San Pedro Sula, Honduras.
Deja de lado el andador que lo moviliza a todas partes, se sienta, y mientras cuenta emocionado que de grande quiere ser portero y ministro de Dios, acomoda con sus manos la pierna derecha en la cual trae todo el tiempo un aparato de hierro, luego hace lo mismo con su miembro izquierdo. Es Orbin Daniel Morales de 10 años, todo un ejemplo de perseverancia.
Nació con hidrocefalia y espina bífida, sin poder ver y escuchar, los médicos le dieron seis meses de vida por su condición crítica.
“Llevábamos un año de casados y era nuestro primer hijo, estábamos emocionados, pero al octavo mes mi ginecólogo me mandó a hacer unos exámenes, fue ahí que nos dimos cuenta que el niño tenía hidrocefalia y espina bífida”, dijo conmovida por los recuerdos Yolanda López, madre del pequeño Daniel.
Tan solo dos días después de haber nacido, fue intervenido por primera vez para corregirle el problema de la espalda. A los tres meses fue operado nuevamente para colocarle una válvula en la cabeza y evitar que la hidrocefalia se la deformara.
“Después de la operación la neonatóloga lo evaluó y nos dijo que él no podía ver, oír ni hablar. Tampoco tenía sensibilidad ni movimiento en las piernas. Le dio seis meses de vida, esas palabras nos destrozaron. Yo le pedí a Dios que salvara a mi hijo. Llegó también el pastor Roy Santos a orar, y gracias a Dios a los cuatro meses sin que los médicos pudieran explicar cómo, Daniel comenzó a seguir con la mirada a su papá”, recordó.
Un suspiró regresó a Yolanda del viaje de los recuerdos. Era el alivio de saber que su hijo sigue mejorando, pese a todos los pronósticos.
Una fe infinita
Los ojos azules de Daniel se iluminan de forma especial al preguntarle por su relación con Dios.
Con seriedad y convicción responde: “Me gusta orar porque es mi momento a solas con el Señor. Ahí él me da las respuestas a todas mis preguntas y me enseña el camino a seguir”.
Este pequeño orador, pertenece al grupo Niños a Una Voz, del Ministerio Manantial de la Mies, que cada año realiza una jornada de oración para pedir por los problemas de Honduras y de su pueblo.
Además forma parte del grupo de coreografía de esa congregación.
“A veces hay pasos que son muy difíciles porque mi pierna derecha se pone dura, pero me esfuerzo mucho hasta que logró perfeccionarlos”, dijo el menor.
Daniel es muy extrovertido y maduro, para él no existe ningún impedimento: juega fútbol con sus hermanas y sus amigos, sin problema alguno. Su fe es más grande que su enfermedad.
“Dios me dice que no me preocupe, que yo podré caminar. Soy feliz, jamás estaría triste porque creo en la promesa del Señore_SDRq, exclamó con alegría y una esperanza infinita.
Tiene muchos sueños, y se esfuerza por cumplirlos, pese a su corta edad habla perfectamente el inglés y está aprendiendo francés, pese a que los médicos dijeron que tendría un retardo.
“Quiero ser ministro de Dios, jugador de fútbol y doctor en farmacia”, dijo entre risas.