También conocido como estaciones de la cruz y vía dolorosa.
Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. La ruta se representa con una serie de imágenes de la Pasión o estaciones correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación.
Las etapas del viacrucis se denominan estaciones y tradicionalmente se cuentan 14, aunque algunos añaden la Resurrección en último lugar.
Jesús es condenado a muerte
Pilatos había declarado repetidas veces que Jesús era inocente, que no encontraba en él nada digno de muerte. A pesar de esto y haciendo traición a su conciencia, lo condenó a la muerte en la cruz, que era la más ignominiosa y cruel. Ha sido esta la más injusta sentencia de cuantas registran los anales de la maldad en todos los siglos.
Reflexión
¿Quién hará caso de los juicios humanos? El hombre es lo que es ante su conciencia y ante Dios: ni es mejor porque lo alaben ni peor porque lo vituperen. No hagamos nunca traición a nuestra conciencia en todas las circunstancias de nuestra vida.
Oración
Oh, Jesús, os pido que por esta injusta sentencia que dictó el mal juez Pilatos no me condenéís cuando me presente a vuestro tribunal, pues reconozco que mis pecados merecen justa sentencia de eterna condenación.
Jesús acepta la cruz
Los soldados le presentan al Salvador el instrumento del suplicio: la cruz. Jesús le da una amorosa mirada, levanta los ojos a su Padre Celestial y se abraza con ella porque por su medio ha determinado salvar al mundo. Seamos agradecidos con su amor.
Reflexión
Este mundo es un verdadero valle de lágrimas. Aceptamos con resignación las cruces que, queramos o no, hemos de llevar en esta vida y con las cuales podemos merecer un premio eterno.
Oración
Oh, Jesús, vienen ahora a mi memoria las palabras que dijisteis: Quien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Quiero seguiros llevando la cruz de las penas y tribulaciones que por vuestra providencia queráis enviarme.
Jesús cae por primera vez
Jesús, extenuado por el ayuno y los maltratos, desangrado a causa de los azotes y la coronación de espinas, cae bajo el peso de la cruz. Insultos y golpes caen al mismo tiempo sobre él. Mira al Rey de la Gloria postrado en tierra por su amor. Mírale y ámale.
Reflexión
Hemos de conocer nuestra debilidad y nuestras flaquezas. Estamos en un mundo lleno de tentaciones, pero recordemos que la tentación no nos hace débiles, sino que demuestra que en realidad lo somos.
Oración
Jesús mío, esta primera caída me recuerda el primer pecado que cometí y que ha sido el primer eslabón de la cadena de pecados cometidos en mi vida. Os pido perdón, especialmente de los que cometí en mi primera infancia.
Jesús encuentra a su santísima madre
Jesús subía al Calvario con la cruz a cuestas. Subía también María. Llegó una ocasión en que se encontraron el hijo y la madre. ¿Qué sintieron uno y otra en sus corazones? Se miraron y aquella mirada avivó más el dolor porque encendió más la llama del mutuo amor.
Reflexión
¿Cuál sería el dolor de la Virgen Madre al ver a su hijo cansado, sudoroso, jadeante, rendido por el peso de tantas injurias y tormentos? Y tú, que esto lees, ¿sufres al ver padecer a alguno de tu familia algún dolor o enfermedad, quizá dolorosa y larga?
Oración
¡Oh, Jesús, el más atormentado de los hijos! ¡Oh, María, la más dolorida y triste de las madres! Dadnos resignación y paciencia en todos los trabajos de esta vida.
El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Temían los judíos que Jesús no llegara al Calvario y que no pudieran tener la satánica satisfacción de verlo clavado en la cruz y obligaron a Simón Cireneo a que, en pos del Salvador, le ayudara a llevar el pesado madero.
Reflexión
El Cireneo ayudó a Jesús, primeramente forzado y de mala gana, pero después voluntariamente y con gusto. Aprendamos a hacer de la necesidad virtud, sufriendo resignadamente las penas que nos sobrevienen contra nuestra voluntad y que Dios permite para más purificarnos y aumentar nuestra gloria en el Cielo. ¿Qué provecho se saca con murmurar de la providencia, de quejarse, de desesperarse? No hacemos con esto sino aumentar el peso de la tribulación.
Oración
Oh, Jesús, quiero ser vuestro Cireneo ayudándoos y sirviéndoos con una fe sinceramente cristiana: sed vos mi Cireneo dándome gracia para sufrir los trabajos y tribulaciones de esta vida.
