposa de 50 años la mataron por robarle y no por defender a una niña de violación. “Estoy muy triste, ya no vuelvo a ver a mi esposa, era una mujer muy bella, amable, se quitaba la comida de la boca por dársela a los demás. Me han quitado la mitad de mi vida”.

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Irónicamente, Elsy Jackeline cada vez que encontraba a su asesino, quien andaba drogado por la comunidad, lo trataba de evangelizar, quería ganar esa alma para Dios. Recordó que su esposa le daba de comer al que la mató. “Mi esposa le llevaba pescado y le daba de comer, quiso ganar esa alma para Dios; pero el diablo trabajó más, el alcohol y las drogas lo tenían perdido”.

Vilma Sarmiento recordó a su hermana como una gran oradora, buscadora de Dios, que se fue para Chacalapa para cumplir el sueño de ser pastora de iglesia.