Volver de México: deudas, miedos y los sueños rotos
Los 158 hondureños que llegaron deportados desde México este jueves volvieron con las manos vacías, tristes y sin saber qué hacer. Algunos fueron secuestrados por bandas criminales, otros supieron lo que es el agotamiento de tanto caminar, aguantaron hambre y frío y ahora solo sueñan con empezar otra vez.
- Actualizado: 31 de enero de 2025 a las 00:00 -
Un vuelo procedente de México trajo este jueves 30 de enero a 158 hondureños migrantes detenidos en varios puntos del territorio azteca. Un buen grupo abordó la aeronave en el norteño estado de Tamaulipas, y otros en la capital.
Al menos 10 mujeres entre un enorme grupo de hombres llegó también en el vuelo. La mayoría son mujeres entre los 20 y 30 años que empezaban a recorrer el país mexicano. Varias de ellas decidió no continuar el viaje y decidieron entregarse. Según contaron, la ruta es mucho más peligrosa y en ocasiones sus vidas peligraron.
Antes de poder abordar el autobús que los lleva a la Central Metropolitana de Buses, los migrantes deben esperar que todos los que llegan pasen el proceso de registro. El procedimiento puede llegar a tardar hasta dos horas en grupos numerosos como el de ayer.
La mayoría de los hombres eran jóvenes entre 18 y 45 años, algunos incluso eran adultos mayores. Los entrevistados coincidieron en que se fueron porque no tenían empleo y las necesidades en sus hogares no paraban. Entre sus habilidades, dijeron, está el trabajo en el campo, la construcción y otros oficios.
Entre los más jóvenes expresaron que de inmediato volveríam a emigrar. Algunos traían dinero mexicano y lo pudieron cambiar entre los cambistas que ofrecen ese servicios a las afueras del Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR).
El autobús hizo dos viajes con los hondureños deportados. El primer viaje iba con las 27 unidades familiares integradas por madres y padres de familia con sus hijos. Muchos de ellos, niños pequeños que cargaban en brazos.
Las unidades familiares son las primeras en ser atendidas por el personal del CAMR y Migración, ya que traen niños pequeños. Ellos, antes de volver a sus hogares o ser llevados a la terminal de buses sampedrana, pasan por un centro Belén de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf), ya que allí se quedan los menores que viajan sin compañía, la mayoría de ellos, adolescentes.
Debido a la situación en la que llegan, muchos presentan cuadros vulnerables en el plano emocional y psicológico. Al llegar al Centro de Atención al Migrante Retornado hay psicólogos que los orientan y les animan a no perder la fe en ellos.
Varios de los hondureños que accedieron a hablar con la prensa sampedrana dijeron haber estado varios meses en centros de detención. Otros decidieron entregarse a Migración porque se quedaron sin dinero o fueron asaltados.
De acuerdo al Instituto Nacional de Migración (INM), entre el 1 hasta el 23 de enero de 2025, retornaron deportados al país un total de 3,285 hondureños. De ellos, 2,522 que fueron regresados de Guatemala, 85 de México, 603 de Estados Unidos y el resto de otros países del mundo.
Al salir del CAMR, los hondureños reciben cordones para sus zapatos. Desde que salen de México y abordan el avión se los quitan por seguridad. A todos les dan un kit básico de higiene personal. A las afueras del centro hay personas que venden ropa, cargadores de celular, porque la mayoría no tuvieron acceso a ello.
La necesidad de ponerse en contacto con sus familias es apremiantes. El CAMR les provee wifi gratuito para los que traen celular. Otros dejan a un lado la pena y consiguen quien les regale una llamada. Debido a que traen poco dinero, es lo primero que piden a sus seres queridos. Avisan que está bien y emprenden el regreso.
Los deportados que no son de San Pedro Sula piden guía y orientación. El transporte del CAMR los deja en la terminal de buses que tiene rutas a todos los rincones del país, pero algunos van tan lejos como a La Mosquitia en el departamento de Gracias a Dios. A ellos les toca pedir el auxilio de sus familias.
El personal de Migración y la Cancillería hace un trabajo digno, ya que tratan con diligencia y respeto a los hondureños que vuelven al país. Muchos se van muy agradecidos con ellos por el buen trato que reciben. Antes de partir se forman en una fila para abordar el autobús.