“Dios nos llama a servir”: fe, sacrificio y reflexión en el inicio del Viernes Santo en San Pedro Sula
Bajo el mensaje “Dios nos llama a servir”, la jornada inició con la lectura de la primera estación, un momento cargado de solemnidad, mientras los asistentes, con rostros serenos y miradas profundas, escucharon con atención cada palabra
- Actualizado: 03 de abril de 2026 a las 07:00 -
En medio del silencio de la madrugada y con una fe en las calles, fieles de la Iglesia Católica se congregaron desde antes de las 6:00 de la mañana frente a la Catedral de San Pedro Apóstol para participar en el tradicional viacrucis de Viernes Santo, que partió en la tercera avenida.
Bajo el mensaje “Dios nos llama a servir”, la jornada inició con la lectura de la primera estación, un momento cargado de solemnidad, mientras los asistentes, con rostros serenos y miradas profundas, escucharon con atención cada palabra.
El viacrucis, una de las manifestaciones más significativas de la Semana Santa, no solo representa el camino de sufrimiento de Cristo hacia la cruz, sino que también se convierte en un espacio de reflexión colectiva sobre las realidades actuales. Durante el inicio del recorrido, los fieles elevaron cánticos.
En una plataforma cargada de simbolismo, se transporta la imagen de Jesucristo junto a la cruz, una representación que conmueve a quienes acompañaron el recorrido, inicialmente en la primera calle.
Algunos caminaron en silencio, otros rezaron, mientras muchos más no pudieron ocultar la emoción que les provoca revivir el sacrificio de Cristo.
El ambiente, aunque solemne, también muestra unidad. Familias, jóvenes y adultos mayores se sumaron a la actividad, demostrando que la fe sigue siendo un pilar importante en la vida de muchos hondureños.
En este Viernes Santo, la Iglesia católica invita a sus fieles no solo a recordar la pasión y muerte de Jesucristo, sino también a practicar el servicio al prójimo.
El llamado es, más allá de las tradiciones, a tener fe y a traducirla en acciones concretas de amor, solidaridad y justicia.
La segunda estación del viacrucis avanzó entre reflexión profunda, en la primera calle. Mientras se leía una nueva lectura alusiva a Jesucristo, el llamado era asumir una vida nueva, basada en la confianza, el amor y la fidelidad a sus enseñanzas.
El momento cobró fuerza con representaciones que trasladaban ese sufrimiento al contexto actual. Sobre plataformas, niños y jóvenes sostuvieron rótulos con mensajes alusivos a problemáticas sociales contemporáneas, como soledad infantil, indiferencia de los buenos, apariencia y egoísmo.
Las miradas se detuvieron en estos mensajes, generando un ambiente de introspección. En otra plataforma, un joven dramatizaba el papel de Jesucristo, mientras otros representaban a quienes lo castigaron.
La tercera estación del viacrucis, con la primera caída de Jesucristo, se vivió con espiritualidad y un profundo sentido de reflexión entre los fieles que acompañaban el recorrido.
Mientras continuaban los cánticos y las lecturas litúrgicas, se representaba a Jesús cayendo bajo el peso de la cruz, rodeado por quienes lo castigaban. A través de la dramatización se observaba cómo se recreaba uno de los momentos más dolorosos del camino hacia la crucifixión.
Niños de la comunidad de la Inmaculada Concepción realizaron una representación sobre la ayuda al prójimo, llevando un mensaje claro de solidaridad y empatía. A través de su participación, recordaron que el verdadero sentido de la fe no se limita al rito, sino que se manifiesta en acciones concretas hacia los demás.
La intervención de los menores aportó un matiz esperanzador a la estación, contrastando el dolor de la caída con el compromiso de levantarse y servir.