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
La Verónica ve el rostro de Jesús desfigurado, lleno de polvo, saliva y sangre y, movida a compasión, se lo enjuga amablemente con un lienzo. Jesús le da una mirada de agradecimiento y la premia dejando estampada en aquel paño la sagrada imagen de su lastimado rostro.
Reflexión
Jesús quiere que pensemos en su Pasión, en lo que ha hecho para redimirnos y abrirnos las puertas del cielo. Preguntémonos con frecuencia: ¿Qué ha hecho Jesús por mi? ¿Qué hago yo por Jesús? Y quizá se pinte en nuestras mejillas un saludable sonrojo al ver lo poco o nada que hacemos por Jesús.
Oración
Haced, Jesús mío, que piense en lo que habéis padecido por mí, a fin de que me anime a trabajar por vos, que es trabajar por la salvación eterna de mi alma.
Jesús cae por segunda vez en tierra
Jesús cae por segunda vez. Nadie lo compadece. Todos lo injurian y maltratan sin piedad. Su fatiga y debilidad eran tan grandes que el auxilio que le prestara el Cireneo no puede evitar que cayese de nuevo bajo el peso de la cruz.
Reflexión
Con su segunda caída quiere Jesús pagar nuestras caídas en el pecado, sobre todo los cometidos en la juventud. ¿Cuántos has cometido? ¿Has hecho de ellos la debida penitencia? ¿Correspondes a los auxilios de la gracia que Dios generosamente te ofrece?
Oración
Reconozco, Jesús mío, que he sido un gran pecador. Por los méritos de vuestra segunda caída espero que me perdonaréis los extravíos de mis años juveniles y os digo con sinceridad que los aborrezco, me arrepiento de ellos y propongo firmemente no más pecar.
Jesús consuela a las mujeres que lloraban
Jesús, como olvidándose de sus propios tormentos y dolores, consuela a unas piadosas mujeres que lloran compasivas al contemplarlo en tanta angustia y aflicción. Corazón de fiera sería necesario tener para no compadecer los tormentos de un inocente que no había hecho más que bien a todo el pueblo.
Reflexión
Hay lágrimas malas, que son las derramadas cuando no se ha podido conseguir un objeto prohibido. Lágrimas naturales, cuando lloramos la pérdida de un ser querido. Lágrimas buenas, provechosas y sobrenaturales, cuando lloramos nuestros pecados, que son la causa de la pasión y muerte de Jesús.
Oración
Oh, Jesús, me espantan las palabras que dijisteis en esta ocasión; porque si vos, que sois como árbol verde que dais frutos de buenas obras, sois tratado así por los pecados ajenos, ¿qué podemos esperar nosotros, pobres pecadores? Perdón, Señor.
Jesús cae por tercera vez en tierra
A pocos pasos de la cima del Calvario, Jesús cae nuevamente en tierra. Su cuerpo está sumamente debilitado y su alma siente angustia de muerte. Los verdugos no se mueven a compasión y una lluvia de golpes y de insultos caen sobre el Divino Paciente. Compadezcamos a Jesús y amémosle.
Reflexión
¡Tus caídas en el pecado! ¿Cuántas han sido? Una dos, tres, muchas. Ni tú mismo sabes cuántas veces has ofendido a Dios. Pero Dios las sabe todas, una por una. ¿No es hora de resolverte animosa y decididamente a no pecar más? Di con San Agustín: ¿Por qué mañana y no hoy y no ahora mismo? Así lo hizo él y así debes hacerlo tú.
Oración
Deploro, Jesús mío, mis innumerables caídas en el pecado y por el dolor de vuestra tercera caída perdonadme mis pecados actuales porque estoy resuelto, cueste lo que costare, a enmendar mi vida y cumplir vuestros santos mandamientos.
Jesús es despojado de sus vestiduras
Llegado Jesús a la cima del monte, le arrancan las vestiduras, pegadas ya a la carne a causa de las heridas sufridas en sus caídas y, sobre todo, en la flagelación. Le presentan, como era costumbre, vino generoso para adormecer su sensibilidad; pero se lo dieron mezclado con amarga hiel. Jesús lo probó, pero no quiso beberlo porque quería padecer más por nuestro amor.
Reflexión
Así paga Jesús nuestras sensualidades; así satisface por aquellos que le dan vino mezclado con hiel, es decir, que quieren conciliar el bien con el mal, a Dios con el demonio, ser buen católico con un perfecto seguidor de las máximas mundanas, tan condenadas por el mismo Jesús.
Oración
Jesús amorosísimo, siento en el alma haberme despojado tantas veces de la celestial vestidura de vuestra gracia y de no haberos servido como merecéis y yo necesito para salvarme. Confío en vos que me perdonaréis.
Jesús es clavado en la cruz
Jesús está pronto para el sacrificio. El altar es la cruz; se extiende esta en el suelo y se le manda tenderse sobre ella. Jesús obedece. Más ganas tiene él de ofrecerse en sacrificio por nuestra redención de la que sienten los verdugos de saciar su diabólica rabia contra la divina víctima. María está allí presente y los martillazos que se descargan sobre Jesús resuenan con eco terrible en el corazón de la madre.
Reflexión
Hoy el mundo se ha convertido en un verdadero calvario y se crucifica de nuevo a Jesús con la impiedad, el sensualismo, el desprecio de las divinas leyes. ¿He sido yo verdugo de Jesús con mis pecados? ¿No he hecho alguna vez coro con los esclavos del respeto humano o con los que hablan mal de la religión?
Oración
Oh, Jesús, con gruesos clavos son taladradas vuestras manos y vuestros pies. Así pagáis mis malas acciones y mis malos pasos. Perdonadme, Señor.
Jesús muere en la Cruz
Jesús está clavado en la cruz, padeciendo dolores inimaginables. Habla, pero es solo para perdonar a sus verdugos, para abrir el Cielo a uno de los ladrones, para darnos a su madre por madre nuestra, para manifestarnos la inmensidad de sus dolores, para entregar su espíritu en manos de su Eterno Padre. Muere y su muerte nos abre las puertas de la eterna vida.
Reflexión
Dos hombres mueren a ambos lados de Jesús. Uno de ellos sube de la cruz al Cielo, mientras el otro se precipita de la cruz al infierno. Uno se aprovecha de la gracia de Dios y el otro la desprecia. ¡Ay, cuántos aún en la hora de la muerte rechazan la gracia de Dios que se les ofrece por medio de los santos sacramentos!
Oración
Jesús mío, por vuestra muerte y por las oraciones de vuestra madre y también madre mía, os pido que me alcancéis una buena y santa muerte con todos los sacramentos, que sean el pasaporte que me franquee la entrada en la patria feliz del Cielo.
Jesús es bajado de la cruz
María recibe el cuerpo de Jesús; tiene en las manos los clavos de la crucifixión, va quitando, una por una, las espinas de la cabeza. ¡Qué diferente lo ve de cuando le recibió en Belén! Lo abraza, lo besa, lo aprieta contra su corazón, contempla sus llagas. ¿Quién será capaz de explicar, no de comprender, la angustia, el dolor que, cual terrible espada, atravesaría el corazón de aquella madre?
Reflexión
Tú, que esto lees, ¿te puedes considerar inocente de no haber con tus pecados ocasionado una herida en el sagrado cuerpo de Jesús y de no haber clavado una espina en el corazón de la divina madre? Con el silencio de la muerte, que es más eficaz que todas las palabras, Jesús te dice: Por ti, por ti he padecido tantos oprobios y una muerte dolorosa y afrentosa.
Oración
Tenéis razón, Jesús mío, han sido mis pecados la causa de vuestra muerte. ¿Por qué he de continuar ofendiéndoos?
Jesús es colocado en el sepulcro
Iba declinando el día y era preciso dar sepultura al cuerpo de Jesús antes de la puesta del sol porque en aquella hora empezaba la fiesta de Pascua. Es enterrado en lúgubre y piadoso cortejo. María, con el corazón transido de dolor, pero serena y resignada a la voluntad de Dios, asiste a la sepultura del amado hijo.
Reflexión
Con frecuencia la muerte visita a todas las familias. Sabe muy bien el domicilio de todas y el día y la hora en que debe hacer la terrible e inevitable visita. Sepamos resignarnos como buenos cristianos. Para el que cree en Dios y cumple sus mandamientos, la muerte es la llave de oro que abre las puertas del Cielo.
Oración
Oh, Madre, llena de aflicción, os pido que me asistáis en vida, pero particularmente en la hora de muerte, de la cual depende mi eternidad. En vos confío y confiaré siempre.
Jesús ha resucitado
Las etapas del Vía Crucis se denominan estaciones y tradicionalmente se cuentan 14, aunque algunos añaden la Resurrección en último lugar. Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.
En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?
Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.
“Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24,5-6).